Hay horas de días y
días del año en que en Los Monegros es posible no poder observar otra fauna que no sea
la de invertebrados y es que son, con mucho, el grupo animal mejor representado tanto por
el número de sus especies e individuos, por supuesto, como por su capacidad de utilizar
todos y cada uno de los recursos que la estepa ofrece y ser por lo tanto omnipresentes.
Y pese a ello, si de algún grupo
biológico lo ignorábamos casi todo en Los Monegros, ese es el de su entomofauna. La
flora y vegetación vienen siendo estudiadas, fundamentalmente por botánicos catalanes,
desde los años 50 y las publicaciones de José Manuel Falcón, Adolfo Aragüés, Javier
Lucientes y César Pedrocchi fijaron ya las especies monegrinas más sobresalientes en
cuanto a herpetofauna y aves se refiere. Pero desde que el sacerdote jesuíta P. Longinos
Navás estudió a principios de siglo varios grupos de insectos de los alrededores de
Zaragoza, se abrió un largo paréntesis en el conocimiento entomológico de las estepas
áridas aragonesas que, roto sólo por algunos estudios concretos referidos únicamente a
las saladas monegrinas, sólo hoy se está intentando cerrar.
Y es que el paisaje estepario, tan
desolado si se le mira sólo superficialmente, ha sido obviado además de por las gentes
en general - repelidas por la ausencia de árboles -, por los entomólogos que pensando
estar ante ambientes degradados y sin valor han preferido estudiar medios aragoneses
aparentemente más agradecidos como los bosques pirenaicos o las riberas de los ríos:
"la de veces que he cruzado Los Monegros por la N-II y nunca se me había ocurrido
muestrear ..." es una frase que se repite.
El caso es que desde finales de los años
ochenta, un equipo de más de 100 taxónomos ha venido estudiando la fauna de
invertebrados asociada a las comunidades vegetales sobre yeso de Los Monegros, con unos
resultados espectaculares ya que, sin estar terminado, se han inventariado hasta el
momento más de 3.500 especies (supone por ejemplo el 25% de la fauna no
lepidopterológica conocida del Perú), con un centenar de ellas descubiertas como nuevas
para la ciencia.
Esta riqueza biológica hace que el nombre
de Los Monegros vaya en el futuro y en los ambientes científicos y naturalistas, ligado
también al de su originalidad entomológica, ya que ésta ha contribuído de forma
considerable a proporcionarnos la información necesaria para que empecemos a cambiar la
concepción de que la estepa monegrina no es un paisaje devaluado sino un ecosistema
maduro.
Y una OBSERVACIÓN MUY IMPORTANTE: siempre
que en este capítulo se mencione a Los Monegros, la cita se refiere sin excepción a la
estepa monegrina original, es decir, a las saladas y su entorno y a los suelos yesosos
cubiertos por matorral más o menos ralo en pendientes y cimas de cerros y por lastonares
y albardinales en los fondos de val, siendo indiferente la presencia o no sabinas. Queda
excluido el paisaje ahora dominante, pero tan nuevo, de lo que se ha venido en llamar
"estepa cerealista", de indudable valor ornítico, pero que resulta un verdadero
desierto botánico y entomológico.
Adaptaciones de los invertebrados al
ambiente estepario
Los Monegros poseen unas condiciones
edáficas, climáticas y florísticas que van a condicionar las presencias o ausencias de
su fauna. Encontraremos sólo aquellas especies de invertebrados que posean estrategias
que les permitan explotar unos recursos impredecibles y a menudo escasos, eludir o
soportar unas condiciones climáticas extremas y resolver con éxito su relación con
otras especies animales.
Es por ello que este capítulo se va a
organizar enumerando diferentes características del paisaje y ambiente monegrinos para
conocer algunas adaptaciones de la fauna de invertebrados a los mismos.
Gran parte del suelo no está cubierto
por la vegetación
La escasez de lluvia y la pobreza en
nutrientes de los suelos yesosos esqueléticos provoca en las plantas un sistema radicular
superficial que hace que la estructura de la vegetación sea rala, apareciendo grandes
superficies de suelo cubierto apenas por una costra de líquenes o, si está muy
degradado, completamente desnudo: serán abundantes, por tanto, las especies de
invertebrados marchadoras y con frecuencia ápteras.
El orden Coleoptera presenta sin duda
algunos de los ejemplos más característicos de especies terrestres, siendo Akis genei,
Pimelia villanovae, Blaps lethifera y Blaps lusitanica
(Tenebrionidae), todos negros, grandes y ápteros, realmente ubicuos al poder ser
encontrados a cualquier hora y en cualquier sitio caminando con su parsimonia peculiar.
Detritívoros, se agrupan en verano junto a los hormigueros aprovechando los restos que
las hormigas sacan al exterior.
Otro coleóptero realmente llamativo es la
aceitera, vinatera o carraleja (Meloë majalis (Meloidae)). Su abdomen
hipertrofiado, negro con bandas anaranjadas y que arrastra al caminar, lo hace
inconfundible. Deposita las puestas en el suelo y las larvas, al nacer, se encaraman a las
flores próximas esperando la llegada de una abeja a la que se agarrarán para ser
transportadas a la colmena y alimentarse allí de huevos y larvas. El adulto es fitófago.
