Flora vascular y paisaje vegetal

 

(De Molero, J. & Blanché, C., 1988. La flora vascular y el paisaje vegetal de Los Monegros. En: Pedrocchi, C. (coor.): Ecología de Los Monegros. La paciencia como estrategia de supervivencia. Ed. I.E.A./Centro de Desarrollo de Los Monegros. Huesca)

 

Exploraciones botánicas y estado actual de los estudios botánicos.

Como lugar particularmente inhóspito y apartado, territorio de paso hacia otras áreas más benignas y de vegetación mas exuberante, como los Pirineos o el sistema Ibérico, los Monegros han sido escasamente visitados por los botánicos hasta bien entrado el presente siglo.

La flora y vegetación de esta comarca han permanecido relativamente ignorados hasta mediados de siglo, cuando aparece el completo estudio de Braun-Blanquet y O. Bolòs (1958) sobre el Valle del Ebro. Bien es cierto que, desde finales del siglo XVIII y durante el siglo XIX, ilustres viajeros botánicos como Asso, Deveaux, Webb o Willkomm dejaron constancia de su paso por estos parajes en publicaciones científicas y colecciones de herbarios.

Así Dufour, médico francés en ejercicio de botánico que acompañaba a los ejércitos de Napoleón, menciona el hallazgo, por primera vez para Europa, de Krascheninnikovia ceratioides, un arbusto propio de las estepas rusas que aparece, muy localizado, en los sasos monegrinos entre Osera y Monegrillo. Visitas esporádicas fueron realizadas más tarde por Pau y B. Vicioso (1900?). En cambio, si es conocida de antiguo la flora de los territorios limítrofes, desde los trabajos de Loscos (1876) y de Loscos y Pardo (1866) en el Bajo Aragón, y de B. Vicioso (1900) y C. Vicioso (1911) de la zona más occidental, entre Zaragoza y Calatayud.

Un repaso histórico nos muestra el interés que este enclave despertó ya en Willkomm (1852), que es el primero en utilizar el término "estepa aragonesa" para describir el árido paisaje monegrino. Término declarado incorrecto por Huget del Villar, que visitó la zona hacia el primer cuarto de presente siglo y cuyas observaciones, principalmente edáficas, le permitieron asentar su hipótesis geobotánica sobre la pretendida estepa ibérica (pseudoestepa); esta acepción no ha sido desmentida posteriormente, aunque si matizada por lo que respecta a algunos enclaves de los Monegros, en donde tal vez podría aplicarse el término en su sentido original (Terradas, 1986).

Desde entonces, se han sucedido las visitas de otros ilustres estudiosos de la vegetación. Al inicio de la década de los cincuenta visitaron la zona S. Rivas Goday y E. Sappa, que interpretaron la vegetación semidesértica de Los Monegros a la luz del análisis florístico-estadístico de la escuela de Schmid. No obstante, es el trabajo del creador del método fitosociológico y uno de sus discípulos mas brillantes, Josias Braun-Blanquet y Oriol Bolòs (1958), sobre la vegetación del Valle del Ebro, el que mayor datos aporta acerca de la flora y vegetación del lugar.

Bien es cierto que la relativa antigüedad del trabajo obliga a su actualización terminológica, y que algunas de sus propuestas tipológicas pueden ser reinterpretadas a la luz de un conocimiento mas completo y actualizado de la vegetación xerofítica ibérica (Molina & al., 1993). Pero por lo que respecta al análisis de la evolución paleohistórica y significado actual de la vegetación monegrina, muchas de las hipótesis que se recogen en las conclusiones del mencionado trabajo son aún plenamente válidas, o bién se han visto modificadas por el resultado de algunos estudios ecofisiológicos (Terradas, 1973, 1986; Walter, 1976).

El redescubrimiento del elevado interés biogeográfico de esta comarca natural se debe en gran medida a Pedro Montserrat, explorador infatigable y gran conocedor de algunos recovecos monegrinos del mayor interés; él guió, en 1972, la 1000 excursión de la Societé botanique de France, que constató la gran riqueza y singularidad florística de este oculto enclave que és la Serreta Negra de Fraga. Fruto, en parte, de esta visita, fué la descripción de dos nuevos táxones por P.Montserrat (1973) y la posterior publicación por O. Bolòs (1973) de la Vegetación del Vedat de Fraga, complemento importante a su publicación anterior con J. Braun-Blanquet .

Los que suscriben este capítulo ( Blanché & Molero, 1986, 1987, 1989; Molero 1978, 1981, 1986; Molero, Blanché & Rovira, 1990, 1991; Molero & J.M.Montserrat, 1982; Molero, Sáez & Villar, 1998) y otros muchos autores en trabajos dispersos, también han aportado su granito de arena al conocimiento de la flora y vegetación de los Monegros.

Recientemente, la zona ha recobrado un inesperado interés, en particular por parte de científicos y entidades interesadas en la protección de la Naturaleza, a los que les preocupa las consecuencias de la puesta en marcha de los sucesivos planes de regadíos, que irrigan en la actualidad cerca de 60.000 hectáreas de la comarca. Culminación de una histórica y sin duda merecida aspiración de los monegrinos, pero que no necesariamente debiera estar en contradicción con la salvaguarda de un patrimonio natural único e irrepetible.

