(Obtenido de
Pedrocchi, C., 1988. La invernada. En: Pedrocchi, C. (coor.): Ecología de Los Monegros.
La paciencia como estrategia de supervivencia. Ed. I.E.A./Centro de Desarrollo de Los
Monegros. Huesca)
El invierno en Los Monegros, es el
característico de un clima mediterráneo continental árido. Es por lo tanto frío y
desapacible, con dos meteoros característicos, las nieblas producidas por inversiones
térmicas, en ocasiones muy frías y duraderas o por el contrario, vientos del noroeste,
muy fríos y desecantes.
También es característica importante de
los inviernos monegrinos (del clima monegrino en general), la gran variabilidad interanual
que existe. Pero lo mas importante es que el invierno es relativamente breve, si se
compara con el de las montañas colindantes y con el del centro y norte europeos.
El invierno es la estación húmeda, no
solo por las precipitaciones sino que también por que la baja temperatura y las nieblas
disminuyen la evapotranspiración: son los meses en que no hay déficit hídrico y, dado
que raras veces el agua se congela durante muchos días seguidos, es fisiológicamente
aprovechable por muchos organismos. Tanto es así, que durante los inviernos mas benignos,
no hay interrupción del ciclo vegetativo de muchos vegetales y pueden hallarse plantas en
flor, en ocasiones muy abundantes aunque poco diversas.
Las grandes heladas duraderas, son
excepcionales, raramente se hiela el suelo en profundidad, de tal modo que los recursos
tróficos que contiene, tanto sea producción primaria, principalmente en forma de
semillas, como secundaria, en forma de artrópodos (activos o invernantes) es accesible
para los consumidores.
Por ultimo cabe mencionar que existe una
coevolución entre determinados vegetales y algunos vertebrados, fundamentalmente aves. La
relación antigua que los une es la de utilizar parte de las reservas del vegetal en la
formación de una envoltura atractiva y nutritiva de la semilla. Así la planta ofrece
alimento al animal, pero a cambio recibe el beneficio de la diseminación, en ocasiones a
gran distancia de sus semillas, resistentes, por supuesto, a la acción de los jugos
gástricos del consumidor.
A tal extremo llega la adaptación a ese
sistema de diseminación que, en algunos casos, las semillas no germinan o tienen
dificultades en hacerlo, si no pasan a través del tubo digestivo de algún consumidor.
Nada menos que las sabinas, los arboles mas emblemáticos de Los Monegros, dispersan sus
semillas mediante esta adaptación (endozoocorismo).
La invernada en las saladas y hoyas
El ecosistema de las saladas esta adaptado
para desarrollarse durante el lapso de tiempo que hay desde las lluvias otoñales hasta el
momento en que vuelven a desecarse las lagunas. En años secos puede no haber, o ser muy
escaso, desarrollo biológico en esas lagunas, mientras que en años excepcionalmente
húmedos no llegan a desecarse. En todo caso, parece que es el invierno la época mas
propicia para el desarrollo de la biocenosis, pues parece que alguno de sus principales
componentes únicamente eclosiona ante bajas temperaturas, garantía de persistencia de la
lamina de agua y su oxigenación.
La biocenosis de las saladas es sencilla,
pero no por eso escasa. Ello es debido a que, al recoger las escorrentías de toda su
cuenca, no falta fertilidad, si bien la extremada salinidad limita el numero de especies
que puedan colonizar tales lugares.
Aparte del tapiz de algas cianofíceas,
que en general recubre el fondo y de bacterias y algas planctónicas, la estructura de la
biocenosis es el de una pradería que puede ser continua y compacta de Riella sp. y
Ruppia drepanensis y sendos crustáceos, Eucypris aragonica y Branchynectella
media, uno "roedor", el segundo filtrador.
Por lo tanto las lagunas ofrecen en
invierno unos recursos tróficos nada despreciables en calidad y biomasa que en áreas
costeras han sido descritas como la base de alimentación de aves acuáticas como el
flamenco (Phoenicopterus ruber) y el tarro blanco (Tadorna tadorna).