Destacar finalmente otro coleóptero
áptero y más discreto: Iberodorcadion molitor navasi (Cerambycidae), endemismo de
la depresión del Ebro asociado a lastonares y albardinales, de cuyas raíces se alimenta
su larva.
Es notable la abundancia de especies
terrestres de hormigas (Hymenoptera, Formicidae) y su densidad: Tapinoma nigerrimum
o Messor barbarus, de hábitos granívoros, forman hileras de decenas de metros
explorando el suelo en busca de semillas y restos vegetales. Y como ejemplo de animal
marchador, no podría dejarse de citar a Ommatoiulus rutilans (Diplopoda, Iulidae),
el único milpiés realmente abundante de la zona y que aparece tras las lluvias o con el
suelo relativamente húmedo. En cualquier caso, el tener que coordinar tanta pata le
imposibilita para ser rápido, basando su estrategia defensiva en enrollarse emitiendo una
sustancia tóxica.
Si se es comestible y apetecido, es
necesario ser hábil en la huída o pasar inadvertido .. o mejor las dos cosas a la vez.
Este es el caso de algunos Orthoptera como Oedipoda caerulescens (Acrididae), buen
volador y que presenta una enorme variabilidad de diseño entre ejemplares, adquirida en
sus estadios juveniles, como consecuencia de la adaptación de colores al sustrato: el
resultado es un cripticismo casi perfecto en consonacia con la coloración de los
líquenes terrestres dominantes de la zona donde el saltamontes vive.
Una estrategia habitual que se repite en
diferentes grupos de invertebrados en zonas con suelos descubiertos, es la presencia de
especies con hembras ápteras y machos alados. Destacar en Los Monegros las once especies
de Mutillidae (Hymenoptera) o las dos del género Parapnyxia (Diptera, Sciaridae),
las únicas conocidas del occidente europeo y cuyas hembras se refugian en agujeros del
suelo.
Las presas terrestres son abundantes
La abundancia de especies y densidad de
individuos de fauna de carácter terrestre es un recurso que va a ser aprovechado por unos
predadores adaptados también a la marcha o a utilizar técnicas apropiadas para su
captura.
Sin duda una de las especies más
representativas como predador en zonas áridas es Glubia dorsalis (Solifuga,
Daesiidae): muy rápida, explora el terreno con sus dos palpos a modo de tentáculos
reduciendo con rapidez presas de mayor tamaño a una masa informe. El elenco de predadores
que cazan en el suelo puede completarse con elementos como el escorpión (Buthus
occitanus (Scorpionida, Buthidae)), las arañas de la familia Salticidae, que capturan
a sus presas acechando y saltando sobre ellas con una técnica similar a la de un felino,
o la tarántula (Lycosa tarentula (Araneae, Lycosidae)), cuyos nidos tubulares con
una estructura de palitos, hierbas y cagarrutas de conejo rodeando la entrada son tan
característicos de la estepa. Se ha comprobado cómo fracasan en sus ataques a Phyllogmathus
excavatus (Coleoptera, Dynastidae) cuya dura cubierta quitinosa no pueden atravesar
con sus quelíceros.
Existen también especies no propiamente
marchadoras y que utilizan diversas técnicas que les permiten predar sobre la fauna
terrestre. En los suelos más sueltos y profundos al abrigo de las matas, las larvas de la
hormiga león Myrmecaelurus trigrammus (Neuroptera, Myrmeleontidae) esperan en el
fondo de una especie de cráter preparado para interceptar el paso de hormigas y otros
pequeños artrópodos: las paredes de granitos sueltos se deslizan debajo de las patas de
las presas impidiendo la salida.
Nemesia dubia (Araneae, Ctenizidae)
excava nidos en el suelo cuya abertura oculta con una tapadera hecha de seda y cubierta
con materiales de su entorno haciéndola invisible: cuando una presa pasa cerca del nido,
las vibraciones son detectadas por la araña que sale al exterior capturándola con
extrema rapidez.
Pero uno de los predadores mejor
capacitados para capturar fauna terrestre mediante trampas es Latrodectus schuchi
(Araneae, Theridiidae), una de las arañas conocidas vulgarmente como viudas negras. Teje
un nido semiesférico ubicado entre las ramas de un arbusto del que parte un hilo
horizontal hasta otra planta próxima y, de él, otros verticales hasta el suelo que
interceptan el paso de sus presas. De veneno muy poderoso, las carcasas de todos los
grandes artrópodos terrestres de la estepa (Akis, Blaps, Pimelia, Carabus,
Buthus, Lycosa, ...) penden a modo de trofeo de las paredes del nido.
Destacar, finalmente, que ser un predador
de fauna terrestre no implica necesariamente ser áptero. Los escarabajos Cicindelidae Taenidia
circumdata imperialis sobre la sal de las lagunas monegrinas y Cicindela maroccana
pseudomaroccana sobre los suelos yesosos, son excelentes voladores con patas largas y
finas perfectamente adaptadas a la carrera. Otros grupos no estrictamente terrestres, como
los Tiphidae (Hymenoptera) por ejemplo, exploran incesantemente el suelo y el interior de
las grietas en busca de presas.
La floración de las plantas es impredecible
El agua de lluvia es en Los Monegros el
factor decisivo que provoca el desarrollo de los terófitos o plantas efímeras y la
floración de las especies fruticosas y así, habitualmente, la primavera y el otoño
suelen ser las estaciones más húmedas y por lo tanto más floridas. Pero
"habitual" no es "seguro" cuando nos referimos al clima monegrino y
las primaveras y otoños secos vienen sin flores y los veranos húmedos las tienen.