 

La Flora Vascular. Origen y diversidad actual.

Según compilación de datos propios, bibliográficos y de herbario, el número de plantas con flores que actualmente habitan en los Monegros se acerca al millar de especies y subespecies. En el anexo adjunto aparecen ordenadas alfabéticamente.

Representa una diversidad nada despreciable si atendemos a la relativa uniformidad climática, topográfica y edáfica de la comarca; tan solo el modesto resalte orográfico de la Sierra de Alcubierre-Ontiñena, que supera escasamente los 800 m, rompe la monotonía de la llanura. Este núcleo montañoso ofrece, no obstante, en sus barrancos y escarpaduras de umbría, un refugio seguro para muchas plantas montanas, de caracter submediterráneo o eurosiberiano, que aparecen de manera sorpresiva en este marco de aridez que es la Depresión media del Ebro.

Algo más de medio centenar de pequeñas matas y arbustos caracterizan las formaciones fruticosas (coscojares, matorrales, tomillares y ontinares) más comunes. No obstante, las peculiares condiciones fisiográficas y ecológicas que configuran el endorreismo y su capacidad de originar endemismo, así como la impronta marcada a traves de milenios por la migración y asentamiento de los mas exóticos elementos mediterráneos, esteparios orientales o magrebinos, han condicionado uno de los enclaves de flora mas selecta y variada de la Península Ibérica y del continente europeo.

<Como se ha llegado, en el Ebro medio, a esta rica diversidad actual y particularmente a la elevada riqueza en plantas endémicas o raras?. Es un proceso largo, iniciado posiblemente a finales del Terciario, en el Mioceno superior, hace unos 10 millones de años, en condiciones semiáridas, probablemente con clima más frío que en la actualidad.

Las primeras plantas colonizadoras tuvieron que adaptarse a las severas fluctuaciones climáticas y edafogénicas de karstificación y de otros procesos erosivos sobre materiales blandos, que han configurado las actuales vales, cabezos, lagunas y saladas.

Fué especialmente a finales del Mioceno, durante el Messiniense, hace unos 6 millones de años, que hubo un cambio importante en el Mediterráneo occidental: Europa y Africa se unieron por el actual estrecho de Gibraltar, aislando el Mediterráneo del Atlántico; el aumento de las temperaturas produjo una drástica evaporación del Mediterráneo, que llegó a desecarse en parte.

Esto facilitó los desplazamientos de animales y plantas (éstas a partir de sus semillas) desde el Mediterráneo oriental, Asia próxima y el norte de Africa hasta el Valle del Ebro, en el contexto peninsular. Especial relevancia tuvo la invasión de taxones procedentes de las estepas sudoccidentales asiáticas y del área irano-turca, que alcanzaron la Península Ibérica probablemente a partir del norte de Africa.

La gran cantidad de terrenos salinos disponibles permitió el asentamiento, según cambiaba el clima durante épocas mas cálidas o frías, de plantas esteparias, termófilas o xerófilas, que hallaron buen acomodo en la diversidad de ambientes subdesérticos y humedales salinos.

 

A inicios del Plioceno, hace 4,5 millones de años, se abrió el estrecho de Gibraltar con la consiguiente inundación del Mediterráneo; las floras de la Península Ibérica y del Norte de Africa quedaron aisladas, diferenciándose gradualmente. Además, la tendencia a la aridez se acentuó considerablemente, lo que favoreció el desarrollo de estirpes adaptadas a soportar períodos prolongados de sequía; una estrategia extrema para evitar estos períodos de aridez consiste en modificar el ciclo biológico, transformándose en plantas anuales, que soportan el periodo seco en forma de semilla. Los terófitos anuales mediterráneos y estépicos orientales son muy frecuentes entre los albardinares y ontinares monegrinos.

Probablemente en esta época, algunos paleoendemismos como Boleum asperum o Ferula loscosii ya se habían diferenciado a partir de ancestros hoy desaparecidos o distantes y presentaban un aspecto próximo al actual. Otras estirpes, como el género Limonium, posiblemente se hallaba entonces en activa fase de especiación.

Los procesos de microespeciación gradual pueden ilustrarse a partir de algunas estirpes, presentes en los dos extremos del Mediterráneo, que han divergido en sus respectivas áreas originado auténticos vicariantes geográficos, como es el caso del género monoespecífico Microcnemum corralloides, que ha diferenciado la susbespecie coralloides, ibérica, frente a la subsp. anatolicum de Turquía; o el caso de Nepeta beltranii, ibérica, íntimamente emparentada con N. ucranica, de las estepas rusas.

Posiblemente la vegetación estépica de la llanura del Ebro se vió poco alterada durante el Cuaternario, que se inició hace 1,5 millones de años. Por su situación y baja altitud debieron afectarla mas intensamente los fríos y fenómenos periglaciares, especialmente durante la larga glaciación Wurmiana.

El clima frío y seco permitió el mantenimiento de la estepa durante largos periodos, enriqueciéndose en las sucesivas oleadas migratorias con elementos holárticos esteparios, que alcanzaron el Valle del Ebro a través de centroeuropa o el norte del mediterráneo; el enriquecimiento en espécies termófilas mediterráneas pudiera haber ocurrido en los periodos interglaciares.