Sin embargo, la irregularidad de las
precipitaciones y sobre todo la sequía que sufre la comarca desde hace mas de diez años,
hacen cada vez mas raro el desarrollo de la biocenosis descrita, con lo que la invernada
de abatidas es irregular. Pero los años en que el desarrollo ha sido el suficiente, las
lagunas se llenan de abatidas entre las que destacan el numero inusual de las de invernada
litoral, tal como el mencionado tarro blanco, anadee rabudo (Anas acuta) y anadee
silban (Anas penelope).
La rápida respuesta de las aves
acuáticas a la repleción de las lagunas, permite pensar en que estas constituyen un hito
importante, aunque irregular en su migracion, de modo que son prospectadas en época de
paso y ocupadas o no según sus condiciones.
No muy abundantes, también existe una
cierta invernada de limícolas en las orillas de las lagunas, en las que mariscan los
mencionados crustáceos. Las lavanderas (Motacilla alba) y algún bisbita también
aprovechan desde la orilla tales recursos.
En ocasiones se observan garzas reales (Ardea
cinerea) en las saladas. Por supuesto, nada de lo que ahí se cría puede servir de
alimento para ellas, pero si que les proveen de un buen refugio. El alimento lo consiguen
en la llanura, sean invertebrados, sean topillos.
Las hoyas, cuando se llenan, ofrecen otro
tipo de biocenosis, mucho mas compleja. La vegetación en general es una gran masa
continua de Chara aspera entre la que se desarrolla una notable población de
invertebrados como Heterocypris barbara, Daphnia atkinsoni, Candona
neglecta, heterópteros, larvas de mosquito, de quironómido, muy numerosas,
depredando sobre los anteriores. larvas de odonatos y según la época de sapo corredor (Bufo
calamita ). Toda esa biomasa atrae a cantidad de depredadores, en breve lapso de
tiempo. Así en Los Fabares de Candasnos, convertidos en laguna debido a una lluvia
torrencial otoñal, dio el siguiente censo de invierno:
Tarro blanco (Tadorna tadorna) 1
Garcilla bueyera (Bubulcus ibis) 8
Cerceta común (Anas crecca) 50
Anade real (Anas platyrrhynchos) 16
Anade rabudo (Anas acuta) 4
Pato cuchara (Anas clypeata) 10
Avefria (Vanellus vanellus) 35
Gaviota reidora (Larus ridibundus)
4
Posteriormente, ya en primavera llegaron
cigüeñuelas (Himantopus himantopus) y archibebes comunes (Tringa totanus),
y una pareja de gaviotas reidoras hizo nido. Pero la laguna ya se había casi desecado y
el intento de nidificaron no prosperó.
La invernada de los poiquilotermos
Algunos anfibios que mantienen su
actividad con temperaturas bajas, como el sapo común (Bufo bufo), pueden
observarse durante todos los meses del año, cuando el invierno es benigno. Si el invierno
es mas frío, sufren una parada en su actividad, que ni en los inviernos mas crudos es
superior a los tres meses.
Los reptiles que colonizan Los Monegros
precisan temperaturas mas elevadas para mantener su actividad, de modo que es obligatoria
una parada invernal, a pesar que puede ser muy corta. En inviernos benignos, hemos
observado reptiles activos, tal como Podarcis hispanica y Elaphe scalaris , siempre
en lugares soleados y abrigados.
La actividad de algunos grupos de
artrópodos y sus larvas, se mantiene durante todo el invierno. Evidentemente, el numero
de individuos activos desciende notablemente, pero en este caso el modo de invernar es
distinto al de los vertebrados, pues muchos invertebrados pueden mantener su actividad
justo a partir del momento en que la temperatura sobrepasa un cierto umbral, aun que sea
durante unas pocas horas al día.
Algunos grupos, como los oligoquetos,
tienen su máximo de actividad durante los meses invernales, siendo mas limitante para
ellos la falta de humedad que la temperatura, raramente muy baja en el suelo.
Así, la oferta trófica de invertebrados
activos, se mantiene, reducida, durante todo el invierno.
La invernada en las aves
Las aves son el grupo animal mas notable
del invierno monegrino o dicho de otro modo, Los Monegros, en la actualidad, tienen un
papel primordial en la invernada de algunos grupos de aves procedentes de Europa o de las
cordilleras que los enmarcan. Además son limite septentrional de invernada de algunas
especies de aves.
