(Obtenido de Pedrocchi, C., 1988. Las
estrategias de supervivencia de las plantas. En: Pedrocchi, C. (coor.): Ecología de Los
Monegros. La paciencia como estrategia de supervivencia. Ed. I.E.A./Centro de Desarrollo
de Los Monegros. Huesca)
La flora monegrina, como la de
cualquier otro lugar del planeta está compuesta por una serie de especies que únicamente
han de reunir dos condiciones: poder vivir en ese biotopo y poder llegar hasta el.
Ninguna especie de las que crecen en Los
Monegros, presenta alguna estrategia especial para su supervivencia en ese medio árido e
irregular. En realidad, el tema se podría plantear al revés: solo las plantas que no
pueden tener un mínimo de adaptación al clima de Los Monegros, no pueden vivir allí. Se
trata de un problema cuantitativo, únicamente los tantos por ciento de especies con
estrategias concretas de supervivencia, delatarán la irregularidad del clima de Los
Monegros.
Así, la flora monegrina tiene cerca de
las mil especies, muchas de ellas de amplia distribución, otras endémicas restringidas,
o bien con notables disyunciones que nos permiten especular sobre el pasado lejano de esa
flora, pero en ningún caso nos encontramos con estrategias poco habituales de
supervivencia.
Estrategias de supervivencia contra
la sequía
Largas temporadas sin ninguna
precipitación, en ocasiones muchos años seguidos de escasas precipitaciones o de
precipitaciones recogidas cuando, fenológicamente, las plantas no las necesitan. Luego
durante varios años seguidos, buenas lluvias, abundantes (en relación a la media) y en
el momento adecuado, seleccionan plantas con muy distintas estrategias de supervivencia
ante la irregularidad de las precipitaciones.
Las plantas efímeras
Pertenecen al tipo fenológico de los
terófitos, según la clasificación de Raunkiaer. Son plantas que durante la época
desfavorable permanecen en forma de semilla. Ante una precipitación adecuada, en general
durante el equinoccio primaveral, germinan esas semillas. Rápidamente producen unas pocas
hojas, en general diminutas y seguidamente la inflorescencia. En unos quince o veinte
días, se termina el ciclo. Forman praderillas de escasa altura, muy diversas, en general
entre las plantas leñosas de las estepas o en terrenos salinos próximos a las lagunas u
otros lugares con suelos decapitados o muy pobres.
Adaptaciones del ciclo
Otras plantas evitan el riesgo de soportar
grandes sequías, creciendo en épocas atípicas, como es el invierno. Los meses
invernales no tienen déficit hídrico, debido a la escasa evapotranspiración que
provocan las bajas temperaturas. Aun que no llueva, rocíos y nieblas son suficientes para
el desarrollo de algunas plantas. Diplotaxis erucoides blanquea los rastrojos desde
noviembre, Moricandia arvensis, de flor violeta destaca en las cunetas de Los
Monegros, sobre todo entre Farlete y La Almolda, además sus hojas, algo crasas, suponen
una buena reserva de agua.
Desde febrero Rapistrum rugosum e Hypecoum
grandiflorum forman grandes manchas de flores amarillas en las rastrojeras. También
se hallan en flor otras hierbas como Capsella bursa-pastoris, Euphorbia serrata, Fumaria
parviflora. Además, en febrero están en flor las fruticosas leñosas Timelea
tinctoria y Globularia halipum, que si bien no efectúan todo su desarrollo en
esa época, si que la aprovechan para florecer.
Erophila verna, es una efímera,
que además se desarrolla en invierno.
En otros casos, como las sabinas,
puede haber desarrollo en cualquier época del año, según las lluvias. Sin embargo la
floración también se produce en invierno, dependiendo la cantidad de fruto producido de
la bondad de las condiciones meteorológicas.
Adaptaciones del tamaño (nanismo)
Casi todas las plantas pueden tener
desarrollos muy distintos según los factores externos que les rodean (suelo, clima).
Hasta tal punto es así que esa variabilidad fue la que confundió a Lisenko, que
desarrollo toda la genética de la U.R.S.S. en relación a una falsa base lamarquista.