La fauna de invertebrados no acuática,
sin embargo, no regula su emergencia en función de la humedad del suelo, excepto especies
estrictamente edáficas como algunos Collembola, sino que depende de factores como el
fotoperiodo o la temperatura. Es por tanto posible comprobar como las especies cuyos
imagos tienen una existencia corta aparecen año tras año en la misma fecha
independientemente de la lluvia caída y así, por citar tres ejemplos de insectos
conocidos sólo de Los Monegros, los machos de Lychnocolax hispanicus (Strepsiptera,
Myrmecolacidae), (las hembras son parásitas endógenas y no salen nunca del huésped),
volaron del 14 al 29 de abril en 1990 y del 21 de abril al 7 de Mayo en 1991; Myrmedobia?
blascoi (Heteroptera, Microphysidae), una especie de posibles hábitos liquenícolas
asociada a los troncos de la sabina albar (J. thurifera), se ha capturado sólo en
la semana del 10 de mayo de 1992, la del 13 de mayo de 1994 y la del 29 de mayo de 1996 y,
finalmente, Dasytes blascoi (Coleoptera, Melyridae), de hábitos florícolas, fue
colectado del 29 de abril al 3 de mayo en 1990, del 27 de abril al 24 de mayo en 1991 y
del 25 de abril al 8 de mayo en 1992.
Es por ello que puede ocurrir y ocurre el
que haya invertebrados florícolas sin flores y flores sin invertebrados. El año 1994
puede ser un ejemplo típico: un final de invierno y primavera extremadamente secos
impidieron la floración de las plantas y las pocas existentes mantenían verdaderas
melés de insectos de diferentes órdenes compitiendo por el polen y/o néctar; así Dasytes
blascoi, que explota habitualmente las flores de los Helianthemum y, sin ser
raro, es de localización difícil, aparecía en todos los pocos Hypecoum en flor
existentes, plantas a las que habitualmente no visita. Cuando a principios de julio
vinieron las lluvias, los campos y orillas de caminos se llenaron rápidamente con las
flores de los terófitos ... pero estaban absolutamente vacías de insectos.
La comunidad de invertebrados florícolas
de Los Monegros, pues, no cuenta con la posibilidad de ajustar su emergencia a la de las
flores, por lo que su presencia en la zona se debe al uso de otras estrategias como pueden
ser una polifagia que les permite aprovechar cualquiera que sea el recurso que encuentren,
una capacidad reproductora elevada para recomponer la población desde un mínimo en
cuanto las condiciones vuelven a ser apropiadas o la posibilidad de recolonizar la zona
desde áreas vecinas.
Las plantas tienen un periodo de
floración corto
Aún dentro de la irregularidad climática
de Los Monegros, existe una normalidad en la que cada planta viene a desarrollar sus
ciclos vitales en una época determinada y así el romero (Rosmarinus officinalis)
puede florecer desde mediados de invierno y la albada, albata o jabonera (Gypsophila
struthium) lo hace en verano.
Lógicamente, las especies florícolas
monófagas poseen unos ciclos ajustados a los de su planta huésped y por lo tanto deben
de organizar su fenología a la del vegetal del que dependen: la puesta de Eupithecia
oxycedrata (Lepidoptera, Geometridae) se produce cuando los conos del enebro de la
miera (Juniperus oxycedrus) están en sazón ya que sus orugas se alimentan de
ellos. Pero las especies longevas deben ser inevitablemente polífagas siendo Bombus
terrestris (Hymenoptera, Apidae) un caso típico.
Bombus terrestris es el único
abejorro detectado en Los Monegros por debajo de los 700 metros, lo que indica cómo la
zona no es apropiada para este grupo de insectos florícolas de tamaño mediano y grande,
habiendo sido citado activo desde el 10 de febrero hasta el 23 de noviembre. ¿Qué
recursos utiliza esta especie?. Podría ser útil conocer la fenología floral de las
plantas de que Bombus terrestris y otras especies florícolas de tamaño grande
como Xylocopa iris (Hymenoptera, Anthophoridae), Scolia erythrocephala
(Hym., Scoliidae) o Potosia cuprea (Coleoptera, Cetoniidae) dependen en gran
manera. Durante 1992, y en una zona yesífera a unos 350 m.s.n.m., fue la siguiente:
Fenología floral de las especies
utilizadas por Bombus terrestris
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Meses |
Especie |
I |
II |
III |
IV |
V |
VI |
VII |
VIII |
IX |
X |
XI |
XII |
| Terófitos |
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| Genista scorpius |
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| Gysophila
struthium |
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| Onopordum
corymbosum |
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| Onopordum nervosum |
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| Retama
sphaerocarpa |
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| Rosmarinus
officinnalis |
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En invierno Bombus terrestris puede
aprovechar las flores del romero (R. officinalis) que aparecen esporádicamente en
sitios abrigados hasta que en marzo florezca la aliaga (Genista scorpius); desde
esta fecha hasta finales de mayo tienen la explosión de flores de la estepa que a
primeros de junio está reducida ya a la retama o ginestra (Retama sphaerocarpa),
muy utilizada pero de corta duración, las últimas flores de Onopordum corymbosum
y las primeras de O. nervosum, los grandes cardos esteparios tan apetecidos, y las
primeras también de la albada (G. struthium), que son en este momento
prácticamente ignoradas; en julio quedan sólo las últimas flores de O. nervosum
y las de G. struthium, permaneciendo éstas últimas hasta el otoño, siendo
absolutamente esenciales para la fauna florícola estival de Los Monegros ya que es el
único recurso con el que pueden contar (habría un paréntesis floral de terófitos y
caméfitos otoñales si esta estación es húmeda ..). En cualquier caso, G. struthium
no es una planta apropiada para Bombus terrestris debido a la pequeñez de las
flores y la delgadez y flexibilidad de los tallos que se comban con el peso del abejorro.
