|
|
|
(Obtenido de Pedrocchi, C., 1988. Las aves. En: Pedrocchi, C. (coor.): Ecología de Los Monegros. La paciencia como estrategia de supervivencia. Ed. I.E.A./Centro de Desarrollo de Los Monegros. Huesca)
No es fácil científicamente justificar un capitulo de aves, ante otro reuniendo al resto de vertebrados, pero tampoco seria correcto unir en el mismo capitulo un abrumador subcapítulo, a su vez dividido, junto a un pequeño resto, con aspecto de mera anécdota. La cuestión es que las aves de Monegros son muchas, tienen un cierto interés biogeográfico y, siendo el único grupo animal que cualquier aficionado puede llegar a aprender con poco esfuerzo, tienen un valor pedagógico indiscutible. Además, son fáciles de observar, tienen, algunas, belleza y majestuosidad suficiente como para compartir campos heráldicos con leones rampantes y otras fieras, en definitiva pueden llegar a tener carisma suficiente como para ser el emblema de una región. A Los Monegros no les falta su emblema, indudablemente lo es la grande y majestuosa avutarda, aunque la insignificante y africana alondra de Dupont, podría representar con mayor fidelidad algunos aspectos monegrinos. A pesar que difícilmente, por mucho que nuestro texto sea recurrente sobre el mismo tema, podamos alcanzar una conclusión irrebatible, no podemos resistir la tentación de escribir, como hemos hecho en otros capítulos, una breve especulación sobre el origen del poblamiento ornítico monegrino, así como otro sobre las soluciones que ese grupo animal encuentra ante la escasez de agua.
Especulaciones sobre el origen y evolución del poblamiento ornítico monegrino.Mientras se mantuvo abierta la cuenca de sedimentación que se estructuró entre los escudos eurasiáticos y el Gondwana, los restos fósiles que hallamos en ese profundo sumidero de detritos, que luego, tras consolidarse, vendrán a dar en los estratos fosilíferos de centenares de metros de potencia que forman algunos de los mas altos picos pirenaicos, nos indican un clima tropical, que se mantuvo durante la era secundaria, mientras se terminaban de formar los Pirineos y hasta bien entrada la era terciaria. Las orillas del mar, durante las transgresiones, se suponen pobladas de una rica flora y fauna tropical, que tras la formación de los relieves pirenaicos, ya se habría ido diferenciando en unos primeros pisos de vegetación, con planifolios en las altitudes medias y coníferas en las alturas. La existencia de una flora herbácea alpinoide por encima de los pisos forestales, podría desecharse, dado que las temperaturas no serian lo suficientemente bajas como para impedir el desarrollo arbóreo en las mas altas cotas. Pero lo que indudablemente cambió, tras la formación de las cordilleras alpinas que enmarcan la depresión del Ebro, fue el régimen de precipitaciones. Fuera cual fuese la temperatura del lugar, la sombra pluviométrica que convierte en árida la depresión nació junto con las montañas y perdura hasta nuestros días. Sin embargo la aridez , siendo una constante, ha variado a lo largo de los tiempos, sobre todo en el sentido de haber sido mucho mas intensa en alguno de los pasados episodios geológicos. Posiblemente uno de esos periodos, que llevaría a Los Monegros al extremo de ser un desierto cálido, pudo ser durante el Mioceno, la crisis Mesiniense, durante la que, se según se cree, se seco en su practica totalidad el Mediterráneo, poniéndose en contacto flora y fauna asiática con la del occidente de la cuenca y por lo tanto intercambiando taxones que pueden ser los que en la actualidad forman las llamativas disyunciones que describimos. Otro notable incremento de la aridez en el Planeta, fue durante cada una de las glaciaciones cuaternarias, acercándose Los Monegros a lo que se podría llamar un desierto frío. Muchas especies animales y vegetales norteñas se desplazaron hacia el sur, mientras que las autóctonas, todavía de carácter tropical, se desplazaban a su vez o se adaptaban a soportar el frío. Terminada, hace no mas de 10.000 años , la ultima glaciación, se reestructura flora y fauna en relación a las nuevas condiciones, hasta que cambios culturales profundos, sobre todo la ganadería y la mecanización del campo, hace medio siglo, han dado los últimos retoques al legado natural que actualmente tenemos. Si comparamos esta distribución con la de del Pirineo Centro occidental, se observa una ligera tendencia hacia la mediterraneización del conjunto, en detrimento de las especies paleárticas y eurasiáticas en general. Sin embargo en el caso de las aves y gracias a su facilidad de desplazamiento, esas diferencias no son muy significativas, pues si bien cabe alguna duda sobre la densidad de cobertura vegetal en Los Monegros, no hay duda de que la Depresión Media pirenaica, fue un denso bosque, que en la actualidad presenta la mayor riqueza especifica de aves esteparias y de procedencia meridional, de indudable colonización reciente. Hasta tiempos relativamente próximos, el hombre ha favorecido a las especies esteparias, pues ya sea en su versión ganadera, como en la de agricultor, en las latitudes mediterráneas siempre se han conseguido tierras para ambas vocaciones mediante el fuego. En la actualidad el tractor ha deshecho todos aquellos suelos que se pueden roturar, sean o no productivos, pero también se están extinguiendo las especies esteparias mas estrictas, mientras otras, en ocasiones foráneas, se ven favorecidas y se convierten en invasoras. Ello es debido a la moderna agricultura que, para ser rentable, precisa de grandes superficies de monocultivo intensivo, apoyado en la utilización de pesticidas y abonos sintéticos. Así se ha terminado la cultura que compaginaba agricultura de verano con ganadería de invierno y cultivos de año (o varios años) y vez, en la que se dejaban los barbechos, durante uno o varios años , para aprovechamiento ganadero. En la actualidad se cultiva cada año, y de no ser así, tampoco se dejan prosperar los ricios y las plantas adventicias, sino que se labran constantemente para romper su ciclo y evitar competencia con el cereal. Al romper el ciclo de las plantas también se rompe el de muchas especies esteparias, que únicamente prosperan en las, ya casi inexistentes, estepas que quedan sin cultivar. Puede suponerse, por lo tanto, que sobre una base de aves forestales y de estepa arbolada (o de borde forestal), de amplia distribución eurasiática y mediterránea, que colonizarían Los Monegros antes de la deforestación, las actividades agropecuarias favorecieron la expansión de numerosas especies esteparias de origen paleártico (s.l.). En la actualidad, las especies esteparias también estarían en regresión, siendo sustituidas por especies triviales con cierta antropofilia.
Un estudio relacionando las poblaciones de aves y los distintos estados del sabinar.La evolución del paisaje monegrino en los últimos decenios, ha tendido a su homogeneización. Las modernas técnicas agrícolas, apoyadas por maquinaria de gran potencia, han incrementado muy considerablemente la superficie roturada, en detrimento de los pastizales y los bosques Escasos son los sabinares que actualmente colonizan Los Monegros oscenses y en su mayor parte son retazos alternados con cultivos. El presente estudio analiza la evolución de las poblaciones orníticas reproductoras en medios con distinta densidad de arboles, desde un pinar-sabinar poco alterado, hasta los cultivos puros de cereal, en los que se han talado todos los arboles, quedando únicamente matorrales colonizando las espuendas.