La estepa monegrina, por sus peculiares condiciones, se ha mantenido poco alterada hasta los tiempos históricos. La mayor parte del componente estepario actual es una herencia, mal conservada, de esa época.

 

Grupos corológicos

La flora actual de los Monegros responde a su peculiar situación geográfica en el área mediterránea y refleja las particulares condiciones de su ambiente (clima, topografía y substrato, preferentemente). Ello sin olvidar la influencia decisiva de vicisitudes cronohistóricas como los cambios climáticos, las migraciones, los procesos microevolutivos y la alteración de origen antrópico de los últimos siglos, entre otras, que han tenido que sufrir las estirpes desde su asentamiento en estas tierras durante las distintas épocas y hasta la actualidad.

Atendiendo a criterios recientes de tipología corológica (la ciencia que estudia la distribución de las plantas), el área de los Monegros viene a coincidir con lo que recientemente se ha definido como subsector monegrino, categoría incluida a su vez en el sector Bárdenas-Monegros de la provincia aragonesa (Rivas Martínez, 1973; Berastegi & al. , 1997).

El piso bioclimático que le corresponde es el Mesomediterráneo inferior, con ombroclima semiárido en la llanura y seco en las estribaciones montañosas (Rivas-Martinez, 1987).

Las plantas que habitan en los Monegros pueden reunirse en una serie de grupos corológicos, cada uno de los cuales agrupa a las especies que presentan una distribución geográfica parecida. En cada región biogeográfica de la tierra predomina un grupo corológico distinto al que se denomina elemento corológico típico de esa región.

Así, cuando hablamos de la Región Mediterránea, a la que pertenece los Monegros, nos referimos a un entorno geográfico (las tierras que bordean el mar Mediterráneo), que gozan de un clima del mismo nombre y en donde son habituales un grupo de especies adaptadas a las condiciones de vida del lugar: este conjunto de especies nos definen el elemento corológico mediterráneo. Obviamente, la flora de un lugar puede definirse mediante su espectro corológico (o biogeográfico), en donde, además del grupo corológico dominante, se hallen representados otros grupos corológicos, que nos señalan porcentualmente las influencias de otras regiones florísticas.

 

En lineas generales, la flora del lugar que nos ocupa puede referirse a tres grandes grupos corológicos, entendidos en sentido muy amplio, que posteriormente desglosaremos. Domina claramente el elemento mediterráneo (68%), mejor representado en la llanura y en las solanas; el elemento eurosiberiano (11 %) se refugia en los ambientes frescos y húmedos que le son propicios, y el elemento subcosmopolita (21 %) se asienta preferentemente en los humedales, salinizados o no, y en ambientes alterados por la actividad del hombre, como los cultivos. Las Figs. 1 y 2 nos ilustran sobre el espectro corológico global y el espectro detallado del elemento mediterráneo, respectivamente.

 

El elemento mediterráneo.

El conjunto mas numeroso pertenece a las especies omnimediterráneas (33 %), amplia e irregularmente distribuidas por la región mediterránea. Constituyen la base florística de las principales formaciones fruticosas y herbáceas con significado en el paisaje, como pinares, garrigas, matorrales y pastizales secos.

Se incluyen aquí plantas tan conocidas como el pino carrasco (Pinus halepensis), la coscoja (Quercus coccifera), la sabina negral (Juniperus phoenicea), el lentisco (Pistacia lentiscus), el aladierno (Rhamnus alaternus), el oxicedro (Juniperus oxycedrus) o la ontina ( Artemisia herba-alba).

Las mediterráneo-occidentales (6 %) se distribuyen por el sureste de Francia, Península Ibérica y Africa del Norte, incluyendo las islas del mediterráneo occidental; por extensión incluimos también las que alcanzan Italia y Sicilia.

Un grupo importante también contribuye a caracterizar el carrascal y los coscojares y matorrales heliófilos, como la misma carrasca (Quercus ilex subsp. ballota), el espino negro (Rhamnus lycioides), la aliaga (Genista scorpius) o el jaguarzo blanco (Cistus albidus); otras contribuyen a la caracterización fisionómica de algunas comunidades estépicas, como el albardín (Lygeum spartum), que en puridad es mediterráneo-sudoccidental, la retama (Retama sphaerocarpa) o el hopillo (Stipa parviflora).

Pero una parte importante del elemento mediterráneo tiene en esta comarca vocación estépica. Las mediterráneo-meridionales (3 %) constituyen un grupo conspicuo propio del sur de la Península, norte de Africa y Oriente próximo, con peso específico en las comunidades estépicas subnitrófilas como el sisallar (presidido por el sisallo, Salsola vermiculata), el cardonal (con el cardo gigante Onopordum nervosum como representante mas vistoso), o como el taray (Tamarix africana) que caracteriza a los tamarigales ribereños no salobres; incluimos aquí el grupo de conexión saharosíndico, que procede de los desiertos Sahariano, Arábico y Síndico, como el terófito Carrichtera annua.