Las plantas que aprovechan tal
característica, son en general anuales o bisanuales y ante todo se reproducen como
máximo exponente de su supervivencia. Son plantas de muy diversas características,
algunas ruderales triviales como la achicoria (Cichorium intybus) o las amapolas (Papaver
rhoeas), otras perfectamente adaptadas al clima árido como Aizoon hispanicum .
Incluso las ya de por si minúsculas efímeras, pueden reducir aun mas su tamaño.
En general esas plantas reducen mas el
aparato vegetativo, mientras que la flor mantiene su tamaño o casi. En otras especies,
las plantas son autenticas miniaturas a escala, como puede suceder en Adonis.
Adaptaciones de la forma
Otra de las estrategias que puede
utilizarse en el ahorro del agua, es la reducción de la superficie evaporante. Se reduce
por lo tanto el limbo foliar, en algunos casos casi hasta desaparecer (Genista scorpius),
en otros casos conservando, reducidas y esclerotizadas las hojas, adoptando aspecto
retamiforme (genistoide) (Ononis, Jasminum). En todos esos casos, los tallos se
vuelven verdes, a veces planos (platiclados), ayudando en la fotosíntesis a la
insuficiente superficie foliar.
Adaptaciones de la reproducción
Si el anterior grupo basa su éxito en
reproducirse (mediante semillas) por encima de cualquier adversidad, otras plantas
procuran ahorrar energías y se reproducen únicamente cuando pueden.
Esas plantas, lógicamente, tienen otras
estrategias de supervivencia, de tal modo que su éxito especifico no depende de la
producción de semillas.
Muchas de las especies leñosas, sean
fruticosas o arbóreas, sobreviven los años de sequía sin crecer o creciendo poco. Si
tan drástica es la sequía, pueden perder parte de su estructura vegetativa. Si pueden,
florecen y posteriormente (si las condiciones son las adecuadas) producen semilla. Y si no
, no florecen o tras la floración se seca el ovario. En este grupo se hallan numerosas
especies, unas perfectamente adaptadas al clima monegrino otras hallándose en el limite
de su supervivencia. Entre ellas podemos citar a la belladona (Atropa belladona),
el brusco (Ruscus aculeatus), los bojes (Buxus sempervirens), las efedras (Ephedra
), Ononis tridentata, el romero (Rosmarinus officinalis) y muchas otras.
Otras especies sobreviven mediante rizomas
o bulbos. Si la climatología del año lo permite, florecerán y generarán grandes
cantidades de semillas, en caso contrario, crecerá el aparato vegetativo. en ocasiones
tan reducido que escasamente se reconoce, probablemente algunos años ni eso. Entran en
este grupo muchas plantas bulbosas o con abundantes reservas en la raíz, como los
tulipanes (Tulipa sylvestris ssp australis), peonías (Paeonia officinalis),
la mayoría de las muy abundantes orquídeas, el timón real (Dictamnus hispanicus),
etc..
Control de la evapotranspiración
Una buena estrategia para sobrevivir a la
escasez de agua, es gastar poca. Así, muchas plantas presentan adaptaciones para ahorrar
el máximo de agua. En general, el ahorro de agua, va acompañado de un escaso
crecimiento.
En general las plantas bien adaptadas a
sobrevivir en Los Monegros, presentan un escaso desarrollo del limbo foliar. Esa es la
primera adaptación: poca superficie de evaporación, evapora poco.
Pero también es verdad que poca
superficie foliar, fotosintetiza poco, debe por lo tanto alcanzarse un equilibrio adecuado
entre evapotranspiración y requerimientos tróficos. Posiblemente a ello se deba la
repetición convergente de determinadas formas, como las típicas hojas del romero,
repetidas en Lepidium subulatum, en Gypsophila, en Helianthemum y en
otras muchas.
Si se añade un recubrimiento de pelos
(hojas tomentosas), por lo menos en el envés foliar, donde están los estomas, se retiene
eficazmente una microatmósfera saturada de humedad, que impide una mayor evaporación de
agua. Además, la hoja puede enrollarse sobre si misma, favoreciendo la formación de esa
microatmósfera.