Material y métodos.Se ha utilizado el método de cuadriculas para obtener las densidades de las aves. El método es adecuado para censar aves territoriales y consiste en situar sobre un plano a escala, en el que el observador siempre puede estar perfectamente ubicado, la situación de todas aquellas demostraciones que signifiquen la existencia o defensa de un territorio. Así, una vez elaborado el plano, el observador lo recorre varias veces, anotando en el todos los contactos que tiene con las aves y la categoría del contacto. Por ejemplo, la localización de un nido, es indicio definitivo para la situación sobre el plano de una pareja nidificante, pero también la localización de machos cantando varias veces y en ocasiones enfrentados, determinan los limites de los territorios al tiempo que los destacan sobre el plano en general como nubes de puntos. Cabe sin embargo destacar, que este sistema de muestreo, ante otros, como los taxiados, presenta la ventaja de permitir conocer el error con el que se trabaja. Esa mayor fidelidad de los datos, tiene como contrapartida, un ligero incremento del esfuerzo (tiempo) necesario en la realización del censo. El test de Rendimiento (R), ha sido calculado para los distintos medios estudiados ( Rendimiento Global ó Rendimiento del Medio), sin entrar en el detalle de los rendimientos específicos Para que el calculo del rendimiento fuera consecuente, se ha procurado estandarizar la toma de datos: tiempo atmosférico óptimo, primeras horas de la mañana, hasta el comienzo del calor y siempre el mismo observador. Así, los resultados son, principalmente, solo distintos en relación al medio estudiado. Cuanto mas complejo es el medio (cobertura vegetal, estratos de vegetación, etc), menor es R para una misma especie y por lo tanto para R global. Unicamente hemos calculado R global para las tres parcelas de mayor complejidad: Mas del Moro R=46,8% Sabinar de Lanaja R=55,6% Sabinar de Pallaruelo R=59,1% Debido a las características del estudio, que necesariamente debía hacerse en un plazo de tiempo breve, únicamente pudieron hacerse cinco visitas por parcela entre el 10 de mayo y el 25 de junio de 1995. En el peor de los casos, en el que el rendimiento es mas bajo (Mas del Moro), el 95,7% de las parejas de aves nidificantes fueron censadas, algo mas en el resto de los casos. Las parcelas seleccionadas fueron cartografiadas a partir de restituciones de fotografía aérea. La sencillez del medio estudiado así lo permite y desde luego significa un ahorro de tiempo y esfuerzo notable. Las parcelas son: 1) Mas del Moro: Restos de un antiguo sabinar de sabina albar(Juniperus thurifera) con pino carrasco, que cubría la cabecera del barranco del Sisallar, en el termino municipal de Peñalba, a una altitud de 460 m s.n.m., coordenadas U.T.M. 30T YL 4610. El sabinar toma el nombre del Mas del Moro, conjunto de edificaciones de una explotación agropecuaria, que ya ha dejado de ser residencia permanente. En la actualidad el bosque tiene una superficie de 132,5 Ha, de las que han sido censadas 45,2 Ha. El bosque, como todos los de Los Monegros, ha sido intensamente explotado, estando constituido por arboles jóvenes en su mayoría (50-60 años máximo),con numerosos pies (mas de tres mil en la zona censada) y abundante regeneración. Es subhorizontal, formando una ligera vaguada, de fondo algo mas fresco, pastado, donde algunas matas de Scirpus holoschoenus indican una cierta humedad, mientras que las laderas, muy secas tienen sotobosque denso de coscoja (Quercus coccifera) . 2) Sabinar de Lanaja: Se sitúa en la provincia de Huesca, termino municipal de Lanaja, lindando con la carretera sin asfaltar que une Castejón de Monegros con Lanaja, en la cuadricula U.T.M. 30T YL 2115 y a 650 m s.n.m.. Como la anterior parcela, es cabecera de una vaguada y por lo tanto subhorizontal. Está labrada en bancales, separados entre si por espuendas donde crecen restos del sabinar. Esos bancales siguen las curvas de nivel, de modo que rodean las leves cimas del relieve, donde aflora la roca madre de modo que normalmente son zonas sin labrar, debido a su falta de productividad. En esas zonas crece un matorral compuesto por jóvenes sabinas fruticosas, y matorral de coscoja (Quercus coccifera) y romero (Rosmarinus officinalis). El paisaje queda formado, por lo tanto, por tres unidades, que son las superficies labradas, las espuendas longilíneas con sabinas y pequeñas áreas de matorral. En este medio se han censado 15, 3 Ha de las que el 65,75 % es de suelo labrado, conteniendo las espuendas un total de 104 sabinas de porte arbóreo. 3) Sabinar de Pallaruelo: Se sitúa en la provincia de Huesca, termino municipal de Pallaruelo de Monegros, en las coordenadas U.T.M. 30T YL 3215 y a una altitud de 500 m s.n.m.. Se trata de una superficie subhorizontal, abancalada, con espuendas de piedra tallada en las que crecen cejas de matorral (Atriplex halimus) y sabinas que ayudan a mantener en pie las espuendas. En esta parcela se han censado 13,9 Ha en las que crecen 163 sabinas. Las cejas, muy longilíneas, suponen únicamente una superficie de 0,96 Ha, siendo el resto bancales labrados. 4) Cultivo con sabinas en Castejón de Monegros: Conjunto de bancales, separados por espuendas apoyadas en buenos sillares de piedra, constituyendo un conjunto subhorizontal. Se halla en la provincia de Huesca, termino municipal de Castejón de Monegros, coordenadas U.T.M. 30T YL 3213, a 500 m s.n.m.. Se han censado 10,52 Ha de superficie, en las que se cuentan, dispersas en las espuendas, 58 sabinas. El resto de vegetación natural, se compone principalmente de matorral de Atriplex halimus. 5) Cultivo A en Castejón de Monegros: Conjunto de bancales separados por espuendas de sillares de piedra con arbustos de Atriplex halimus. Sin arbolado, pero con un breve relieve sin labrar, cubierto de matorral de aliagas (Genista scorpius) y romeros (Rosmarinus officinalis) . Se sitúa en la provincia de Huesca, termino municipal de Castejón de Monegros, en las coordenadas U.T.M. 30T YL 3212 a 500 m s.n.m.. Se han censado 24,8 Ha. 6) Cultivo B en Castellón de Monegros: Cultivo uniforme, subhorizontal, con breves espuendas de piedra y matorral de Atriplex sp. Se halla en la provincia de Huesca, termino municipal de Castellón de Monegros, en las coordenadas U.T.M.30T YL 3111, a una altitud de 500 m s.n.m.. Han sido censadas 26, 3 Ha.
15.2.2.Resultados.Los resultados de los censos expresados como número de parejas en 10 Ha, son los siguientes.
De la tabla se han excluido dos parcelas, la 5 (Cultivo A en Castejón de Monegros) y la 6 (Cultivo B en Castejón de Monegros). En una de ellas (A) se censó únicamente una pareja de cogujada común (Galerida cristata), nidificante no en el mismo cultivo, sino en una pequeña zona sin labrar, en la otra nada.
Discusión.Podemos alcanzar dos tipos de conclusiones, las primeras respecto al efecto del aclarado del bosque de sabinas y su sustitución por cultivos de secano, motivo de este estudio; las segundas en comparación con otros sabinares, a partir de bibliografía consultada. En el primer grupo destaca la elevada diversidad del bosque, a pesar de su falta de madurez (en el sentido de la escasa edad del arbolado), que supera a la de las comunidades de aves de los pinares bien estructurados del Pirineo, ante una densidad francamente baja. El numero de especies es también elevado. Al roturarse el bosque, en las primeras etapas, la densidad no disminuye sino que aumenta También aumenta el numero de especies y la diversidad. Alguna especie forestal desaparece, como Luscinia megarhyncha, permitiendo la entrada de otras que podríamos llamar de dehesa o de estepa arbolada o incluso de zonas deforestadas, tal como Lanius senator, Oenanthe oenanthe, Galerida cristata y Galerida theklae. Según estos datos, el bosque presenta rasgos de ecosistema menos maduro que las primeras etapas de roturado. No cabe la menor duda que es así, dada la juventud del bosque , que lo convierte en un medio poco heterogéneo, similar a una repoblación. Por el contrario, en las primeras fases de aclarado del bosque, se incrementa la heterogeneidad, simulando la existencia de una ecotonía. Desgraciadamente, en Los Monegros no existen bosques maduros con arboles centenarios. Por el contrario, el exceso de explotación del bosque, convierte a este en una estructura forestal siempre joven. Por lo tanto es imposible recuperar esos datos de densidad y diversidad de los sabinares maduros. Cuando el bosque está muy roturado y se respeta un numero pequeño de arboles, tanto el numero de especies, como la densidad y la diversidad, descienden hasta valores mínimos. El roturado total, dejando únicamente espuendas con vegetación monoespecífica (en general Atriplex halimus.), puede darse como totalmente estéril. En el segundo grupo de conclusiones, lo primero que detectamos es la escasez de datos, cuantitativos o no, sobre las aves del los sabinares. Un único estudio (PERIS,S., SUAREZ, F., y TELLERIA, J.L., 1975), nos ofrece datos para ser comparados. En su estudio, encontramos las siguientes densidades
Unicamente cinco de las dieciséis especies que aparecen en Los Monegros, son comunes, mientras que las densidades son netamente mas elevadas, y mas bajas las diversidades. Si bien diríase que las ornitocenosis son distintas, coincide el incremento de densidad en el sabinar aclarado. Parece que el sabinar es un sustrato arbóreo capaz de albergar distintas ornitocenosis en relación a otras características del medio, tal como la altitud, el clima, etc.. Algo similar ocurre con las comunidades vegetales, que tienen a esos arboles, en múltiples ocasiones, como especies acompañantes.
Las poblaciones de rapaces del extremo oriental de Los Monegros.En 1989, Ignacio Duro Oncins y Jesús Lavedán Rodríguez, hicieron y me remitieron un estudio sobre las aves rapaces del Bajo Cinca. Al mismo tiempo, José Damián Moreno Rodríguez, censó las rapaces del resto del Bajo Cinca. Sumados ambos trabajos, reúnen una magnifica información sobre las poblaciones de aves rapaces. Los ocho años transcurridos desde la fecha, no han influido de modo significativo en los resultados, de tal manera que la situación actual puede decirse que es igual a la de entonces.