Por supuesto que si por cualquier causa se
interrumpe la sucesión antes expuesta, no hay posibilidad de encontrar sustitutos y la
población de Bombus queda diezmada llegando a desaparecer si la situación se
repite en años consecutivos. Puede, en esta y otras especies de invertebrados, darse en
años adversos una adaptación similar al nanismo de los vegetales: unas larvas mal
alimentadas en primavera darán obreras diminutas capaces de aprovechar flores de tamaño
inferior a las que habitualmente accede la especie.
Algunas plantas no fructifican todos los
años
Algunas de las plantas que se encuentran
al límite de su mínimo necesario para vegetar en Los Monegros son incapaces de florecer
y fructificar todos los años. Un ejemplo típico podría ser la efedra fina (Ephedra
nebrodensis).
Una primera limitación para esta especie
es el frío y así, E. nebrodensis, que es termófila, aparecerá sólo en las
cimas de lugares elevados o bajo la protección del ramaje de especies mayores como la
sabina albar (J. thurifera). Por otra parte, las primaveras secas abortan la
floración y por tanto la producción de semillas es nula, no reproduciéndose esos años.
Su falta de adaptación al régimen hídrico monegrino es tal que llega a
"equivocarse": en 1996, el final del invierno fue excepcionalmente húmedo y Ephedra
fructificó de forma generalizada, pero la primavera fue seca en extremo. Los pies
masculinos (E. nebrodensis es una especie dioica) mostraban un saludable color
verde mientras los femeninos, habiendo gastado sus reservas en la producción de sus
frutos carnosos, aparecían semisecos llegando algunos a morir. Realmente quedaron tan
exhaustas que en 1997, pese a ser un invierno y primavera realmente húmedos, no hubo
producción de semillas y era todavía posible distinguir el sexo de los pies por el
aspecto que presentaban: un año adverso más y la mortandad entre las hembras hubiese
sido muy elevada.
El estudio de la entomofauna asociada a
las semillas de E. nebrodensis en Los Monegros ha permitido descubrir una comunidad
que estaba sin describir y que mantiene una interrelación muy interesante entre sí y con
la planta. Así la larva de Blascoa ephedrae (Hymenoptera, Pteromalidae) se
alimenta de las semillas y es parasitada por Mesopolobus arcanus y Mesopolobus
semenis (Hymenoptera, Pteromalidae), que parasita a su vez también a M. arcanus,
una especie de Eupelmus sp. (Hym., Eupelmidae) de taxonomía dudosa, Aprostocetus
lutescens y Baryscapus aenescens (Hymenoptera, Eulophidae) y una especie de Bracon
sp. (Hymenoptera, Braconidae) que se encuentra en estudio.
E. nebrodensis produjo semillas en
Los Monegros en los años 1994 y 1996, pero no en 1995 (que fue un año seco) y 1997 (en
que se dieron las condiciones de humedad para que fructificase, pero no fue así por los
motivos antes expuestos). ¿Qué estrategia sigue esta comunidad para solventar los años
en que no hay semillas?. El fitófago, B. ephedrae, nunca emerge el mismo año en
que la larva comienza su desarrollo y, después de hibernar en el interior de la semilla,
los imagos vuelan en Mayo, que es la época en que deberían de encontrar los frutos ....
pero no todos los ejemplares a la vez. De 1.751 semillas de E. nebrodensis
colectadas en 1994, emergieron 68 especímenes en 1995, 43 en 1996 y quedaban todavía
larvas vivas en el interior de las semillas que irán emergiendo en años sucesivos. De
sus parasitoides, A. lutescens es el más eficiente (destruye el 35% de las larvas
de Blascoa de un total del 63% de semillas parasitadas) y muestra la misma
estrategia que su huésped con 154 especímenes emergidos en 1994, 3 en 1995 y 26 en 1996.
De los demás, también B. aenescens y Bracon sp. muestran esta emergencia
parcial.
Así pues, la comunidad de Hymenoptera que
vive en las semillas de E. nebrodensis no es capaz de predecir la fructificación
de la planta, pero su emergencia escalonada le permite "tropezar" con un año de
semillas para recomponer su población.
No hay aguas permanentes
La principal característica que tienen en
común los humedales monegrinos tradicionales, tanto naturales como artificiales, es que
todos llegarán a secarse un año u otro. Es por ello que los organismos que los habitan
deben solventar esta situación y lo hacen fundamentalmente con formas de resistencia como
esporas, huevos o quistes capaces de soportar la desecación y congelación o con la
posibilidad de huída y recolonización del enclave cuando vuelva a reunir condiciones
favorables.