Las ibero-magrebinas (7 %) se reparten por las zonas áridas de la Península Ibérica y Norte de Africa; en los Monegros esta flora tiene la mayor importancia y se halla bien representada en el dominio del Rhamno-Cocciferetum, sobre margas, limos y yesos, como la sabina albar (Juniperus thurifera), genuina representante del sabinar continental; o el asnallo (Ononis tridentata), que junto a Helianthemum squamatum, Reseda stricta, Thymus zygis y una cohorte de plantas anuales iberonorteafricanas caracterizan el matorral y tomillar gipsícola; también están presentes en los albardinares y cardonales estépicos, saladares, o tienen un comportamiento claramente segetal.

El Endemismo (11 %) és, en los Monegros, de extracción básicamente mediterránea. Por lo demás, la definición de planta endémica se entiende en relación al área geográfica de estudio; existe un importante grupo de endémicas aragonesas del Valle del Ebro (2 %), o incluso monegrinas, pero lo corriente es que su areal, aunque esencialmente aragonés, exceda hacia los territorios vecinos, catalanes, valencianos o castellanos.

No obstante, el grupo mas numeroso esta representado por el endemismo ibérico (8 %), aquellas especies que aún estando presentes en los Monegros, se encuentran además ampliamente extendidas por otras regiones de la Península. Incluimos aquí también las ibero-provenzales (1 %), ibéricas que alcanzan el sureste de Francia.

Los ambientes en donde vive este grupo son variados, desde el matorral continental gipsófilo o el termófilo calicófilo, en donde se halla mejor representado, hasta el espartal estépico, ontinar, cardonal o herbazal halófilo, alcanzando incluso el carrascal-robledal.

El grupo mediterráneo-iranoturaniano (5 %) engloba un grupo de plantas mediterráneas que alcanzan la región iranoturaniana entre el mar Caspio y el Mediterráneo, de clima muy parecido. Existe algún representante estrictamente iranoturaniano, como Gypsophila pilosa, naturalizado en los Monegros. Grupo especialmente bien representado en las praderas estépicas del Agropyro-Lygeion.

Las mediterráneo-pónticas y sarmáticas (3 %) forman un grupo escaso, con representación en el mediterráneo occidental aunque más propias de los territorios estépicos de Europa oriental y de la región siberiana próxima; incluimos en este grupo algunas centroasiáticas, que alcanzan las estepas y desiertos de la base del Himalaya. Su habitat genuino, al igual que el anterior grupo, son los matorrales, ontinares y yermos terofíticos estépicos.

 

El elemento eurosiberiano.

Constituye el fondo florístico de la franja media de Europa, desde el Atlántico hasta los Urales, penetrando hacia la Siberia occidental. Parece obvio que el territorio de los Monegros es acusadamente hostil a este elemento, especialmente la llanura.

No obstante algunos enclaves excepcionalmente frescos de la Sierra de Alcubierre, así como el relieve invertido de la Serreta Negra, con sombríos barrancos, y algunas zonas húmedas, lagunas y vegetación riparia de los principales ríos, ofrecen hábitats favorables para el asentamiento de los componentes florísticos menos fríos de este elemento.

Predominan las especies omnieurosiberianas (8 %), de amplia distribución, en donde incluimos las euroasiáticas, aquellas cuya distribución general alcanza el centro de Asia, como Androsace maxima, Carex riparia, Marrubium vulgare, Sherardia arvensis o Thymelaea passerina, p. ej.. Faltan las atlánticas y escasean las centroeuropeas.

Las submediterráneas (4 %), entendidas mas bién en el sentido ecológico de O. Bolòs & Vigo (1984), representan el nexo de unión entre el mundo eurosiberiano y el mediterráneo septentrional e incluiría lo que algunos autores denominan plantas mediterráneas septentrionales y otros sudeuropeas; se refugian mayoritariamente en las áreas montañosas, como la Sierra de Alcubierre y la Serreta Negra.

 

El elemento subcosmopolita.

En este término, que en sentido estricto reúne a aquellas especies con representación en gran parte de los reinos florísticos existentes, agrupamos también a otros grupos relacionados.

Así las cosmopolitas, como Capsella bursa-pastoris o Convolvulus arvensis, que aparecen en todos los reinos florísticos; las paleotropicales, como Amaranthus graecizans o Calystegia sepium, que representan a especies de las areas tropicales y subtropicales de Africa; las neotropicales, como Chenopodium ambrosioides o Eclipta postrata, propias de las áreas cálidas del Nuevo Mundo; y bastantes más, como las pantropicales, holárticas, norteamericanas, pluriregionales ...

Las especies subcosmopolitas y paleotropicales son especialmente frecuentes en las zonas húmedas o junto a las corrientes de agua, como el carrizo (Phragmites australis), la espadaña (Typha angustifolia) y el malvisco (Althaea officinalis); también en las saladas, como el almajo (Suaeda vera) o la acelga (Beta maritima), así como en juncales y herbazales halonitrófilos.

Las cosmopolitas, neo y paleotropicales suelen predominar en los cultivos de huerta y ambientes ruderalizados. Por lo general se trata de especies sinantrópicas, que de alguna manera han sido introducidas directa o indirectamente por la actividad del hombre.

El conjunto de especies que representan estos elementos foráneos no es pequeño, e irá progresivamente en aumento con la decidida introducción de los regadios en la comarca. Se trata de plantas con poderosos mecanismos propagativos (reproducción vegetativa, diásporas agresivas) que se adaptan muy bien a los ambientes alterados.