Area de estudio.Uno de los estudios se refiere a una superficie de 600 Km2, parte de los cuales (los mas septentrionales) no son monegrinos. Incluyen una población industrial (Monzón) y 19 núcleos rurales (Castejón del Puente, Almunia de San Juan, Selgua, Conchel, Pomar, Pueyo, Alfantega, Binaced, Estiche, Berbegal, Ilche Morilla, La Masadera, Monesma, Lagunarrota, Peralta de Alcofea, Lastanosa, Sariñena y el Tormillo). En esa superficie, los autores distinguen cuatro sistemas agrícolas distintos: el secano (S), la huerta (H), el regadío de hace cien años (R-100) y el regadío de hace 20 años (R-20). El segundo estudio abarca una superficie de 300 Km2, todos ellos monegrinos que reúnen el territorio comprendido entre el Cinca y el Ebro, desde Zaidin, hasta Candasnos. En este segundo muestreo, el autor distingue dos sistemas distintos, el que denomina Hábitat 1 (H1), compuesto de llanuras cerealistas, con 14800 Ha de superficie y el Hábitat 2 (H2), con relieve algo abrupto, cubierto de bosques y matorrales y con una superficie de 15200 Ha. El mapa de la zona expone de manera mas concreta las mencionadas superficies.
Método utilizado.A continuación, describimos brevemente los métodos utilizados para censar aves y obtener una síntesis numérica del paisaje, relacionable con las densidades de aves.
Para censar las aves.De hecho, el método utilizado ha sido similar al de cuadriculas (o parcela). Los observadores, buenos conocedores del terreno, lo han recorrido durante la época de reproducción numerosas veces. El recorrido se hacia en automóvil, hasta detectar un individuo. A partir de ese momento se seguía la trayectoria de vuelo con material óptico, a pie, hasta dar con el nido. Si no se conseguía a la primera, se volvía a buscar un nuevo contacto, en la misma zona, con la misma especie, hasta conseguirlo. Siendo, por lo tanto, un censo de nidos, no existen parejas dudosas o posibilidades de duplicación de parejas. En todo caso, los datos pueden presentar un cierto error, dando cifras por debajo de la densidad real. El número de días de muestreo (mas de ciento veinte entre los dos estudios) mas la ya antigua experiencia de los muestreadores en la zona de estudio, permite pensar que el numero de parejas censadas ha de ser muy próximo al total, si bien este ultimo extremo es indemostrable con los datos obtenidos.
Para analizar el territorio.El análisis del territorio se ha realizado, al igual que en el capitulo 2.2.2., a partir de transecciones realizadas sobre fotografía aérea. En dichas transecciones, se ha medido la superficie de secano, la de regadío, la de monte alto, la de monte bajo, el tamaño medio de las parcelas cultivadas, la distancia media entre caminos y carreteras, la pendiente media y la densidad de población. Con esos datos, se ha intentado representar no solo las características naturales del medio, sino que también su grado de alteración en relación con su humanización.
PARCELAS/DATOS FISICOS (%, ...)
De hecho, las variables que se analizan, son en su mayoría dependientes entre si. Se relacionan con dos variables únicas, que son la pendiente y la posibilidad histórica de regar. La mayor pendiente implica pocos cultivos y por lo tanto pocos caminos de servicio, poca población y la conservación del bosque y la existencia de acantilados. El llano, por el contrario, está deforestado y carece de cantiles. En general está cultivado en su totalidad, pero mantiene grandes diferencias en el caso de estar regado, con la llanura de secano. La llanura de secano, tiene nula población, las parcelas cultivadas son de gran tamaño y la distancia media entre caminos es grande. Llanura de secano y áreas de pendiente, son las que albergan el mayor numero de especies y la mayor diversidad.
Resultados.Los resultados se exponen en la tabla de datos adjunta. Muy brevemente, podemos resumir su contenido en relación a dos factores fundamentales a) la diversidad de nichos (de nidificación, tróficos, etc) existentes y b) la explotación por parte del hombre. Ambos están relacionados en el sentido de que el hombre disminuye la heterogeneidad y por lo tanto el numero de nichos a ocupar. Cabe considerar en primer lugar el efecto de la deforestación, que suprime especies tales como Milvus milvus, Accipiter gentilis y Accipiter nisus. En segundo lugar, la pendiente, que expresa la heterogeneidad del terreno y por lo tanto de los mencionados nichos y que de modo secundario implica una menor intervención humana. Hieraetus fasciatus depende muy claramente de esos factores, pero también la mayor parte de las otras especies, con excepción de las mas ligadas a llanuras esteparias. Las parcelas mas humanizadas y con escasa pendiente, tienen muy poca heterogeneidad y únicamente albergan las especies de llanura esteparia. El regadío elimina o disminuye la densidad de la mayoría de especies, pero incrementa la de Circus aeruginosus, no por el regadío propiamente dicho, sino que, sobre todo, por el incremento de población, de la densidad de caminos, que representan un incremento directo de las molestias a las parejas nidificantes. A modo de conclusión, en la actualidad se observa como las parcelas de menor valor agrícola mantienen las mas densas poblaciones de aves rapaces.
PARCELAS/DENSIDADES RAPACES CINCA
Las aves y el agua.Para las aves, el agua, es tan necesaria como para el resto de seres vivos ya que es el medio donde se realizan todas las reacciones metabólicas que permiten la existencia de la vida, pero además, es utilizada de modo insustituible, por muchas especies, para la higiene y mantenimiento de la estructura compleja de faneras, las plumas, que les protegen de las variaciones de temperatura y les proporcionan el eficaz medio de desplazamiento que les caracteriza. Algunas especies bien adaptadas a las zonas áridas, sustituyen el agua necesaria para el cuidado de las plumas, por baños de polvo, que también sirven para mantener a raya las poblaciones de malófagos, que acabarían devorando las plumas. Al igual que los reptiles, con los que están próximamente emparentadas, las aves disponen de mecanismos eficaces para ahorrar al máximo el agua que precisan para su funcionamiento metabólico. Los mecanismos de ahorro son, en este caso, la carencia de glándulas sudoríparas para la regulación de la temperatura y la complejidad del sistema excretor, que mediante estructuras capaces de reabsorber los excedentes hídricos tras el paso por los glomérulos renales, consiguen elaborar una orina densa, compuesta fundamentalmente de una pasta de ácido úrico, que en general se elimina junto con las heces, de forma muy similar a la de los reptiles. El denso recubrimiento de plumas, formando a voluntad una cámara de aire renovable, es un buen método para evitar la hipertermia, sobre todo si se une a la falta de actividad (sesteo) durante las horas de mas calor. En caso de no ser suficiente, lo cual es frecuente en los cálidos días estivales monegrinos, el jadeo permite bajar la temperatura, con el sacrificio de un determinado volumen de agua. Siendo eficaz el ahorro del agua, el volumen diario necesario se reduce y la forma de adquirir ese volumen depende de las características físicas de cada especie y sus adaptaciones. La mayor parte de las especies, alimentándose de insectos y brotes tiernos, ambos con alto contenido de agua, no beben casi nunca. Unicamente las mas estrictamente granívoras, al ingerir exclusivamente granos secos precisan de agua liquida. El agua adquirida con el alimento, no tiene nada que ver con el agua metabólica, recurso muy especializado de animales del desierto o con alimentación especial (polillas de la cera y de la lana), que obtienen agua a partir del metabolismo de los alimentos, con una eficiencia, por lo tanto, realmente escasa. Son auténticos devoradores de sólidos, con el fin de obtener con poca rentabilidad, algo de agua. No se conoce en Los Monegros ningún ave que utilice este recurso. Las aves buenas voladoras, no tienen problema en alcanzar alguno de los múltiples puntos de agua que se distribuyen por los Monegros, en distancias suficientemente breves, como para abastecer al ganado lanar, disperso en rebaños por toda la comarca. Unicamente en condiciones extremas de sequía, cuando las balsas mas pequeñas se secan, las distancias a recorrer pueden aumentar, al tiempo que la masificación, en lugares concretos, incrementa el riesgo de depredación. Entre ellas se encuentran las palomas y tórtolas, algunos alaúdidos y la mayoría de los fringílidos Las aves incapaces de recorrer grandes distancias volando, como perdices y codornices, pueden prescindir de ingerir agua liquida, mientras cuenten con alimento tierno suficiente. Otras muchas, a pesar de ser buenas voladoras, desprecian el agua o incluso acuden a los bebederos por el baño antes que por la bebida. Pero un caso aparte representan los pollos. Incapaces de volar, su abastecimiento es distinto según sus características. En el caso de los pollos nidícolas, los progenitores los alimentan o con alimentos suficientemente ricos en agua o con papillas formadas en el buche, cuando no por secreciones especiales (leche de paloma), de tal modo que sus necesidades quedan cubiertas. Los nidífugos, precisan ingerir alimentos ricos en agua, como insectos en el caso de las galliformes. Las poblaciones de los desiertos de las pteróclidas (gangas y ortegas), no disponen de alimentos jugosos en casi ningún momento de su vida, por ello han desarrollado una técnica peculiar para abastecer de agua a sus polluelos, consistente en retener agua mediante una estructura especial de las plumas de su pecho de donde los jóvenes pueden beber. Privilegiadas voladoras, pueden recorrer grandes distancias para beber y hacer acopio de agua en ese singular deposito, para luego abrevar a los polluelos. En Los Monegros, gangas y ortegas acuden regularmente a beber a las charcas, sin embargo el comportamiento antes descrito no se ha observado nunca, posiblemente por que la oferta de alimentos jugosos es abundante. La frecuente observación de las características huellas de esas aves en las orillas de las saladas, permite pensar que son capaces de asimilar agua con alto contenido mineral, extremo que no se ha comprobado.