La primera estrategia es utilizada por la
fauna en la que todos sus estadios son subacuáticos, siendo la de las saladas monegrinas
la que presenta mayor interés y, de entre toda ella, el crustáceo Eucypris aragonica
(Ostracoda, Cypridae) por ser la especie más estrictamente adaptada a las condiciones
ecológicas de algunas de las saladas de Los Monegros.
En abril de 1948, los limnólogos V. Brehm
y R. Margalef visitaron la laguna del Piñol, que se encontraba seca, y recogieron unas
muestras de suelo al que añadieron agua en laboratorio. Un mes después comenzaron a
aparecer las hembras de un ostrácodo nadando junto al fondo y ascendiendo verticalmente
por los ángulos del acuario; tres semanas más tarde emergieron los machos: se había
descubierto una nueva especie que fue bautizada como Eucypris aragonica.
Posteriores estudios lo han localizado
sólo en once del centenar de lagunas y depresiones inundables de la plataforma de
Bujaraloz-Sástago .... y en ninguna otra parte del mundo. ¿Qué ocurre en esas once
lagunas que no pasa en ningún otro lugar conocido? Los ostrácodos en general tienen una
notable capacidad de dispersión ya que sus formas de resistencia pueden ser transportadas
por el viento o, a largas distancias, por las aves acuáticas migradoras al trasladarlas
entre el barro pegado a las patas u otra parte del cuerpo. E. aragonica no es una
especie partenogenética, por lo que deben dispersarse ambos sexos juntos, pero con toda
probabilidad que en algún momento de sus miles de años de existencia en Los Monegros ha
sido llevado siquiera al resto de las lagunas monegrinas por lo que su ausencia allí
indica que su localización estricta no es un problema sólo de dispersión.
Recientes estudios han demostrado que la
composición química del agua no es determinante en su distribución, ya que ésta se
repite en zonas cercanas, y que la especifidad del hábitat de E. aragonica está
vinculada a una composición iónica determinada, pues mientras con agua de la Laguna de
la Playa da una respuesta adecuada, no ocurre lo mismo con la de la Laguna Amarga o la de
Gallocanta, influyendo igualmente la relación entre salinidad y temperatura como
consecuencia de la evaporación del agua.
Lo habitual es que los organismos
acuáticos propios de aguas temporales estén adaptados a tolerar altas temperaturas, pero
en las saladas monegrinas las altas temperaturas implican pérdida de agua por
evaporación y, por tanto, una hipersalinidad que ninguna forma de vida, salvo la
microbiana, puede sorportar. Es por ello que E. aragonica debe dirigir su
estrategia a aprovechar los recursos de las lagunas cuando la salinidad resulta
soportable, es decir, cuando la lámina de agua sea mayor, lo que ocurre en invierno al
ser la época de más bajas temperaturas. La adaptación a este hecho es tal que la
temperatura óptima para alcanzar su desarrollo es de 2º a 10ºC, unos registros
excepcionalmente bajos para este grupo de organismos cuando, por ejemplo, ni en las
lagunas salobres de los países nórdicos existen ostrácodos que se desarrollen por
debajo de los 5ºC.
Otra adaptación de E. aragonica a
la estacionalidad de las saladas es la dominancia de ejemplares adultos sobre las fases
larvarias, hecho insólito respecto a las especies de ostrácodos de medios estables en
que la proporción de especímenes en diferentes estadios suele ser similar. Cuando la
cubeta de la salada pasa de estar seca a inundada, la primera generación de larvas
aparece de forma homogénea ya que eclosionan todas a la vez y, tras un periodo
excepcionalmente corto de poco más de una semana, se transforman en adultos alcanzando
entonces una longevidad aproximada de un mes: se da paso entonces a sucesivas generaciones
hasta que la hipersalinidad o la temperatura (el agua a 35ºC supone una mortalidad del
100%) detengan el proceso. Esta rapidez en la consecución de estadios reproductores se
interpreta como una respuesta a la inestabilidad del medio, ya que permite aprovechar un
mínimo de agua.
Quedan todavía muchas incógnitas que
resolver sobre la ecología de E. aragonica, como su relación con otras especies
de ostrácodos, tasa de predación o ciclos vitales. En cualquier caso es una especie a la
que debe prestarse atención ya que reúne dos de las condiciones necesarias para
extinguirse: estar altamente especializada y tener una distribución muy limitada.
Entre los coleópteros terrestres
presentes en las orillas de las saladas monegrinas se ha detectado también una
adaptación de interés a la estacionalidad de las mismas. Cuando se compara la sucesión
de especies en esta comunidad con la de zonas próximas, puede comprobarse cómo el ritmo
de cambio es mucho más acelerado en Los Monegros, escalonándose de manera rápida y
precisa, y así en poco tiempo aparecen unas y desaparecen otras. Es el caso, por ejemplo,
de los Cicindelidae Lophyridia littoralis y Taenidia circumdata imperialis,
que conviven sólo de tres a cinco días, evitándose de este modo la competencia
interespecífica entre especies con requerimientos tróficos similares en una carrera
"contra-reloj" ante la brevedad del agua de estas lagunas.