Una vez asentadas, los eficientes mecanismos de dispersión aseguran una rápida propagación por la zona, si se dan las condiciones adecuadas. Algunos representantes de este grupo, considerados como "malas hierbas", harto conocidas por los labradores, han estado tradicionalmente presentes en los cultivos y herbazales ruderalizados, en un cierto equilibrio con las especies segetales y ruderales autóctonas.

Hasta la fecha este equilibrio ha sido propicio a las autóctonas porque la tradicional escasez de agua y las anticuadas técnicas de cultivo han limitado la progresión de las foráneas.

Aparte de los ambientes explotados por el hombre, el curso del Ebro y sus grandes afluentes ha sido una importante vía de penetración para estas colonizadoras alóctonas. Con el estiaje, afloran amplias superficies de limos ricos en materia orgánica y ligeramente halófilos, sustrato muy adecuado para la germinación y desarrollo de estos neófitos.

 

El paisaje vegetal. Consideraciones generales.

El estudio de la vegetación del Valle del Ebro por Braun-Blanquet & Bolòs (1958) en base a la metodología fitosociológica, representó en su día un estudio pionero e innovador en muchos aspectos, ya que sobrepasaba la habitual tendencia a un catálogo descriptivo de las comunidades del lugar, adentrándose en la biogeografía, ecología y dinamismo de la vegetación con aporte de numerosos datos constatables.

La amplia área abarcada por los autores en su estudio, unido la precariedad de los accesos y de los medios de locomoción, impidió por aquel entonces la visita a algunas zonas de notable interés. Con posterioridad, O. Bolòs (l.c.) subsanó algunas de estas carencias, ampliando su estudio al área de la Serreta Negra de Fraga.

Terradas (1973) por su parte realizó estudios ecofisiológicos en la Retuerta de Pina que le permitieron posteriormente (1986), manejando una correcta bibliografía, publicar un interesante ensayo de interpretación de la vegetación de los Monegros, de orientación ecológica.

Otros lugares poco frecuentados, como las lagunas y saladas arreicas de la plataforma de Bujaraloz-Sástago, merecieron un estudio detallado de su vegetación por parte de Blanché & Molero (l.c.); muy recientemente han sido objeto de atención las umbrías de la Sierra de Alcubierre (Molero & al., 1998).

Un amplio estudio de los matorrales de la Depresión del Ebro llevado a cabo por Molina & al. (l.c.) aporta una nueva visión correctora a la tipología de algunas comunidades de matorral de ámbito monegrino propuestas por Braun-Blanquet y O. Bolòs (l.c.).

 

Intentaremos a continuación presentar resumidamente y, en aras de la brevedad, con un criterio conservador e integrador en la medida de lo posible, la vegetación de los Monegros, en base a los datos disponibles.

 

Dominios de vegetación: unidades fisiográficas territoriales y pisos de vegetación.

La llanura central del Ebro medio entre Zaragoza y Candasnos, con sus pequeños relieves, muestra en algunas áreas un paisaje subdesértico estepario, más parecido a algunos enclaves del sureste ibérico y del norte de Africa que al área mediterránea que le és más próxima.

El caracter del paisaje monegrino es consecuencia, ante todo, de las bajas precipitaciones (que superan escasamente los 300 mm, con un largo y tórrido estío), de la continentalidad acusada por efecto de la inversión térmica y vientos fríos del norte, y de los problemas edáficos, consecuencia de la erosión y el endorreismo.

Esta zona central a lo ancho del eje Zaragoza-Candasnos, es la de mayor aridez. Ésta disminuye progresivamente hacia la periferia, en círculos más o menos concéntricos, mientras ganamos en altitud. Al alejarnos del centro cambia el clima; las montañas próximas y altiplanos albergan una vegetación progresivamente más mesófila, iniciándose ya en los Montes de Zuera y Sierra de Alcubierre, y manifestándose claramente mientras avanzamos hacia los Catalánides, Pirineos o Sistema Ibérico meridional. Este esquema se encuentra diáfanamente explicado y ejemplarizado en los trabajos de P. Montserrat (1966) y O. de Bolòs (1973).

En el paisaje vegetal de los Monegros es factible distinguir algunos territorios en donde un tipo de vegetación madura, bosque, maquia o coscojar, en precario equilibrio con el medio, domina el paisaje. Estas formaciones, que en los Monegros actuan más bien como comunidades permanentes (clímax topográfica o edáfica), definen los dominios de vegetación, que en la llanura pueden correlacionarse con unidades fisiográficas naturales menores, y que en las áreas montañosas coinciden con el piso altitudinal de vegetación correspondiente.

 

Dominio del coscojar-espinal con sabina albar (Rhamno-Cocciferetum thuriferetosum).

Este dominio abarca en los Monegros la mayor parte del territorio central y occidental: la llanura de Alfajarín-Bujaraloz-Candasnos, entre los 300-450 m de altitud, comprendida entre la base meridional de la Sierras de Alcubierre-Ontiñena y el resalte izquierdo del Ebro, con orientación ONO-ESE.

Corresponde al territorio mas árido y continental; es frecuente la inversión térmica, con nieblas persistentes durante todo el invierno, al que se suma el cierzo; desde el punto de vista edáfico destacan los afloramientos masivos de yesos, especialmente en la zona nordoccidental, con un suave relieve de vales y colinas.