Las aves forestales.Escasos y muy clareados sabinares en Pallaruelo o en La Retuerta , cuando no grupillos aislados de sabinas y algo mas densos pinares de pino carrasco, cerca del Ebro o el lo alto de la Sierra, la constante de los bosques monegrinos es que no son obstáculo para la radiación solar hacia estratos mas bajos, hasta el punto de permitir el desarrollo desde comunidades similares a las garrigas, hasta las mas maduras de los estratos inferiores del bosque mediterráneo. Se mezclan por lo tanto aves puramente forestales, junto a otras que pueden colonizar matorrales, independientemente de la existencia o no de arbolado. Es frecuente, que todos aquellos lugares de escasa pendiente, sean cultivados, aprovechando en ocasiones pequeñas superficies dentro del bosque, como las vales, que sin embargo pueden tener mejor suelo y mas fresco. La imbricación es total, dando lugar a una estructura similar a un ecotono de elevada diversidad. Para completar la complejidad del sistema, los árboles pueden ofrecer lugar seguro para construir el nido, a aves que se alimentarán preferentemente en la próxima estepa. En aquellos lugares en que los arboles son muy escasos, la existencia, aunque sea de un ejemplar solitario, puede permitir la nidificación de numerosas especies, en ocasiones depredadores junto a sus presas potenciales. Este fenómeno se repite allí donde escasean los lugares para nidificar, como en las marismas andaluzas (donde se llaman "pajareras") o los desiertos. Los bosques menos alterados son el territorio del azor (Accipiter gentilis), nidificante en lugares que probablemente elige mas por su escaso poblamiento humano, que por la frondosidad del bosque, bien seguro de contar con abundancia de presas durante todo el año. Próximo a él el gavilán (Accipiter nisus) es otro de los constantes pobladores del bosque. No es raro encontrar, en aquellos lugares mas tranquilos, donde escasamente pasan los pastores, algún gigantesco y vetusto nido de águila real (Aquila chrysaetos). La reina de los cielos, no es precisamente un ave de grandes requerimientos en el momento de establecer su hogar, ya que puede establecer nido en acantilados, en ocasiones tan pequeños que diríase que el nido está en el suelo o en arboles, grandes o no tanto, ya que en alguna ocasión son muy fácilmente accesibles. Por supuesto, requiere como aspecto fundamental la tranquilidad, si bien soporta una cierta proximidad del hombre, cuando este no la inquieta. Tanto es así, que aguanta incubando el paso de personas muy próximas, siempre y cuando no se percate que es observada directamente. No faltan, en los bordes de los bosques sobre todo, también en arboles solitarios, siempre en lugares tranquilos, nidos de otras rapaces no forestales, como el ratonero (Buteo buteo), el águila culebrera (Circaetus gallicus), el águila calzada (Hieraetus pennatus) y los milanos real y negro (Milvus milvus y M. migrans). Solo una rapaz nocturna puede verse, muy rara, en los bosques de Los Monegros, el cárabo (Strix aluco), mientras que aprovechando viejos nidos de córvidos y rapaces, en los bordes de los bosques, pero también en arboles solitarios no es raro el búho chico (Asio otus). Así como el cárabo es cazador de pequeños mamíferos, aves y grandes insectos siempre dentro del bosque, el búho chico acostumbra a encontrar sus recursos tróficos en zonas deforestadas. Dos columbiformes anidan en estos bosques, la paloma torcaz (Columba palumbus), que durante los pasos cruza en bandos de centenares estos bosques, cazándose desde esperas tradicionales en la Sierra de Alcubierre y la tórtola común (Streptopelia turtur), sorprendentemente abundante. Sin ser estrictamente forestal, el cuco (Cuculus canorus) es el ave parásita por excelencia , poniendo huevos en nidos de aves mucho mas pequeñas que el, como chochines y currucas, por el contrario, el críalo (Clamator glandarius) especialista en parasitar nidos de córvidos, se halla mas próximo a los lugares donde establecen nido urracas y cornejas, sea bordes de bosques, arboles solitarios, o viejos escambrones, en lugares muy tranquilos. No es raro escuchar el monótono ronroneo del invisible chotacabras gris (Caprimulgus europaeus), que cobra vida por la noche para volar sobre el bosque con silueta de halcón, a la captura de grandes insectos. Los pájaros carpinteros, están poco representados en Los Monegros, lo cual no es de extrañar dada la juventud del bosque. Unicamente el pico picapinos (Dendrocopos major) puebla, muy escaso, los pinares, en buena parte debido a la amplitud de su nicho trófico, que le permite pasar la mayor parte del año consumiendo semillas ricas en lípidos, como piñones, almendras etc. Unicamente durante la nidificación y para conseguir un óptimo desarrollo de los pollos, su dieta se convierte en insectívora. Insectos xilófagos, pero también cualquier otro, siempre que su tamaño sea pequeño, lo que le permite incluir lagartijas e incluso pollos recién nacidos de otras aves. Muy distinto es el caso del pito real (Picus viridis), arbóreo en lo que se refiere a la nidificación, pero siempre mirmecófago y por lo tanto alimentándose en el suelo. Unos picotazos para dejar expedita la entrada del hormiguero y luego su lengua pegajosa y de longitud desmesurada se desplaza por todos los intersticios del hormiguero, hasta en ocasiones dejarlo vacío. Y si en Los Monegros los arboles son escasos, no puede decirse lo mismo de las hormigas. Extraordinariamente abundantes forman parte de la dieta de muchos insectívoros y no es de extrañar por lo tanto que en esta zona el pito real haya adquirido una forma de vida que puede permitirle colonizar las estepas sin necesidad de arbolado, ya que no es insólito encontrarlo nidificando en taludes de margas, que excava con su pico, o en las paredes de parideras construidas con adobes. Ello no quiere decir que desprecie pinos y sabinas, pero desde luego encuentra dificultades en establecer en ellos su nido debido a las secreciones resinosas de ambas especies. Unicamente en ramas o troncos muertos puede excavar las cavidades adecuadas, que luego serán bien aprovechadas por otros animales, en especial los lirones. Entre la vegetación del subvuelo forestal, no muy abundantes, se desplazan el chochín (Troglodytes troglodytes) y el mirlo común (Turdus merula), si bien en tales bosques hallan su óptimo las currucas mediterráneas: la curruca carrasqueña (Sylvia cantillans), la cabecinegra (Sylvia melanocephala) y la mirlona (Sylvia hortensis). Próximo a ellas, entre el sotobosque, el mosquitero papialbo (Philloscopus bonelli), sustituye en la buena estación la presencia invernal del mosquitero común (Philloscopus collybita). Otro grupo de pájaros , comunes en la mayor parte de bosques europeos, son los que explotan el alimento que ofrecen las copas de los arboles. Recorriendo las ramas inquietos y ruidosos, en muchas ocasiones adoptando posturas acrobáticas, para poder alcanzar a los insectos escondidos en los mas recónditos lugares del árbol, puede observarse al reyezuelo común (Regulus ignicapillus), al herrerillo común (Parus caeruleus) , al carbonero común (Parus major) y al mito (Aegithalos caudatus). El papamoscas gris (Muscicapa striata) captura insectos voladores que otea desde posaderos, mientras que el agateador común (Certhia brachidactyla) los busca trepando en larga espiral a lo largo de los troncos, en clara convergencia con los picos. El arrendajo (Garrulus glandarius), no muy abundante, no falta, sin embargo, en los bosques monegrinos donde la oferta de bellotas no es escasa, como subsistencia de invierno, siendo principalmente depredador durante el verano. El pinzón vulgar(Fringilla coelebs) es una especie constante, pero no abundante, en estos bosques, donde vive y anida durante la buena estación, en la que se comporta como un ave insectívora y territorial. A lo largo del invierno, junto a decenas de miles de otros pinzones pirenaicos o de mas al norte, vagan en grandes bandadas por los llanos deforestados, alimentándose exclusivamente de semillas. Mucho mas abundantes, otros fringílidos como el jilguero (Carduelis carduelis), el verderón común (Carduelis chloris) y el verdecillo (Serinus serinus), parecen encontrar aquí su biotopo optimo, dada la elevada densidad que registran como nidificantes. No falta en el borde de las manchas forestales, también fuera de ellas, el pardillo común (Acanthis cannabina). El zorzal charlo (Turdus viscivorus) tiene una gran relevancia en estos bosques, no en la época estival, durante la que es mas bien escaso e insectívoro, sino durante el invierno, con las poblaciones reforzadas por aves norteñas, cuando su alimentación es principalmente frugívora, alimentándose principalmente de los frutos del muérdago (Viscum album) hecho tan conocido que de ahí proviene su nombre científico. A finales del invierno, raro es el pino que no tenga varias semillas de muérdago adheridas a su tronco y ramas, mientras que en las orillas de las charcas donde acuden a beber, podrían recogerse por millares. Además del charlo, pero en menor medida, la curruca cabecinegra interviene en la diseminación de sus semillas. El piquituerto (Loxia curvirostra), junto al pico picapinos, se alimenta de piñones. Sus poblaciones son poco estables. En general muy raro, en los años en que hay invasión desde la taiga europea, las poblaciones se recargan, manteniéndose abundante durante cierto tiempo, para declinar posteriormente. Por ultimo, poblando el borde del bosque, encontramos a la urraca (Pica pica), que como antes hemos mencionado, pueden anidar también en arboles solitarios o viejos y lacerantes escambrones. Es también en similar situación, (Corvus corone) y los cuervos (Corvus corax). En los nidos abandonados de esas córvidas anida el alcotán (Falco subbuteo) , que captura sus presas, en general pequeñas aves, lejos del bosque. Este eficaz halconcillo, esta adaptado a la ornitofagia de modo similar a su pariente el costero halcón de Eleonor. Nidifica tardíamente, de modo que encuentra a su disposición, todas las plataformas utilizadas anteriormente por rapaces y córvidos. Naciendo sus pollos durante el mes de agosto, cuando los pollos de las otras especies han saltado del nido, sus progenitores encuentran abundancia de presas, muchas de ellas fáciles de cazar por su inexperiencia, siendo muy improbable que se den situaciones de hambruna en esos nidos, al tiempo que la depredación no supone la destrucción de nidadas enteras, al morir los progenitores.