Gruesos tegumentos, ayudarán también a
evitar la evaporación de agua. Sin embargo, no disminuye el numero de estomas: las
plantas podrán captar el CO2 necesario para la fotosíntesis, en los momentos en que la
humedad del ambiente se lo permita.
Germinación controlada
Como sucede con los huevos y esporas de
los organismos de las cuencas endorreicas monegrinas, muchas semillas tienen mecanismos
poco conocidos, pero eficaces, para evitar la germinación en época desfavorable.
En general, no bastan unas pocas gotas de
lluvia para provocar el avivamiento del embrión. Un principio de la germinación, al no
tener continuidad, destruiría en poco tiempo las semillas y por lo tanto la posibilidad
de supervivencia de la especie.
Posiblemente influyen otros factores, como
el fotoperiodo y la suma de horas de frío, para indicar a la semilla la mejor época para
avivar, pero eso no es todo. Prácticamente todos los seres vivos se reservan un
determinado tanto por ciento de sus propágulos, que no avivarán hasta el año siguiente
y no es raro que quede aun, una pequeña porción de reserva para un tercer año.
Algunas especies leñosas, necesitan
tiempo para desarrollar suficiente aparato radical como para poder resistir la posterior
sequía estival, quizás sea ese el motivo que haga tan difícil la germinación de las
semillas de sabina, las cuales solo lo harían en años muy favorables. Posiblemente las
poblaciones de sabinas, se distribuyen en clases de edad que marcan épocas favorables de
germinación.
Estrategias para disminuir la
fotorrespiración
En las células verdes, en presencia de la
luz, se producen una serie de reacciones químicas que como resultado final, consumen
oxigeno desprendiendo CO2. Por su similitud a la respiración se le ha dado el nombre de
fotorrespiración, siendo los procesos muy distintos a los que se dan en la autentica
respiración, en las células verdes en ausencia de la luz y en las no verdes en presencia
o ausencia de ella.
El resultado de la respiración es la
obtención de energía, el de la fotorrespiración no la produce, siendo un proceso de
malversación. Su significado biológico no está claro, pudiendo ser un proceso
inevitable (pero que restituye un 75 % del carbono al ciclo de Kalvin). Otra hipótesis
supone a la fotorrespiración como una protección contra la fotooxidación.
En lugares con una insolación fuerte,
como Los Monegros, las plantas deben protegerse contra esa malversación energética, que
disminuye drásticamente su rendimiento.
Las plantas C4
Las plantas que realizan la fotosíntesis
de tipo C4, han desarrollado en sus hojas un mecanismo por el que pueden mantener una alta
concentración de CO2 estacionaria, en los lugares en que será fijada definitivamente
dicha sustancia, eliminando, por lo tanto, el posible déficit.
Este tipo de fotosíntesis, es mas costoso
energéticamente y se desarrolla en los lugares en que el CO2 es el factor limitante de la
fotosíntesis, cuando, por ejemplo, existe saturación de luz o cuando existen problemas
de difusión gaseosa, por estrechamiento de la boca de los estomas en situaciones de
escasez de agua.
Al tener escasa concentración de O2 en la
vaina de los haces conductores y elevada concentración de CO2, las plantas C4 inhiben la
fotorrespiración a nivel fisiológico, economizando los productos asimilados en la
fotosíntesis y compensando con creces el mayor gasto energético que supone la previa
concentración del CO2.
No es de extrañar, por lo tanto, la
elevada cantidad de plantas C4 que se dan en los lugares áridos, entre las que se
encuentran muchas quenopodiáceas.
Pilosidad
Además, muchas de esas plantas C4 (Atriplex,
Salsola) y otras C3, tienen colores grises o blanquecinos. Son debidos a
recubrimientos pilosos que refractan parte de la radiación lumínica incidente. De esa
manera se disminuye también la fotorrespiración, además de ser una protección eficaz
contra la evapotranspiración y el excesivo calentamiento.
La lucha contra los herbívoros
Una de las consecuencias de la aridez,
es la lentitud en el desarrollo y regeneración de muchas plantas. Un pastado excesivo
significaría la desaparición de numerosas especies. No es de extrañar, por lo tanto,
que se hayan desarrollado mecanismos que protejan a las plantas, total o parcialmente, de
este tipo de agresiones. En los siguientes párrafos describimos las defensas
desarrolladas por las plantas ante los herbívoros vertebrados.