Un paseo en invierno por la comarca, puede
sorprender: los bosques, frescos, ofrecen abundante alimento a numerosas especies
orníticas. En verano, las efedras se rompen bajo el peso de los gálbulos carnosos de
vivo color rojo y amarillo. En invierno van madurando secuencialmente los frutos y
gálbulos de los rosales silvestres, los escambrones, los lentiscos, las sabinas, el
muérdago, etc..
Nada queda al azar, sino que en general
existe una planificación optima, seleccionada a lo largo de milenios, de modo que se
obtenga en estos casos beneficio reciproco, tanto para los productores como para los
consumidores.
Así, la planta produce un fruto o un
gálbulo que además de contener la simiente, ofrece un aspecto y colorido apetitoso,
además de alimento abundante, tanto energético como plástico. De la misma manera que la
migracion de muchas especies de aves seria imposible de no existir estos recursos
energéticos, muchas de las plantas productoras de bayas, tendrían serias dificultades en
repoblarse de no ser por el papel que juegan las aves en la diseminación de las semillas.
Por que al hablar de coevolución, entre
plantas y animales, no se habla de forma frívola ni mucho menos. Tanto es así, que
algunas de las semillas que ofrecen una cobertura apetitosa a las aves, no germinan si no
pasan previamente por el tubo digestivo de un vertebrado. Queda claro que germinar en
numero centenario junto a la raíz de la planta madre, no sirve para nada. Como mucho,
para debilitar al progenitor.
Entre las plantas importantes cuya
diseminación es endozoocora, está la mas emblemática de Los Monegros: la sabina.
De la sabina (o de las sabinas, negra y
albar), mucho se ha escrito, con tono poético y sin grandes conocimientos sobre el tema.
Pero queda por resolver multitud de cuestiones basadas en habladurías sin base
científica y que, en muchas ocasiones, son algo tendenciosas, con el propósito de
explicar el caótico estado de los sabinares, o las repoblaciones, a contrapelo, de otras
especies.
Entre otras se ha dicho que la semilla de
la sabina es incapaz de germinar si no pasa por el tubo digestivo de las ovejas y que dada
la escasez de sabinas y de rebaños en el valle del Ebro, debe entenderse como una clara
tendencia a la desaparición de tal arbolado, irrecuperable por lo tanto, etc.
Queda por demostrar la absoluta
incapacidad de germinación de la simiente de la sabina, pero si así fuera, no seria nada
extraño, ya que como se ha dicho germinar en gran cantidad al pie de la planta madre no
tiene sentido. Pero tal cosa no tiene mayor inconveniente si se quiere obtener una
plantación domestica de sabinas.
Existen otras plantas con similares
características reproductivas que no presentan obstáculo para ser cultivadas, entre
ellas la hierba mate, tan utilizada en Sudamérica y cuyas semillas superblindadas, no
nacen si no son sometidas a una previa digestión. El problema se resuelve con facilidad
dando de comer los frutos a las gallinas y posteriormente sembrando la gallinaza que
contiene las semillas.
Pero las sabinas son anteriores al hombre,
a las ovejas y a las gallinas y, como cualquier otra planta de diseminación endozoocora,
tiene que tener sus especies características diseminadoras. Así, además de los mas
comunes bandos invernales de zorzales comunes (Turdus philomelos) y alirrojos (T.
iliacus), he podido observar al final del invierno grandes bandadas de los, en general
mas raros, zorzales reales (T. pilaris) comiendo los gálbulos de las sabinas de la
Sierra de Alcubierre y diseminando de forma llamativa sus semillas junto a las heces al
pie de posaderos y bebederos.
Muy posiblemente otras especies de aves y
de mamíferos actúen de diseminadores: por lo menos en otras especies del genero Juniperus
he observado sus gálbulos en heces de zorro, garduña y chova piquirroja. Nunca en
oveja y si así fuera, mejor, pero mucho me temo que ellas solo sepan comer el gálbulo
ciado que, con mucha frecuencia, es estéril, al estar parasitado.
Creemos poder asegurar que la coevolución
de las sabinas con las aves migratorias es ni mas ni menos igual que en otras especies de
arboles o arbustos que necesitan ayuda para la diseminación de sus semillas y que a tal
fin han seleccionado un sistema de recompensa al diseminador.