Las aves esteparias.La definición de estepa incluye tres conceptos básicos: planitud, extensión y vegetación baja. Otra definición se acomoda a algunas plantas arbustivas del genero Cistus . En el Valle del Ebro en general y en Los Monegros en particular, las superficies llanas y extensas están roturadas y por lo tanto, como ya se ha mencionado, no existen estepas, salvo en lugares donde, por no existir suelo adecuado, labrar es improductivo y, sobre todo, difícil. Así en zonas como el Saso de Osera, donde afloran los yesos en estratos horizontales, puede hallarse algún retazo extenso de estepa, también en los lugares encharcadizos, solo labrados esporádicamente, dada su falta de productividad debido a la salinidad, muestran una cierta tendencia a presentar un aspecto estepario por la estructura baja de la vegetación. Allá donde el tractor no puede entrar, por la excesiva pendiente, la tala de los árboles y el fuego consiguieron buenos pastos, en la actualidad romerales, que nada tienen que ver desde el punto de vista faunístico con las estepas. Algo parecido sucede con los pedregales de piedemonte. Vamos a describir en este capítulo a aquellas aves que viven en las estepas y por extensión también aquellas de lugares deforestados que por lo menos ocasionalmente colonizan las estepas.
Las estepas propiamente dichas.Para algunas aves que se desplazan habitualmente por el suelo, la vegetación ha de tener escasa cobertura, o sea ser discontinua, para que así puedan desplazarse sin obstáculos por un suelo llano. Además, durante las mañanas de rocío, el contacto con la vegetación demasiado densa acaba mojando el plumaje, empapándolo en ocasiones hasta el punto de impedir el vuelo. Algunas aves necesitan poder observar por encima de la vegetación, hasta una gran distancia, para sentirse seguras, mientras que otras perchan sobre los arbustos mas elevados o prescinden de tan gran distancia de seguridad. Entre las mas estrictas en sus requerimientos, sobre todo en lo que concierne a la altura de la vegetación, están las pteróclidas y entre ellas la ganga (Pterocles alchata) nidificante en estepas muy llanas de muy rala vegetación y amplitud notable. Es difícil de observar, ya que con su plumaje críptico, prefiere normalmente aguantar escondida la proximidad del hombre, sobre todo de los vehículos, levantando el vuelo cuando se siente descubierta. La ortega (Pterocles orientalis), soporta terrenos mas ondulados y lugares mas alterados por el hombre, de modo que su distribución es algo mas amplia que la de la ganga. Ya hemos descrito al principio del capitulo las relaciones de las pteróclidas con el agua, pero queda por describir una característica del desarrollo, que es una magnifica adaptación al medio estepario, de numerosas aves nidífugas. Consiste en el prioritario desarrollo de las rémiges primarias, de modo que aun estando en plumón, al cabo de pocos días de su nacimiento, ya han desarrollado las rémiges, desplazándose casi con las alas a rastras. De ese modo, muy tempranamente, son capaces de realizar torpes vuelos, casi sin dirección, pero muy útiles en el caso de necesitar despistar a un depredador. Perdices y codornices también tienen el mismo tipo de desarrollo, al revés de los patos y otras aves acuáticas, que teniendo seguro refugio en el agua, nacen sabiendo nadar y bucear, pero no vuelan hasta estar completamente desarrolladas. La avutarda (Otis tarda), debido a su gran alzada, superior a la de las gramíneas cultivadas, consigue colonizar los cultivos, no precisando estepas naturales. Una vez nacidos los pollos, al ser nidífugos, huían con facilidad de los segadores de antaño. Algo mas difícil les resulta huir de las cosechadoras actuales, no por que la velocidad sea superior a la que puedan alcanzar apeonando los soberbios pollos de las avutardas, sino por la tendencia que tienen a intentar pasar desapercibidos achantándose sobre el suelo. Estrictamente protegida en la actualidad, los pocos individuos que habían sobrevivido a la caza indiscriminada, están recomponiendo la población, con unos sesenta individuos en la actualidad. Menos suerte tiene el sisón (Tetrax tetrax), cuyas poblaciones son cada vez mas escasas, fenómeno que afecta a todas las poblaciones de la Península Ibérica. Al parecer bien adaptado a criar en los cultivos de cereal, aunque en este caso prefiera los herbazales y pastos altos, los sisones son cada vez mas raros, cuando hace una treintena de años, eran un problema sus bandos migradores, en los aeropuertos castellanos. Las codornices (Coturnix coturnix), son también típicas aves terrestres adaptadas a los monocultivos cerealistas, en los que se sumergen y si bien no distinguen la posible cercanía de los depredadores, su plumaje críptico les protege de la vista de estos. Típica migradora hasta el Africa subsahariana, en la actualidad y casi siempre en relación con los regadíos, parte de la población se ha hecho sedentaria. Aunque no los rehuye, la perdiz común (Alectoris rufa) prefiere otros tipos de paisajes, con mayor heterogeneidad que los monocultivos, incluso con terrenos mas accidentados. Desde luego coloniza perfectamente las estepas, a pesar que no es en ellas donde alcanza las mayores densidades. Sustituyendo a esas aves que casi prefieren apeonar a volar, por la noche cobra actividad el alcaraván (Burhinus oedicnemus), limícolo adaptado a vivir en las estepas, con plumaje pardo abigarrado, muy críptico y ojos grandes y amarillos como los de los mochuelos, que le permiten ver los grandes insectos y pequeños vertebrados que captura con su recio pico y que componen su alimento. El depredador por excelencia de las estepas, es el aguilucho cenizo (Circus pygargus). No quiere decir esto que desde sus lugares de nidificación, ya sean arboles o roquedos, no exploten tróficamente la estepa muchas otras rapaces, sino que es la única adaptada para realizar todo su ciclo en áreas esteparias. Así, construye su nido y saca adelante a sus polluelos, en cualquier lugar suficientemente protegido del suelo. No siendo nidífugos y anidando muy tardíamente, las parejas que eligen campos de cereal, casi nunca pueden sacar adelante a sus polluelos, debido a que las cosechadoras casi siempre los destrozan. En el amplio carrizal estepario del Saso de Osera prospera una bien estructurada colonia de esa especie, junto a la mas especializada en humedales (Circus aeruginosus) prospera y no cabe duda que recarga a las mas problemáticas parejas de los campos cerealistas. Los aguiluchos son autenticas cometas vivientes, ya que tienen una gran superficie alar, con un peso muy pequeño para su apariencia. Con esa estructura y aprovechando las mas suaves brisas, pueden volar casi rozando el suelo sin apenas mover las alas, sorteando los obstáculos para abalanzarse súbitamente contra sus sorprendidas presas. Los aguiluchos son preferentemente ornitófagos, pero en algunas zonas de regadío (Terreu, Odina Monesma), con predominio de cultivos de alfalfa, consumen hasta un 80 % de micromamíferos. No muy abundante, difícil de ver, pero con un canto que lo delata (y que casi asusta por su brusquedad), el chotacabras pardo (Caprimulgus ruficollis) es un prodigio de adaptación. Sustituye por la noche a los vencejos y golondrinas , capturando en vuelo grandes insectos. Su pico, algo curvo, es corto y blando, pero cuando abre la boca, las enormes comisuras que tiene se despliegan, alcanzando un tamaño descomunal. Aparte de eso, su silueta es de gran volador con delgadas y largas alas y cola larga que le permiten realizar un vuelo muy acrobático en pos de sus presas. Al igual que búhos y lechuzas, con los que no está emparentado, su vuelo es silencioso. Junto a esas notables aves de llanura, una gran cantidad de pequeños pájaros, llenan con sus trinos la monotonía esteparia. La mayor parte de esas aves, pertenecen a la familia alaúdidos, indudablemente originada en las estepas áridas de Asia central, desde donde se han desparramado hacia otros lugares como las estepas y desiertos mediterráneos que han actuado como segundo foco de especiación. Con