Defensa mecánica
Una forma de luchar eficazmente contra el
pastado y el ramoneo es desarrollar defensas mecánicas. Basta con que el limbo de la hoja
esté muy cutinizado, para que, por lo menos una vez terminado el proceso de
cutinización, la planta quede protegida de los herbívoros. Sin embargo, esas plantas son
pastadas (sus brotes tiernos) en época de crecimiento.
Mas protectores son los pelos muy
desarrollados, como los que presenta Echium, que hacen a la planta incomestible,
además, esos pelos tienen un cierto papel evitando la evaporación de agua y la
fotorrespiración.
Pero sobre todo, la aparición de partes
punzantes, es un método eficaz en los lugares donde la presión de los herbívoros es
elevada (plantas de la orla forestal, además de las de lugares áridos). Cuando en la
formación de esa defensa intervienen tejidos epidérmicos y otros mas o menos profundos
de la planta se llaman aguijones, como los que presentan los cardos, los rosales o las
zarzamoras. Si se trata de la modificación de alguna parte de la planta se llaman
espinas. Si son las hojas se llamarán espinas foliares (Berberis), si por el
contrario son los tallos los modificados, se llaman espinas caulinas, como en la aliaga (Genista
scorpius) o en el escambrón (Rhamnus lycioides).
A pesar de la eficacia de tales defensas,
algunos animales consiguen aprovechar , sobre todo, los brotes tiernos.
Dentro de la categoría de los aguijones
pueden considerarse los pelos de las ortigas (Urtica dioica), que unen a la acción
mecánica del aguijón, la posterior inyección de histamina y acetilcolina, que producen
la reacción dolorosa que se experimenta al ortigarse.
Defensa química
La síntesis de determinadas
sustancias son muy eficaces contra los herbívoros. Esas sustancias pueden ser simplemente
aromáticas, de modo que produzcan olores o sabores desagradables para los animales, o
francamente venenosas. La abundancia de plantas de ambas clases, es muy elevada en Los
Monegros, hasta el punto que hasta hace pocos años, la explotación de esencias y plantas
medicinales, fue un recurso económico utilizado por la población.
La formación de esencias, además de la
protección que supone contra los animales, se ha mencionado como defensa contra la
evaporación, al crear una atmósfera saturada de esencia alrededor de la hoja. Los
Monegros son aromáticos, hasta el extremo que el olor de ontina es prácticamente
inseparable del paisaje estepario.
Romero (Rosmarinus officinalis),
tomillos (Thymus vulgaris, T. loscoi, etc.), ontina (Artemisia herba-alba),
chitán o timón real (Dictamnus hispanicus), salvia de Aragón (Salvia),
son algunas de las plantas que producen aromas que les liberan del diente de los
herbívoros, pero que las someten a la todavía peor recolección humana.
Otras plantas se protegen emitiendo olores
fétidos, de ellas quizás la mas llamativa por la tenacidad de su olor, que no abandona
al que la toca si no es tras varios lavados a conciencia, es la vulvaria (Chenopodium
vulvaria), que como su nombre indica es todo un monumento a la falta de higiene
femenina. Su olor procede de la trimetilamina y contiene, además de sales amónicas y
algo de amoniaco libre.
También son numerosas las especies que no
desprenden olor apreciable, pero son evitadas totalmente por el ganado. Sería el caso de
la alharma (Peganum harmala), en muchas ocasiones única superviviente de majadas y
parideras.
La alharma contiene harmina, harmalol,
harmalina y peganina, sobre todo en la cascara de las semillas. Esos alcaloides consumidos
en forma y cantidad adecuada provocan, al parecer, un estado de euforia hilarante y gran
alegría, según nos cuenta el mismo Linneo, que le dio nombre.
Quizás valga la pena mencionar a las
efedras (Ephedra major), que contienen efedrina, compuesto utilizado para combatir
el asma eficazmente. Muchos trenes salieron en la primera mitad de siglo, desde Los
Monegros, cargados de efedra, con destino a las grandes empresas farmacéuticas europeas.