En la actualidad la mayor parte del territorio está ocupado por suelos de uso agrícola, a excepción quizás de los Montes de la Retuerta y la base de la Sierra de Alcubierre. Fuera de estos enclaves, los restos de vegetación leñosa climácica que subsisten en algunas laderas de vales y sasos se estructura en torno a la coscoja y el espino negro, junto a la que pueden aparecer varias especies de enebros y sabinas (Juniperus oxycedrus, J. phoenicea y especialmente la sabina albar, J. thurifera). Esta última, que caracteriza la comunidad, resiste bién la inversión térmica y el cierzo, lo que nos lleva a reconocer el caracter montano de esta conífera.

En algunos barrancos de los montes de la Retuerta de Pina es donde mejor conservado está el sabinar, bien estructurado por la sabina albar y el pino carrasco junto a una maquia densa de matas y arbustos; así pueden verse en algunas laderas orientadas al norte de la val del Carro y val de Zaragoza.

Se ha sugerido que estos montes no son la zona mas árida de la llanura (que correspondería a los alrededores de Alfajarín), sinó un área montana, cuyo escaso relieve le permite no obstante mantenerse mayor tiempo fuera de la inversión térmica; algunas indicadoras como Stipa lagascae, Astragalus turolensis, Tortula desertorum o Salvia lavandulifolia nos señalan la vocación montana de este lugar y del propio sabinar.

Por ello no va desencaminado Rivas Martinez al considerar la independencia de esta subasociación climácica (thuriferetosum) respecto al Rhamno-Cocciferetum, diferenciándola como asociación Juniperetum phoeniceo-thuriferae (Br.-Bl- & O.Bolòs) Rivas Martinez 1987.

Los estudios de Terradas apuntan a que las características del relieve tienen un gran impacto en la distribución de la vegetación en esta área más árida. Se registran mínimas de temperatura más bajas en los fondos de val que en los cabezos; las pequeñas elevaciones quedan como islotes emergentes sobre la niebla, lo que permite la presencia de comunidades variadas en distancias relativamente cortas.

En la vertiente meridional de la Sierra de Alcubierre, estas formaciones estépicas de enebros y sabinas ascienden hasta los 500-600 m en determinadas vales afectadas por la inversión térmica.

No obstante, el paisaje general se configura como un mosaico pluriteselar, sin apenas vegetación arbórea, en donde el condicionante edáfico y la suave y erosionada topografía, unidos al clima subdesértico, imponen, sobre los restos de vegetación climácica, la ocupación extensiva del territorio por matorrales y comunidades de caracter estépico (praderas de gramíneas, herbazales nitrófilos, cardonales), junto a la vegetación halófila e higrófila de las depresiones salinizadas.

Dominan el paisaje los infinitos cultivos de secano, muchos hoy forzados al regadío en determinadas áreas.

Los matorrales sobre yesos ocupan notables extensiones en la zona occidental y septentrional, aunque salpican toda la comarca. Corresponden a distintas fases de degradación del Rhamno-Cocciferetum, condicionados en gran medida por el grado de evolución del suelo.

El Onidetum tridentatae corresponde al matorral mas denso y vigoroso, asentado sobre suelos profundos, con una gruesa capa de partículas finas y en donde el yeso no aflora muy a menudo. Es constante la presencia del asnallo, Ononis tridentata, junto a Helianthemum syriacum, Mathiola fruticulosa, la rara Astragalus alopecuroides y la más rara estépica Krascheninnikovia ceratoides, que indica facies más degradadas. Aparece con mayor frecuencia en las pendientes soleadas, aunque no descarta otras exposiciones, desde los márgenes del Ebro hasta la Sierra de Alcubierre, en donde asciende hasta los 600 m.

El Helianthemetum squamati representa una comunidad más degradada que la anterior que cubre con regularidad los yesos de costra, compactados y más o menos erosionados de toda la llanura. Además de la especie directriz, Helianthemum squamatum, son constantes Herniaria fruticosa, Launaea pumila y Helianthemum syriacum, entre otras; el recubrimiento es muy bajo y, junto a las escasas matas, abundan sobremanera los líquenes, que aparecen en las pendientes como costras grises, amarillas o blancas aplastadas contra el suelo.

En la subasociación placodietosum pueden llegar a cubrir mas del 60% de la superficie. También se halla muy extendida y compartiendo el mismo territorio la subasociación stipetosum parviflorae, con escasos líquenes y algunas Stipa (S. parviflora, S. lagascae) que indican exposiciones mas venteadas.

El Lepidietum subulati es un matorral más localizado, que coloniza las pendientes de enclaves muy áridos, sobre polvo de yeso estabilizado por una costra liquénica; es una comunidad más pobre en especies que el Helianthemetum squamati, caracterizada por la presencia de Lepidium subulatum, Gypsophila hispanica y Artemisia herba-alba, entre otras; puede observarse esta asociación en la base de la Sierra de Alcubierre y en los montes de la Retuerta de Pina.