excepción de la totovía (Lullula arborea), que prefiere los claros y bordes de los bosques, las demás son puramente esteparias. La de menor especialización es la alondra común (Alauda arvensis), distribuida abundantemente por las estepas secas ibéricas, los pastos discontinuos de alta montaña, donde nidifica hasta el piso alpino y, hacia el norte, hasta la tundra. Similar distribución tiene la cogujada común (Galerida cristata), que se encuentra desde Laponia a la China y por el sur hasta Etiopía. Sin embargo esta especie rehuye la montaña, hallándose en llanuras hasta los 800 m.s.n.m.. Esa especie es sustituida en los lugares mas agrestes y áridos por su congénere la cogujada montesina (Galerida theklae), mediterránea de distribución restringida en Europa, ya que únicamente se halla en la Península Ibérica. También ocupa el norte de Africa (al norte del Sahara), con una población disyunta en Etiopía. Otro tanto sucede con la alondra de Dupont (Chersophilus duponti), habitante algo abundante de lugares esteparios de toda la España árida. Su comportamiento extremadamente cauteloso, hace que parezca ser mas escasa de lo que es en realidad. No le gusta volar, de modo que apeona a velocidad inconcebible, como el correcaminos de los dibujos animados, entre los romeros y otros arbustos de los lugares donde anida, sabiendo poner siempre un obstáculo entre ella y el desesperado observador (o, mejor dicho, aspirante a observador) . Conoce a la perfección sus territorios y todos los caminos posibles desprovistos de vegetación y fáciles de recorrer. Desde el automóvil, se observa con mayor facilidad, si bien cuando corre delante de el, observada únicamente de espaldas, es indistinguible del bisbita campestre. No es extraño verla circular por debajo del automóvil, si este esta parado sobre una de sus rutas conocidas. A pesar de ser difícil de observar, su canto, muy bello, es distinto al de otros alaúdidos, y se emite en primavera, tanto de día como de noche, desde el aire como desde el suelo o posadero. En Aragón se le llama "rocín" y hay quien ha descrito su canto como el relincho de un caballo. No es así, sino que es la primera palabra del canto la que asemeja con claridad un "rociiiiiiiiín" musical que completa con un trino y un final de frase. Mucho mas localizable, la reina de los alaúdidos es la calandria (Melanocorypha calandra), que destaca entre todos ellos por su gran tamaño (19 cm de pico a cola, poco menos que un zorzal alirrojo o un estornino) y por su canto, que emite en vuelo con potencia y claridad, en el que sobre una base especifica de sonidos, añade con arte de buen disc-jockey los cantos de otras aves que le rodean, alcanzando una complejidad y belleza casi única en el mundo de las aves. Si la calandria es el gigante de los alaúdidos, las terreras son los dos enanitos del grupo. La común (Calandrella brachydactyla) es muy abundante en áreas esteparias naturales o cultivadas intensamente, alcanzando en su distribución zonas relativamente húmedas, como el sur de Francia, siempre y cuando estén deforestadas. Ocupa también dunas costeras. Por el contrario, es mas estrictamente esteparia la marismeña (Calandrella rufescens), con una conducta en la selección de su hábitat preferencial algo confusa. Tal como su nombre indica, es ave que coloniza claramente los enclaves esteparios salinos de suelo encharcadizo preferentemente litorales o sea las marismas con salicornias. También se halla abundante en ambientes similares de las depresiones endorreicas (criptohumedales) del Valle del Ebro, pero de modo menos comprensible, la hemos encontrado nidificando en las estepas muy secas del Saso de Osera, en lugares que distan mucho de los paisajes antes descritos y junto a la alondra de Dupont. Es evidente que son muchas las cosas que faltan por estudiar en Los Monegros. Por ultimo otro pajarillo estepario, pero en este caso no es un alaúdido, sino un motacílido, grupo originado en lugares deforestados, pero no en estepas áridas, sino en pastizales mas norteños, hasta la tundra. Como excepción, el bisbita campestre (Anthus campestris) es capaz de colonizar los mas secos eriales de la península y norte de Africa.
La estepa con edificaciones: los "mases".Si falta diversidad a la muy interesante avifauna esteparia, una serie de accidentes que dan heterogeneidad al paisaje, incrementan muy notablemente el numero de especies que pueden explotar tróficamente la estepa. Muy importantes son los edificios dispersos por la llanura, "mases" donde en determinados periodos del año, según la necesidad de las labores agrícolas (sobre todo la siega), habitaban cortos periodos de tiempo hombres y bestias de tiro o "parideras", donde se refugiaban pastores y ganado. Algún otro edificio, restos de otras funciones antiguamente importantes, completan el paisaje, cada vez mas en ruinas. Pequeñas y medianas aves adaptadas a vivir en pequeños cortados, colonizan esos muros, al igual que los cada vez mas abundantes montones de piedras, resultado del despedregamiento de los cultivos. Por poner un ejemplo, un gran edificio en ruinas sito en la zona endorreica , es una buena muestra de aprovechamiento del espacio por parte de las aves. En sus muros derruidos han anidado los cernícalos común y primilla (Falco tinnunculus y F. naumanni), cuervo (Corvus corax), grajilla (Corvus monedula), chova piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax), paloma zurita (Columba oenas), mochuelo (Athene noctua) y collalbas gris y rubia en los alrededores (Oenanthe oenanthe y O. hispanica). Muchas de esas especies son de gran interés y de no ser por las construcciones humanas, sus poblaciones monegrinas se verían seriamente diezmadas. Si bien el cernícalo vulgar (Falco tinnunculus) es muy abundante y cría indiferentemente en ruinas, roquedos e incluso en arboles en nidos abandonados de córvidas, el cernícalo primilla (Falco naumanni) anida colonialmente y siempre en tejados de parideras y mases. Se ha estimado que en verano, la mitad de los cernícalos que se observan son primillas, pero tan espléndida población puede venirse abajo de continuar el expolio de las tejas viejas que cada vez con mayor frecuencia se da en esos lugares. Una reciente matanza de primillas, probablemente realizada premeditadamente, utilizando como cebo codornices envenenadas, repugna a cualquier persona. Las chovas piquirrojas (Pyrrhocorax pyrrhocorax), forman una población tan especial, que se ha iniciado su estudio para ver si reúnen características taxonómicas especiales. Desde luego es la única especie de las montañas alpinas eurasiáticas, que ha alcanzado a colonizar tales lugares. Y algo similar sucede con la paloma zurita (Columba oenas) tantas veces descrita como pobladora de viejos bosques, nidificando en los orificios de los arboles centenarios. Realmente las poblaciones monegrinas son abundantes y la migración en la Sierra de Alcubierre, espectacular. El cuervo (Corvus corax) anida en cualquier lugar cuya altura le de seguridad y así lo hace en arboles, ruinas, acantilados y en ocasiones en postes de alta tensión. Como dato excepcional, en una nave en ruinas, sobre un nido abandonado (quizás de cuervo, por su tamaño), que hay en su interior, anidó en una ocasión una pareja de cornejas (Corvus corone), que habitualmente construyen sobre árbol. Mucho mas modesto, el colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros), también aprovecha orificios y repisas en el interior de las ruinas, donde construye sus voluminosos nidos. Rehuye el núcleo mas árido de la zona estudiada. El mochuelo (Athene noctua), es una especie versátil a la hora de elegir lugar donde establecer su nido: un orificio en un talud, o en el suelo, en ruinas y sobre todo en Los Monegros, sobre los montones de piedras, observando con sus vivos ojos amarillos todo lo que pasa, desde luego en pleno día, pues siendo ave nocturna, gusta de tomar el sol. Esos montones de piedras sirven a la collalba gris (Oenanthe oenanthe), para nidificar y en menor medida, ya que elige parajes mas agrestes, a la collalba rubia (Oenanthe hispanica).