El resto de las aguas de Los Monegros, (a
excepción de las surgencias salobres de los barrancos entre Alfajarín y Osera y junto a
Gelsa, con una fauna de coleópteros acuáticos sumamente interesante relacionada con la
de las ramblas murcianas y una especie de Ochtebius en proceso de descripción, y
la Valcuerna, salobre también en origen y hoy transformada), son balsas y aljibes
construídos, algunos ya en la antigüedad, para almacenar el agua de lluvia. Se trata
pues de agua dulce que se mantendrá más o menos tiempo dependiendo de la ubicación,
dimensiones e intensidad de uso, pero que invariablemente acabará secándose los años
sin lluvia.
La fauna de los invertebrados que coloniza
estos enclaves, y también algunos en las saladas en un primer momento antes de que se
disuelva la sal del fondo, está compuesta por especies de gran capacidad de dispersión
tanto por medios directos como indirectos. Aparte de los organismos estrictamente
acuáticos como Hydrachnidae (Acari) y pequeños Crustacea (y no tan pequeños como Triops
cancriformis colonizando algunas balsas de la Sierra de Alcubierre) que obvian las
épocas de sequía utilizando formas de resistencia, el resto de los artrópodos
relacionados con el agua (Coleoptera como Dytiscidae y Hydrophilidae; Diptera como
Chyromoniidae y Culicidae; Heteroptera como Notonectidae, Gerridae y Corixidae ...) son
todos buenos voladores en estadio adulto, lo que les permite abandonar cualquier enclave
cuando el agua desaparece y recolonizarlo cuando las condiciones son de nuevo favorables.
La capacidad de colonización de algunas de estas especies es tal que se ha observado a Gerris
thoracicus (Heteroptera, Gerridae) en charcos de caminos tras una tormenta.
En verano hace mucho calor y llueve poco
Los meses de Julio y Agosto marcan los
máximos térmicos y los mínimos pluviométricos, por lo que la aridez monegrina se
muestra en su plenitud. El agua es entonces el elemento esencial que permite la presencia
o no de unas especies u otras, ya que la fauna de estos ambientes áridos deberá ser
capaz de poseer los mecanismos que le permitan abastecerse de la misma y/o minimizar su
pérdida.
El ciclo vital de una gran cantidad de
especies de invertebrados coincide con las estaciones equinocciales, tal y como hacen los
terófitos, eludiendo el estío y/o invierno bajo formas de resistencia como huevos o
pupas. Así, Lepidoptera como Agrotis puta (Noctuidae) o Calamodes occitanaria
(Geometridae), por citar sólo dos de entre los muchos ejemplos posibles, tienen dos
generaciones, en primavera y otoño respectivamente. Otra estragegia útil puede ser la
estivación, como ocurre con el milpiés Ommatoiulus rutilans (Diplopoda, Iulidae),
que pasará enroscado en espiral todo el verano hasta la llegada de una lluvia que
humidifique el suelo.
Pero lo que realmente nos interesa son las
estrategias de la fauna de invertebrados que se muestran activos en verano y, sin duda, la
adaptación a la vida nocturna es la más desarrollada ya que las menores temperaturas de
la noche disminuyen la pérdida de agua por transpiración. Los predadores, además, van a
encontrar mayores densidades de presas.
La soledad y sensación de vacío de un
paseo por la estepa monegrina en plena canícula, se trastoca tras el ocaso en una
impensable explosión de vida que se puede comprobar con la ayuda de una luz actínica: si
la noche es cálida, no hay luna y el viento está en calma, una verdadera nube de
invertebrados de todas las categorías taxonómicas y tamaños se verán atraídos por los
rayos violetas y ultravioletas, y éstos a su vez reunirán a los predadores de los
alrededores. El uso de la linterna permitirá igualmente comprobar cómo los arbustos,
verdaderamente vacíos durante el día, están siendo consumidos por las orugas de los
lepidópteros: las más suaves temperaturas nocturnas permiten a las plantas captar agua
higroscópicamente (el contenido de ésta puede aumentar hasta un 40%) por lo que los
fitófagos ingieren mayor cantidad de la misma alimentándose por la noche. El amanecer
hará recluir en lugares abrigados a toda esta comunidad faunística que poseyendo una
tegumentación débil y cuerpos poco esclerotizados, puede sobrevivir en Los Monegros al
obviar las temperaturas extremas excavando madrigueras como Gryllus campestris
(Orthoptera, Gryllidae), o utilizando las de otras especies como Ommatoiulus rutilans
(Diplopoda, Iulidae) tan frecuente en las huras de conejo, o Neoasterolepisma wasmanni
(Zygentoma, Lepismatidae) en los hormigueros de Messor barbarus (Hymenoptera,
Formicidae); ocultándose bajo piedras como Porcellio laevis (Isopoda,
Porcellionidae) o entre las cortezas de las sabinas como hace a veces Forficula
auricularia (Dermaptera, Forficulidae).
Para otras especies, evitar las horas de
máxima intensidad térmica no es suficiente para minimizar la pérdida de agua y las
estrategias para conseguirlo se multiplican. Así, Scantius aegyptius (Heteroptera,
Pyrrhocoridae) forma agrupaciones de individuos, lo que mejora la relación
superfice/volumen disminuyendo la transpiración; Pomatias elegans (Mollusca,
Pomatidae) es un caracol que mantiene su humedad corporal con una concha muy gruesa y un
opérculo calcáreo que ocluye la abertura; el escorpión (Buthus occitanus
(Scorpionida, Buthidae)) es capaz de minimizar su pérdida de agua corporal a través de
los espiráculos de las tráqueas, ocluyéndolos con un músculo que los abrirá sólo
cuando la concentración de CO2 en el animal sea realmente alta; o la langosta
mediterránea (Dociustaurus maroccanus (Orthoptera, Acrididae)) está
fisiológicamente capacitada para obtener agua quemando el azúcar existente en la materia
vegetal seca.