Los matorrales gipsícolas de la Depresión media y baja del Ebro, han sido referidos por Molina & al. (l.c.), atendiendo en parte a una polémica cuestion de prioridad, a una única asociación Helianthemo-Gypsophiletum hispanicae Rivas Goday 1957, que incluyen a su vez en la alianza Lepidion subulati Bellot y Rivas Goday en Rivas Goday 1957.

Consideran estos autores que no hay diferencias sustanciales en la caracterización florística de las tres comunidades gipsícolas descritas por Braun-Blanquet y O. de Bolòs y que a lo sumo, han de ser consideradas extremos de la dinámica interna de una misma asociación.

Sin entrar en polémica, lo cierto es que en el campo la caracterización ecológica, estructural, dinámica y en buena parte florística de las tres comunidades es clara.

Molina & al. describen también la subasociación salvietosum lavandulifoliae, matorral gipsófilo de caracter montano, que estaria presente en los yesos de la zona alta de la Sierra de Alcubierre; además, refieren a otra nueva subasociación boleetosum asperi los matorrales sobre margas yesíferas de la mitad oriental de la comarca, caracterizados por la presencia del endemismo monegrino Boleum asperum y donde parecen faltar por completo Gypsophila hispanica y Lepidium subulatum.

Sobre suelos esqueléticos carbonatados puede aparecer el Rosmarino-Linetum, un matorral bajo y más o menos aclarado consecuencia de la degradación de la maquia, más común en el dominio del Rhamno-Cocciferetum cocciferetosum, que comentaremos mas adelante.

Por degradación debida al sobrepastoreo y sobre suelos mas erosionados, en el límite sudoccidental de la comarca, mas continental y fría, el Rosmarino-Linetum se transforma en el Sideritetum cavanillesii, un matorral ralo dominado por Sideritis scordioides subsp. cavanillesii, en donde faltan las especies mediterráneas mas sensibles al frío; puede observarse esta comunidad en la parte occidental de la Retuerta de Pina y en la vertiente meridional de la Sierra de Alcubierre.

Los albardinares del Agropyro-Lygeetum constituyen una de las comunidades estépicas de gramíneas mas común y extendida por la baja llanura, entre los 200-400 m. A la dominancia del esparto se une la relativa abundancia de Agropyron cristatum; suele ocupar los fondos de valle y laderas de umbría, sobre una capa limo-arcillosa con una concentración de cloruros y de sulfatos relativamente elevada. La subasociación típica (agropyretosum cristati), sin halófilas y con alguna indicadora gipsícola como Campanula fastigiata, es la mas notablemente extendida, alcanzando la base de las sierras de Alcubierre y Ontiñena.

En las cuencas endorreicas, las suaves laderas pedregosas de suelo limoso-salino, se revisten de un espartal con algunas diferenciales halófilas como Aizoon hispanicum, Spergularia diandra e Hymenolobus procumbens, que tienen que atribuirse a la subasociación aizoetosum hispanicae.

La otra comunidad estépica de gramíneas perennes dominada por diversas Stipa (S. lagascae principalmente, también S. barbat y S. parviflora) junto al albardín, es el Lygeo-Stipetum. Como la anterior asociación, suele ocupar los fondos de valle o la base de las laderas expuestas al norte, sobre una capa de tierra fina procedente de la erosión de dichas laderas. Pero a diferencia del Agropyro-Lygeetum, prefiere suelos menos ricos en yesos y sales solubles y tiende a situarse a niveles altitudinales superiores.

Los terófitos, numerosísimos y abundantes, tienen una clara extracción mediterráneo-iranoturaniana y brotan, en la eclosión primaveral, entre los claros, que se cubren de pequeñas flores de colorido diverso. La subasociación típica (stipetosum lagascae) es la mejor provista en características de la asociación, la más estable y menos nitrófila, puede observarse en la Retuerta de Pina y en la base de la Sierra de Alcubierre.

La subasociación artemisietosum, con Artemisia herba-alba y Salsola vermiculata como diferenciales, es acusadamente más nitrófila; aparece en los viejos cultivos abandonados, constituyendo a menudo una facies inicial de la subasociación anterior. El pastoreo excesivo y una nitrificación sobreabundante trae consigo la sustitución de esta comunidad por el sisallar del Salsolo-Peganetum.

Los matorrales y herbazales nitrófilos o subnitrófilos monegrinos de caracter estépico con significación en el paisaje están representados básicamente por dos comunidades. El ontinar, o sisallar con ontina (Salsolo-Artemisietum) es mas bien un matorral nitrófilo en donde predominan Artemisia herba-alba y Salsola vermiculata, a menudo acompañadas con algunas subhalófilas, como la salada blanca (Atriplex halimus) y el rebollo (Camphorosma monspeliaca). Muestra preferencia por los taludes que separan los cultivos, márgenes de pistas forestales y campos largo tiempo abandonados.

Una variante gipsícola con rebollo cubre buena parte del territorio noroccidental, aunque es mas frecuente la variante con ontina, que ocupa amplias extensiones en toda la llanura, ascendiendo hasta los 500 m en la Sierra de Alcubierre, o descendiendo por algunos barrancos (la Valcuerna, Liberola, etc.) hasta los 200 m., junto al Ebro.