Otro caso notable en la adaptación
planta- consumidor, es el del muérdago (Viscum album). Abundante, hasta el punto
de parecer plaga, no afecta en demasía el desarrollo de los pinos (Pinus halepensis)
en todos los pinares de la comarca. Y parece tan bien aclimatado que el ave mas frecuente
en invernada en esos bosques es el zorzal charlo (Turdus viscivorus), el tordo
comedor de visco, según dice su nombre científico, al que se observa en bandos de
centenas durante todo el invierno. No hay tronco de pino en los bosque monegrinos, que no
sea expuesto a la propagación del parásito, a partir de las heces del tordo y es
llamativo el acumulo de sus simientes, allí inviables, recubriendo las orillas de las
charcas donde acuden a beber. La curruca cabecinegra (Sylvia melanocephala) es otra
asidua consumidora de tal fruto. El zorzal charlo también es un consumidor- diseminador
de las semillas de sabina, pero de menor cuantía que en el caso del muérdago.
En las áreas deforestadas la invernada es
bien distinta. Sobre todo las llanuras cultivadas, dan al paisaje un aspecto especial. La
amplia superficie ondulada, verdeante por el cereal recién nacido, humedecida con
frecuencia por la niebla, sin déficit hídrico, da al paisaje aspecto norteño, de
pradera centroeuropea. En ocasiones allí se observan bandos invernantes de aves que en
verano se reproducirán en la tundra o en praderas ralas pastadas por el vacuno en zonas
de influencia atlántica. Las avefrías (Vanellus vanellus) son las mas típicas y
abundantes, pero no faltan los chorlitos dorados (Pluvialis apricaria), muchas
veces "guiando" los bandos antes citados. Y escasos, pero muy ejemplares, los
zarapitos, el real (Numenius arquata) mas frecuente que el trinador (Numenius
phaeopus).
En las estepas y en ocasiones en los
barbechos, mas en migracion que como invernante, el chorlito carambolo (Eudromias
morinellus) es otro de las limícolas que pueden observarse en Los Monegros. Seria
interesante saber si se trata de chorlitos norteños o son los escasos autóctonos
pirenaicos, lo que si parece claro es que su presencia es tradicional y que fue
suficientemente abundante, como para que al otro lado del Ebro, en tierras de Belchite,
exista un topónimo, el Saso de los Chorlitos, donde al parecer, también
tradicionalmente, fue diezmado por los ceperos. Aun, en los años ochenta, he tenido la
oportunidad de ver uno de ellos, muerto simplemente como exhibición de poderío, por
pajareros zaragozanos, que lo trajeron a una reunión a la que yo asistía.
Entre las rapaces, son muy frecuentes los
invernantes. Actualmente se han realizado algunos censos que permiten estimar el numero de
invernantes en el Valle del Ebro y desde luego, su importancia es grande, hasta el punto
de ser recomendable que se tenga en cuenta en cualquier ordenación territorial, ya que
allí pasa el invierno la mayor parte de las poblaciones europeas de varias especies.
Entre ellas los ratoneros (Buteo buteo),
que multiplican su población estival por cinco o mas. Además, dentro del polimorfismo de
la especie, existen variaciones dominantes regionales: de los pequeñajos y oscuros
ratoneros nidificantes a los grandes y blancos invernantes, hay tanta diferencia que
diríase que forman otra especie. Y no pretenda nadie, tomar con segundas esta especie de
guiño de la Naturaleza.
La invernada del milano real(Milvus
milvus) es brutal. Miles de ellos pasan el invierno en la zona aragonesa del Valle del
Ebro, reuniéndose en dormideros de centenares de ellos en tranquilas arboledas de los
sotos fluviales.
También es notable el incremento del
numero de cernícalos (Falco tinnunculus), mientras que pasa casi desapercibida la
escasa afluencia, en muy concretos lugares de la subespecie europea de halcón común (Falco
peregrinus peregrinus, contra la nidificante, mas pequeña y mas oscura, Falco
peregrinus brookei).