La efedrina es compuesto muy activo y si unimos su presencia a la aspereza de sus ramas y
tallos, puede comprenderse que no sean tocadas por el ganado.
También, por su abundancia en los
romerales monegrinos, puede citarse la bufalaga (Thymelaea tinctoria), maloliente y
purgante hasta tal punto que nos cuenta Font i Quer, como Charles de l´Ecluse en el SXVI,
recoge el nombre que le aplican "...los rústicos, que por sus facultades purgantes
la designan con el nombre de mierdacruz.".
Defensa contra los artrópodos
Muchas de las especies protegidas contra
el pastado de vertebrados herbívoros, son depredadas por otras especies de invertebrados.
Sin embargo, las plantas también han desarrollado defensas contra esos depredadores.
En general, las defensas físicas son poco
activas contra los invertebrados: las grandes espinas son agresivas para animales grandes,
pero no para los pequeños. Sin embargo, algunos tipos de pilosidad densa y áspera evitan
eficazmente a las larvas de lepidóptero.
Mas eficaz y complejo es el sistema de
defensa químico. Muchas plantas producen en su metabolismo secundario sustancias que
protegen específicamente a las plantas. En ocasiones, las sustancias se producen tras un
primer ataque, obligando al parásito a cambiar de ejemplar, con lo que le está permitido
prosperar sin causar grandes perjuicios a la especie huésped.
No puede dejarse de mencionar las agallas,
deformaciones de alguna de las partes de los vegetales inducidas por un parásito
determinado. La agalla, en general, es una forma de refugio para el parásito o su larva.
Cargadas de taninos, se cree que protegen al vegetal parasitado de la depredación por
grandes herbívoros.
Son muchas las especies que producen
agallas, pero las mas llamativas se encuentran sobre Salsola vermiculata, como
transformaciones laciniadas del extremo de algunos tallos, Quercus coccifera como
pequeños grupos de esferas de color rojo brillante, similares a bayas y los enormes
cuernos de la cornicabra (Pistacia terebintus), llenos de un bonito pulgón de
color anaranjado.
En el capitulo doce, se amplían los
conceptos y los ejemplos de la coevolución entre los artrópodos consumidores primarios y
sus plantas huésped.
Estrategias para soportar los suelos salinos
Todas las depresiones del Valle del Ebro
acumulan sales, pero sobre todo en la plataforma endorreica del triangulo
Bujaraloz-Peñalba-Sástago, son muy abundantes los procesos concretos endorreicos, como
se describe en el capitulo dedicado a endorreismo. Buena parte de ellos, concentran sales,
hasta el punto de formar acúmulos potentes resultado de la precipitación por
sobresaturación de tales sustancias. En esos suelos, muy salinos, en los que el extracto
saturado tiene muchas veces la concentración del agua del mar, crecen plantas.
Salinidad del jugo celular
Muchas plantas cargan de sales su jugo
celular, hasta conseguir una concentración salina superior a la del medio que les rodea.
De este modo la osmosis no les afecta en su normal relación con el entorno.
Sin embargo se explica con dificultad, la
adopción de formas suculentas en muchas halófitas (Salicornia, Sarcocornia,
Artrhocnemum, Microcnemum). En muchas ocasiones se ha intentado relacionar esta
morfología con la de plantas xerófitas, basándose en la sequedad fisiológica que
aparentemente imponen las sales. Sin embargo las halófitas no han seleccionado mecanismo
alguno para limitar la transpiración, lo que nos aparta del fácil pensamiento de una
convergencia morfológica debida a condiciones de vida "semejantes".
Eliminación de sales
Algunas plantas disponen de glándulas
especiales que les permiten la eliminación de sales de su jugo celular.
Géneros como Tamarix, Limonium,
etc, se recubren de sales durante el día, presentando un color blanquecino, que les
protege de un exceso de calentamiento y de fotorrespiración. Siendo esas sales en general
higroscópicas, al amanecer, disueltas por el rocío, dan a la planta un color verde
brillante.
La acumulación de sal en hojas y tallos
de las plantas, es también una buena protección contra los herbívoros.