La estepa con arbustosEn ocasiones, en aquellos lugares donde hace muchos años los pastores no han hecho correr el fuego, crecen arbustos, especialmente adaptados a soportar el clima estepario en solitario, defendiéndose de los herbívoros por su toxicidad o por las duras espinas que los protegen. Retamas y escambrones, sosas separando bancales, forman una pobre vegetación, que sin embargo da heterogeneidad a la estepa y permite la entrada a numerosas aves. Desde luego gustan de posarse en ellos a las collalbas grises ,a la cogujada montesina y a la alondra de Dupont, pero esas son aves que pueden prescindir de posaderos. Otras hay que necesitan arbustos para establecer el nido y otear desde ellos a sus presas. Es el caso de los alcaudones, de los que dos especies anidan en Los Monegros. El alcaudón real (Lanius excubitor) es sedentario, de tamaño casi como un zorzal y muy visible con su librea en blanco, gris y negro. En clara convergencia con las falcónidas, su pico (el de los alcaudones en general) es curvo, con el diente lateral de la parte superior del pico, que tan característico es de los halcones. Siendo algo corpulento, sus presas son grandes invertebrados, pero también vertebrados incluyendo algún pequeño pájaro y ratones. Como todos los alcaudones, caza mas de lo que necesita, colgando los excedentes atravesados en las espinas de los arbustos, como reserva para momentos en los que pueda haber escasez. El alcaudón común (Lanius senator), de mas vivo colorido y menor tamaño que el anterior, tiene un comportamiento similar, con la salvedad que las presas que captura son mas pequeñas, aumentando la proporción de invertebrados y escasamente pasando del tamaño de las lagartijas entre los vertebrados. La tarabilla común (Saxicola torquata), siempre desde lo mas alto de los arbustos espía a los insectos que constituyen sus presas, mientras que entre lo mas denso de los matorrales, en general en las marañas de sosas (Atriplex halimus) de los bordes de los campos o de los yermos mas salinos, pero también en los romerales, dos especies de curruca se desplazan nerviosamente en pos de su alimento. En general, son mas detectables por los cantos que emiten ante los extraños (cantos de alarma), que por su presencia, ya que a pesar de ser de colorido algo llamativo, no se dejan observar mas que fugazmente. Esas currucas son la rabilarga (Sylvia undata) y la mucho mas escasa tomillera (Sylvia conspicillata). También con conducta notablemente escondediza, entre los retamales de terrenos no necesariamente llanos, sino que también en los mas accidentados, siempre muy raro, se puede observar al zarcero pálido (Hippolais pallida) especie mediterránea de lugares áridos, que tiene una peculiar distribución disyunta con un núcleo en Grecia y Asia Menor y otro en el noroeste africano y levante ibérico, además de varias islas en oasis saharianos. Por ultimo, en la estepa con arbustos, es mas frecuente encontrar algunos granívoros, no muy estrictos en época de reproducción, durante la que consumen abundantes insectos, en especial ortópteros. A pesar de ello, son los mas comunes visitantes de los bebederos a los que acuden en todas las épocas del año, si bien mas frecuentemente cuando la alimentación es estrictamente granívora. Entre ellos el pardillo (Acanthis cannabina), pajarel en la Ribera, casi con denominación de origen, pues en tiempos se vendía en las pajarerías barcelonesas como "pardillos de Aragón", los de mejor canto, a pesar que taxonómicamente no hay diferencia con los del resto de la Depresión. El triguero (Emberiza calandra) es también de las mas visibles aves, pues a pesar de su modesto plumaje, su constante chirriar ("como el que sacude un manojo de llaves") desde lo alto de los arbustos lo hace conspicuo. Por ultimo, mas tímido en su conducta, en terrenos abruptos, el escribano montesino (Emberiza cia) se desplaza entre las aliagas con movimientos de ratón. También muy críptico, el escribano hortelano (Emberiza hortulana), es mas detectable por su canto que por su presencia.
Aves de taludes y roquedos.Cualquier discontinuidad en la llanura, desde un pequeño talud hasta las grandes cortadas sobre el Ebro, crea lugares adecuados para la nidificación permitiendo por lo tanto la aparición de numerosas especies orníticas que en caso contrario faltarían en Los Monegros. Algunos taludes, por pequeños que sean, siempre que los materiales que los constituyen sean suficientemente blandos, permiten a los abejarucos (Merops apiaster), excavar sus nidos colonialmente. Cuando aumenta la altura del precipicio, a pesar que continúe siendo modesto, otras especies construyen nido, como el avión roquero (Hirundo rupestris), que en estos parajes es sedentario, el avión común (Delichon urbica) o la también sedentaria collalba negra (Oenanthe leucura), que no desdeña mases y minas para anidar. También puede observarse, muy raro, el roquero solitario (Monticola solitarius), de color tan azul, que con la luz del estío monegrino, parece pintado. Algo escasa, la paloma bravía (Columba livia), se observa alguna vez en pequeños bandos. Tampoco muy frecuente, el vencejo real (Apus melba), establece colonias, muy ruidosas, en los mas grandes roquedos. Al parecer la especie esta en expansión. Pero, sin pretender disminuir en ningún momento la importancia de esas pequeñas aves, las reinas de los roquedos son las rapaces. Algunas pueden anidar sobre arboles, otras son exclusivamente rupícolas. Los grandes precipicios sobre el Ebro, los que rodean la Sierra de Alcubierre, sobre todo en su cara sur, y los que forman otras muelas como las de Terreu o las ripas de Ballobar, son algunos de los mas conocidos lugares donde se refugian y anidan numerosas especies. El buitre común (Gyps fulvus) no es nidificante habitual en Los Monegros, sino que tiene sus colonias en las Sierras Exteriores e Interiores pirenaicas, sin embargo buena parte de los jóvenes y de los no reproductores, establecen dormideros masivos en Los Monegros, como los de Terreu, Sástago(sobre el Ebro), Piracés o Castelflorite. El alimoche (Neophron percnopterus). es otra de las especies notables que anidan en los cantiles. La enorme superficie de campeo que ofrece el Valle del Ebro, con el volumen de alimento que ello representa, permite la colonización por parte de muchas parejas de estos carroñeros. Sin embargo, el limite sobre la densidad viene impuesto por la escasez de los lugares adecuados para establecer nido. Debido a tales factores, en los lugares adecuados se aproximan al máximo los nidos establecidos, de modo que alrededor de un único saso, pueden hallarse varias parejas de alimoche o de cualquier otra especie, aun que sea territorial, que consiga su alimento en el llano. Pero no solo eso, además, los alimoches ponen dos huevos que incuban y de los que nacen dos pollos con una cierta diferencia de edad. Normalmente, si no hay ninguna baja por otras causas, el pollo mas fuerte termina por devorar al débil en los primeros días de vida. Probablemente debido a la falta de competencia por un alimento que es excedentario, en Los Monegros mas del 50% de las parejas de alimoche sacan adelante a los dos pollos. El águila real, a la que nos hemos referido anteriormente como nidificante de buen grado en los bosques, anida también con mucha frecuencia en precipicios, en ocasiones tan pequeños, que casi se llega al nido sin dificultad. Exclusivamente en acantilados poco accesibles, la perdicera (Hieraetus fasciatus), es un águila muy escasa y en vías de regresión en el área de estudio, sin que se conozcan los motivos. Las pocas parejas que aun pueblan la zona, nidifican en las paredes de la parte mas meridional del lugar. Por ultimo, el halcón peregrino (Falco peregrinus), anida en pequeñas repisas, en general muy inaccesibles. Entre las rapaces nocturnas, la mas frecuente, es el ya citado mochuelo, pero la mas notable, el búho real (Bubo bubo) no es escasa, no precisando paredes de gran verticalidad, sino mas bien piedemontes abruptos, en lugares poco frecuentados. Es ave presente en la mayoría de grandes sasos y por supuesto en la sierra de Alcubierre y en la Serreta Negra.