Muy espectacular es, en inviernos fríos,
la invernada de lechuzas campestres (Asio flammeus). De comportamiento gregario en
invierno, durante el reposo diurno, pueden verse bandadas de decenas de ellas. Dispersas
por la llanura durante la noche, capturan los abundantes micromamíferos de la zona. En
los nuevos regadíos monegrinos, en amplios alfalfares, en la actualidad alguna pareja
ensaya en verano la nidificación, aportando una nueva especie autóctona a las aves
ibéricas.
Otras aves, como las pteróclidas, las
palomas, las avutardas, algunos córvidos, etc, aunque no incrementen el numero de
individuos durante el invierno, cambian de conducta, volviéndose gregarios. Así, en
ocasiones pueden observarse la practica totalidad de las poblaciones de una vez tal como
50 avutardas al sur de Bujaraloz o bien 8oo ortegas en la Hoya de Benamud. Estrategias de
defensa en la naturaleza, que pueden volverse en contra de la especie ante la
intervención humana, ya que su concreción en un determinado lugar puede ser motivo que
facilite el ser diezmadas.
Las aves forestales insectívoras en
general, incrementan tímidamente sus efectivos en los pinares y sabinares monegrinos. Por
el contrario son los paseriformes granívoros los invernantes mas numerosos de la comarca.
Las bandadas de pájaros son milenarias, pocas veces monoespecíficas, en general mixtas.
Los escribanos montesino, soteño y
cerillo (Emberiza cia, E. cirlus y E. citrinella), son poco
abundantes, los trigueros por el contrario, junto al escribano palustre (Miliaria
calandra y Emberiza schoeniclus) se reúnen en bandadas de miles de ellos para
dormir en carrizales. También hemos visto dormidero de mas de mil aves, de gorrión
chillón (Petronia petronia) en un gran pino de Villanueva de Sigena.
Pero donde se ve la vocación de albergue
invernal de Los Monegros, es con los fringílidos y los alaúdidos. Pardillos (Acanthis
cannabina), jilgueros (Carduelis carduelis) pinzones comunes (Fringilla
coelebs), verdecillos (Serinus canarius), verderones (Carduelis chloris),
forman hordas conjuntas de muchos centenares, muchas veces millares de aves y por otra
parte terreras (Calandrella rufescens), alondras (Alauda arvensis) y
calandrias (Melanocorypha calandra), sin que en general se mezclen ambas familias.
Siempre en grupos de poca entidad, se reúnen durante el invierno las cogujadas (Galerida
sps) y la alondra de Dupont (Chersophilus duponti).
Lo multitudinario de la bandada, ventajosa
en la defensa ante depredadores, se convierte en estresante, ya que la mas mínima señal
de alerta por parte de uno de los individuos, pone en movimiento a todo el grupo. Existe
un tamaño optimo de bando, que oscila sobre poco mas de mil aves.
Una serie de especies emigrantes,
encuentra en Los Monegros el limite septentrional para pasar el invierno. Al observar los
mapas de distribución, parece que el hecho es desconocido, mas aun cuando incluye una
especie considerada estival en la Península Ibérica: Upupa epops, Oenanthe
oenanthe, Coturnix coturnix e Hirundo rupestris, tienen en Los Monegros
zonas de invernada desconocidas.
Los mamíferos
Poco hay que destacar sobre la invernada
de los mamíferos en Los Monegros actuales. Quizás, antaño, fueron estancia invernal de
los ungulados salvajes, trashumantes desde los altos pirenaicos, con los lobos y otros
carnívoros tras ellos.
Después, se sustituyeron los ungulados
salvajes por los domésticos, aprovechando las inmensas superficies de estepas aun
existentes. Repito que, aun a principios de siglo, según me contaba en Candasnos D.
Francisco Pueyo, algún lobo bajaba tras los rebaños de ovejas.
En la actualidad, escasos rebaños
trashumantes bajan desde el Pirineo y por supuesto, ningún lobo.
El lirón careto (Elyomis quercinus),
duerme con las bajas temperaturas del invierno y también los poco conocidos murciélagos.
Y poco o nada mas, pues el invierno de Los
Monegros, aun siendo continental, no es excepcionalmente duro para los mamíferos, de no
ser por que coincide con el levantamiento de la veda de caza... .