Resulta singular, por contra, que el
insecto más conspicuo durante el verano sea una libélula, Sympetrum fonscolombei
(Odonata, Libellulidae), ocupando en densidades muy elevadas hasta el último rincón de
la estepa con independencia de que haya agua o no cerca. De requerimientos poco estrictos,
se reproduce en todos los aljibes y balsas de la zona, si bien una población tan numerosa
sólo se explica con el aporte de individuos procedentes de los ríos que circundan la
comarca y los arrozales de Los Monegros oscenses. Paradójica es también la presencia
abundante de especies de color negro intenso, como los coleópteros Tenebrionidae, siendo
que es el menos apropiado para reflejar las radiaciones infrarrojas: el uso de esta
pigmentación tiene una implicación ecológica y no fisiológica, ya que es una señal
aposemática indicando su escasa palatabilidad.
Pero tan importante como no perder agua es
el conseguirla. Hipparchia fidia (Lepidoptera, Satyridae) es una mariposa estival
realmente común en Los Monegros y con una notable aptitud para localizar cualquier
líquido por muy pequeña cantidad que haya y oculto que se encuentre. Otras especies
gregarias como la abeja de la miel (Apis mellifera (Hymenoptera, Apidae)) son
capaces de rentabilizar la búsqueda de nuevos puntos de agua ya que, encontrado uno por
un solo individuo, puede transmitir esta información a la comunidad. Eumenes
mediterraneus (Hymenoptera, Vespidae), una especie de avispa alfarera, construye nidos
cerrados de barro parecidos a "tinajillas" donde deposita un huevo y presas para
que se alimente la larva al nacer. Como necesitan tomar barro, o en su defecto agua
simplemente que mezclan con tierra para "fabricarlo", los nidos son construidos
en las cercanías de abrevaderos y manantiales y éstos son así fácilmente detectados
por la nueva generación. En cualquier caso, su buena capacidad de vuelo les permite
explorar áreas extensas cuando su fuente de agua próxima se agota.
Son estos tres casos los típicos de
especies con capacidad para encontrar agua, pero que no pueden ir más allá de su
ausencia en estado líquido, por lo que no están adaptadas a los ambientes realmente
áridos. Las especies verdaderamente esteparias, sin desdeñar el beber cuando es posible,
son capaces de resolver el problema de su ingesta hídrica con la alimentación bien, como
ya se explicó con anterioridad, comiendo vegetales cuando las plantas están más
hidratadas o consumiendo alimento de origen animal, con más elevado contenido hídrico,
tal como ocurre con los grandes artrópodos monegrinos de mayores tasas metabólicas como
la tarántula (Lycosa tarentula (Araneae, Lycosidae)), el escorpión (Buthus
occitanus (Scorpionida, Buthidae)) o la escolopendra (Scolopendra cingulata
(Chilopoda, Scolopendridae)).
Pero la posibilidad de captar agua en
ambientes áridos llega a su extremo en especies como Glubia dorsalis (Solifuga,
Daesiidae) o Porcellio haasi (Isopoda, Porcellionidae), capaces de absorber humedad
del suelo por capilaridad a través de higrorreceptores, Rhipicephalus sanguineus
(Acari, Ixodidae) (una garrapata de mamíferos) o Neoasterolepisma crassipes
(Zygentoma, Lepismatidae), que absorben vapor de agua del aire no saturado o las
tarántulas del género Lycosa (Araneae, Lycosidae), capaces de condensar agua en
sus tegumentos manteniendo una temperatura en superficie inferior a la temperatura
ambiente y que absorben posteriormente.
Un efecto destacable de las altas
temperaturas diurnas es el calentamiento del suelo, hecho que se ve incrementado por la
falta de protección que una vegetación rala no puede ejercer. Abandonar la superficie
del suelo subiendo a las plantas o bajando por sus oquedades va a hacerse necesario,
siendo la lombriz Eophila pyrenaica aragonica (Annelida, Lumbricidae) quien
seguramente alcanza el récord en Los Monegros en su busca de la "fresca",
llegando hasta profundiades de más de 15 metros. Por contra, Cataglyphis hispanica
(Hymenoptera, Formicidae), verdadera hormiga de desierto, alcanza su óptimo vital en el
centro del día apartando el cuerpo del suelo con sus largas y delgadas patas y su abdomen
levantado.
En invierno hace mucho frío
Si, como hemos visto, existen diferentes
mecanismos adaptativos que permiten sobrevivir a la escasez de agua y las altas
temperaturas de la época estival, el frío del invierno prácticamente uniformiza las
estrategias de la fauna de invertebrados, que se reducen fundamentalmente a dos: la
adopción de formas de resistencia y la hibernación.