Las aves federadas a los medios acuáticos.Con excepción de la Valcuerna, no hay corrientes fluviales en Los Monegros, sin embargo, la comarca está delimitada por ellas. En el sudeste, el río Ebro, represado en Caspe y Mequinenza, dada la topografía de la zona penetra mansamente en las vales, ofreciendo paisajes del estilo de las iras. En tales lugares también pueden observarse algunas aves acuáticas. Las cuencas endorreicas, así como las charcas creadas por el hombre para abrevar al ganado, mantienen una reducida fauna acuática de especies de amplia dispersión y con vocación de colonizadoras. Las tentativas de nidificación, con mucha frecuencia se frustran, cuando debido a la escasa pluviosidad se secan las charcas, pero durante los años lluviosos los pollos llegarán a volar. Parece correcto, por lo tanto, hacer mención aunque sea breve, de las aves que pueden observarse en tales lugares.
Las aves de los sotos fluviales.Alguno de los sotos próximos, constituye una auténtica joya ornitológica, como sucede en la proximidad de la desembocadura del Cinca y del Gállego, lugares que destacan por sus colonias de ardéidas, como el martinete( Nycticorax nycticorax), la garceta común (Egretta garzetta) y la garza imperial (Ardea purpurea). Menos abundante, pero al parecer en expansión, la garcilla bueyera (Bubulcus ibis) es un invernante masivo, como la garza real (Ardea cinerea), que aun manteniendo algunos ejemplares adultos y con plumaje de celo, no es nidificante , por lo menos habitual, en la comarca. Recorriendo las orillas entre la maraña de vegetación, en otras ocasiones entre carrizales, siempre mas oído que visto, el rascón (Rallus aquaticus), es frecuente en las orillas de la Valcuerna y otros lugares enmarañados próximos al agua. El autillo(Otus scops) es la rapaz nocturna por excelencia de los sotos monegrinos, a pesar que no dejan de ser frecuentes otras como el búho chico y el mochuelo, citados en otros epígrafes y que pueblan las arboledas fluviales mas por el refugio que allí encuentran que por la oferta alimentaria. Otro tanto sucede con las rapaces forestales como el gavilán y el azor. En las arboledas del Cinca , en expansión en Aragón, sobre todo en relación a los regadíos, puede observarse una autentica joya ornítica, la carraca (Coracias garrulus), de tan brillante colorido que sorprende cada vez que se la ve. Del mismo orden, la abubilla (Upupa epops), anida en aquellos lugares que le ofrezcan un orificio seguro donde establecer el nido, ya sea en pequeños roquedos, edificios o arboles taladrados por los pájaros carpinteros. Es ave que puede observarse en el conjunto de los paisajes monegrinos. El torcecuello (Jynx torquilla), ocupa, en Los Monegros, casi exclusivamente los bosques de ribera, donde halla arboles viejos y perforados donde anidar, ante la ausencia de frutales y jardines que habitualmente frecuenta. Tres grandes cantores animan las arboledas fluviales, el ruiseñor (Luscinia megarrhyncha) es abundante en las arboledas frescas ligadas al agua, por pequeñas que sean, pero también ocupa las vaguadas algo frescas de los bosques de las sierras. Mas exclusivos de la proximidad del agua, son frecuentes el ruidoso, en toda época del año, ruiseñor bastardo (Cettia cetti) y el imitador (de ahí su nombre) zarcero común (Hippolais polyglotta). El silbido onomatopéyico de la oropéndola (Oriolus oriolus), que "nunca tiene frío", completa la sorprendente sinfonía del soto. Todos los páridos citados para el bosque viven en los sotos, donde se añade otra especie próxima, exclusiva de ellos, el pájaro moscón (Remiz pendulinus), muy conocido debido a los voluminosos nidos que hace, colgando del extremo de frágiles ramillas, en situación francamente inexpugnable, el nido de acceso lateral por un túnel horizontal, consiste en una bolsa vertical, túnel y bolsa tienen la forma de un calcetín puesto de lado, lo cual, si se tiene en cuenta que el material de construcción es la borra que se desprende de los frutos de los álamos y chopos, justifica que popularmente se les llame "peduqueros" o "pialeros". También eligen los sotos fluviales como lugar óptimo para anidar los conirrostros mencionados en el bosque a los que se puede añadir el gorrión molinero (Passer montanus) y el escribano soteño (Emberiza cirlus). Cabe mencionar aparte, el muy raro alcaudón chico (Lanius minor), nidificante en los sotos, próximos a Los Monegros, de Ballobar. Además todas las aves de borde de bosque o aquellas que necesitan el refugio de la arboleda, aunque exploten tróficamente otros lugares mas o menos distantes, pueden hallarse nidificando en los sotos fluviales.
Las aves acuáticas.El somormujo lavanco (Podiceps cristatus), es una de las especies que colonizan los recipientes acuáticos periféricos o construidos en Los Monegros, sobre todo de los embalses, donde captura los peces de los que se alimenta. También en este apartado puede citarse a la cigüeña común (Ciconia ciconia), ligada a la existencia de zonas húmedas, o por lo menos de algún regato de agua. Aparte de las cigüeñas que nidifican en los pueblos de las riberas del Cinca, una pareja destacó hasta 1987 en Los Monegros, la de Candasnos, que sobrevivía en tal lugar muy posiblemente debido a la existencia del barranco de la Valcuerna. Un accidente con un cable eléctrico, que rompió la pata de uno de los componentes de la pareja y las obras en el campanario de la iglesia, hechas de tal forma que le impidieron establecer nuevo nido, dieron al traste con ese nido. Una segunda pareja, dejó de anidar en una chimenea de Candasnos, en 1979. Mas frecuentes en las balsas, sobre todo cuando en ellas crecen aneas y carrizos, formando masas de cierta entidad, son el zampullín común (Tachybaptus ruficollis), que se alimenta de gruesas larvas de insecto y la polla de agua (Gallinula chloropus). Si la balsa es lo suficientemente grande, puede mantener a una pareja de ánade real (Anas platyrrhynchos) o de focha común (Fulica atra). En esas masas de carrizo, pueden nidificar el carricero tordal (Acrocephalus arundinaceus), el carricero común (Acrocephalus scirpaceus) y el buitrón (Cisticola juncidis). En algunas saladas, por lo tanto desprovistas de vegetación en las orillas, cuando el agua permanece durante la primavera y el verano, pueden anidar cigüeñuelas (Himantopus himantopus), chorlitejo patinegro o chico (Charadrius alexandrinus o C. dubius) e incluso, recientemente ya que se trata de una especie en expansión, gaviota reidora (Larus ridibundus). También independientes de la vegetación, en acantilados fluviales, anidan el martín pescador (Alcedo atthis), el avión zapador (Riparia riparia), que excepcionalmente puede prescindir de corrientes fluviales. En las orillas corren tras los insectos las lavanderas blanca, boyera y cascadeña (Motacilla alba, M. flava y M. cinerea).
Las aves antropófilas.Por ultimo una serie de especies que conviven de buen grado con el hombre, independientemente de las mencionadas que aprovechan construcciones, sin tener carácter antropófilo. Dos especies tan adaptadas al medio humanizado y a las construcciones humanas, que no se hallan en otro lugar, son el vencejo común (Apus apus) y la golondrina común (Hirundo rustica). Otras dos especies han invadido en los últimos años el Valle del Ebro, son el polémico estornino negro (Sturnus unicolor) y la tórtola turca (Streptopelia decaocto). El estornino negro es oriundo de la mitad occidental de nuestra península y noroeste africano. Casi endémico y poco conocido, en tiempos no era excesivamente abundante. Posiblemente debido a las nuevas practicas agrícolas, se ha extendido por toda la Península y en la actualidad comienza a colonizar el sur de Francia. Polífago, pero muy insectívoro, puede causar daños en cultivos de cereza, oliva y uva fundamentalmente, nunca en el cereal. Sin embargo, si pueden ser cuantiosos los daños que causan en los tejados de las casas. La tórtola turca, ha llegado en la década de los 80 a Aragón, siendo originaria de los Balcanes desde donde comenzó la invasión de Europa en los años treinta. En la actualidad se halla en todo Aragón, ligada a los pueblos, sobre todo allá donde hay jardines con pino carrasco y bosquetes de esa especie. Otras dos especies, de aves antropófilas son los conocidos gorriones. Sobre todo el gorrión común (Passer domesticus), presente en todos los lugares con actividad humana. El gorrión chillón (Petronia petronia), es una presencia constante en los pueblos de Los Monegros, si bien nidifica también en ruinas y roquedos. La rapaz nocturna con mayor frecuencia ligada a los medios humanizados, es la lechuza (Tyto alba), de canto lúgubre y que mas de un susto habrá dado al paseante nocturno temeroso, pero que a cambio es el mas eficaz raticida que nos ofrece la naturaleza. |
|
1998-2001 Los Monegros - http://idd004kb.eresmas.net/monegros/ |