Esperar en forma de huevo o pupa la
llegada de las condiciones ambientales propicias es sin duda el comportamiento más
ampliamente extendido, para lo cual las puestas habrán sido convenientmente depositadas
en lugares protegidos y las larvas habrán pupado bajo piedras, entre las grietas de la
corteza de la sabina y el pino, en madrigueras de mamífero, en galerías excavadas en el
subsuelo o en el interior de capullos entre las ramas de la vegetación arbustiva. Los
años realmente fríos eliminarán de Los Monegros la descendencia de aquellos individuos
y especies que no hayan sido hábiles o no estén capacitadas para resguardarse
convenientemente, a no ser que se cuente con la posibilidad, como ocurre con la mariposa
termófila Rhodometra sacraria (Lepidoptera, Geometridae), de recomponer año tras
año su población en base a enviar ejemplares desde áreas de cría más cálidas.
Un caso típico de especie con una
estrategia capaz de solventar el frío podría ser la pequeña mariposa Cnephasia
puminaca (Lepidoptera, Tortricidae), que en Aragón está circunscrita prácticamente
sólo a Los Monegros. Se trata de una plaga de los cereales de invierno, ya que las orugas
se alimentan en un primer momento de las hojas de trigos y cebadas, para pasar después a
la espiga en formación y que destruyen; bajan después a la vaina de la última hoja para
pupar y, antes de la recolección, emergen las mariposas que vuelan hasta los árboles y
arbustos cercanos donde realizan las puestas. Las larvas nacen a los 10-12 días y se
introducen aún más en el interior de la corteza donde tejen un capullo y quedan en
latencia hasta la primavera siguiente, en que se dejan caer en el extremo de un hilo para
que el viento las arrastre a los campos de cereal. Como anécdota, a finales de los años
80 los daños producidos por esta mariposa fueron especialmente importantes y, dada su
biología, la áreas más afectadas eran lógicamente las orillas de los campos en
contacto con zonas de sabinar o matorral bien desarrollado, no dejándose de oir en los
pueblos algunas propuestas de talas y rozas para solventar el problema.
La hibernación como imago es también
habitual en muchas especies, siendo igualmente esencial el disponer de refugios apropiados
que puedan proteger tanto de las bajas temperaturas como de la predación, ya que la
indefensión es total. El inventario de la fauna que utiliza las madrigueras de conejo da
sólo para finales de otoño y principios de primavera especies como Chrysoperla carnea
l.s. (Neuroptera, Chrysopidae) o Autophila verna (Lepidoptera, Noctuidae) que
indudablemente las utilizan sólo como refugio invernal. El único ejemplar conocido en el
mundo de Brachymeria hibernalis (Hymenoptera, Chalcididae) fue encontrado
invernando bajo la corteza de sabina albar (J. thurifera) por lo que sólo sabemos
de esta especie ... que hiberna.
En principio será el calor el factor
desencadenante del cese del letargo en muchas especies, por lo que paréntesis cálidos
durante el invierno o en las horas centrales del día permitirán que algunas moscas
azules como Calliphora vicina (Diptera, Calliphoridae) o el caballito del diablo Sympecma
fusca (Odonata, Lestidae) puedan volar, volviendo al letargo cuando las temperaturas
bajan de nuevo. En cualquier caso, hay también otros factores que inciden en la actividad
invernal que pueden ser ambientales, como la humedad para la lombriz Eophila pyrenaica
aragonica (Annelida, Lumbricidae) que asciende a la superficie en época de temporal,
o fisiológicos, como el agotamiento de la reserva de grasa acumulada en otoño del
abejorro Bombus terrestris (Hymenoptera, Apidae). En esta especie, todos los
individuos mueren en otoño excepto las nuevas hembras que hibernan fecundadas: la fecha
del comienzo de su actividad en primavera va a venir condicionada por las reservas de
grasa siendo más temprana cuanto más pequeñas sean éstas. Lógicamente, una emergencia
tardía supone mayores posibilidades de encontrar flores y, por lo tanto, quedan primados
los ejemplares con mayor habilidad para alimentarse en otoño y los enclaves de floración
temprana.
Pero hay también especies de marcado
carácter invernal, siendo las especies del género Hemineura (Psocoptera,
Helipsocidae) sin duda unas de las más representativas. Se han citado en Los Monegros
tres taxones: H. blascoi, activo de diciembre a abril, H. sclerophallina, de
noviembre a abril y H. dispar, que vuela desde diciembre a marzo y lo hace aún con
las nieblas heladas más duras del mes de enero, siendo la única especie que las trampas
de intercepción de invertebrados capturaban: ignoro qué mecanismos poseerá este
pequeño insecto para conseguirlo, pero lo que es seguro es que no encontrará predadores
fuera de la fauna de vertebrados. Sin llegar a estos extremos, hay también lepidópteros
nocturnos que vuelan en el invierno monegrino, como Chemerina caliginearia (Geometridae)
o Conistra alicia (Noctuidae), con adultos de noviembre a marzo. Las temperaturas
cálidas durante el día les proporcionan la suficiente vitalidad como para poder volar
tras el ocaso durante un tiempo proporcional a la energía recogida.
Finalmente, mencionar a la ontina (Artemisia
herba-alba) como refugio de fauna en invierno. El muestreo quincenal de varias
especies vegetales durante un año completo ha permitido averiguar la importancia de los
ontinares como sustento y refugio faunístico, ya que es sin duda la planta monegrina que
mayor biomasa de especies de invertebrados soporta a lo largo de todo el año. Queda para
futuras investigaciones el profundizar en este aspecto. |