El sisallar con gamarza (Salsolo-Peganetum) es más herbazal nitrófilo que matorral, ya que al sisallo y la gamarza o alharma(Peganum harmala) se suman otras hierbas nitrófilas como Chenopodium muralis, Ch. vulvaria, Sisymbriun irio o Silybum marianum, que permiten diferenciar esta asociación de la anterior; requiere de suelos limosos ricos en nitratos y sales minerales, sin excluir los yesos.

La comunidad aparece en los lugares fuertemente ruderalizados de todos los Monegros, desde el nivel del Ebro hasta unos 400 m de altitud, en cultivos abandonados, mases, junto a los corrales y depósitos de estiércol.

Las formaciones de grandes cardos (Onopordetum nervosi), con ejemplares que superan con facilidad los 3 m, confieren a la llanura monegrina una pincelada estépica norteafricana inconfundible.

Comunidad que se asienta en suelos alterados, ricos en materia mineral y orgánica, como en las cunetas de la carretera, márgenes de campos, caminos y pistas forestales, parideras, proximidades de poblaciones, se caracteriza florísticamente por ser el refugio de un conjunto de especies endémicas e iberomagrebinas, como los diversos cardones (Onopordon nervosum, O. corymbosum, Silybum eburneum) y cardos (Carduus reuterianus), de interés biogeográfico notable. Estos cardonales son muy frecuentes en toda la llanura monegrina, ascendiendo hasta los 600 m en las sierras.

Los herbazales nitrófilos que aparecen en lugares frecuentados por el hombre y el ganado, muy ruderalizados, sobre suelos profundos y húmedos, ricos en materia orgánica, pertenecen a la asociación Chenopodietum muralis, que se caracteriza florísticamente por la posesión de numerosas especies de los géneros Chenopodium y Amaranthus.

Incluso estos herbazales tienen influencia estépica y son refugio de especies notables, endémicas o iberomagrebinas, como Chenopodium exsuccum o Bassia scoparia. Con escasa representación en el paisaje, aparecen aquí y allá en todo el territorio monegrino.

Merece también un comentario las asociación Stellario-Chenopodietum exsucci, una comunidad de terófitos humícolas y escionitrófilos de área muy reducida, pero de fuerte personalidad, caracterizada por las anuales Chenopodium exsuccum y Stellaria pallida. Coloniza los pies de sabinas albares y pinos de las formaciones mas densas y umbrosas de algunos barrancos de la Retuerta sometidos al pastoreo de ovejas y cabras.

Los cultivos de secano ocupan grandes extensiones en la llanura, aunque hoy en día el color pajizo de las mieses es sustituido progresivamente por el verde-amarillento de los cultivos de girasol, maíz y alfalfa. Es un intento de transformar en vergel, con agua importada, lo que la naturaleza no permitió progresar más allá de los bíblicos trigales. Bienvenidos sean si generan riqueza y respetan en lo sustancial el precario equilibrio ambiental y la diversidad paisajística, si es que ello es posible.

Los cultivos cerealistas bajo el clima estépico son un buen refugio para muchas epecies anuales de origen muy diverso, frecuentados también por las endémicas, ibero-magrebinas y estépicas orientales: Hypecoum pendulum, Roemeria hibrida, Sisymbrium crassifolium o Cerastium perfoliatum son algunos ejemplos.

La asociación meseguera mas extendida és el Roemerio-Hypecoetum, muy rica en especies. Los campos ocupados en verano por esta asociación presentan distintas facies autumnales, una presidida por la capitana (Salsola kali), otra por la ruca (Eruca vesicaria).

En la plataforma de Bujaraloz-Sástago, los yesos están coronados por un delgado nivel de calizas; la escorrentería superficial, que en áreas cercanas de yesos masivos ha dado lugar a una tupida red de vales, no ha logrado diferenciar una red de drenaje claro en esta área endorreica.

Por un proceso de karstificación sobre los materiales calizos, se han originado una serie de cubetas y depresiones con lámina de agua estacional: se trata de un triángulo de lagunas y saladas en cuyos vertices podemos situar la salineta de Bujaraloz, la salada del Rollico y las Amargas, con una interesantísima vegetación halófita y halonitrófila.

La llanura en donde se asientan las saladas está prácticamente ocupada por cultivos de cereales y baldíos; es frecuente observar en los lindes de los campos y declives el sisallar o fragmentos de albardinar; se detecta también algún resto del sabinar, muy alterado, con solitarios ejemplares de Juniperus thurifera, en las pequeñas valonadas orientadas al norte.

Las pendientes que rodean las saladas que no están ocupadas por cultivos, están colonizadas por matorrales gipsófilos o no atendiendo a la naturaleza del sustrato; en las pendientes yesosas próximas al fondo, sobre pequeñas plataformas estructurales y microrrelieve producido por la escorrentería, se deposita una delgada capa de limo salino que es colonizado por una peculiar comunidad de Senecio auricola y Limonium stenophyllum (Helianthemetum squamatii senecietosum auricolae).

En las crestas venteadas orientadas al norte, sobre sustrato yesoso, ha sido descrito un particular matorral graminoide de Stipa offneri y Stipa iberica al que se unen un conjunto de indicadoras gipsícolas (Euphorbio-Stipetum gypsophiletosum hispaniacae).

Los suaves declives próximos al fondo de cubetas y saladas están habitualment colonizados por albardinares densos, o comunidades donde prolifera el sisallo; en algunas pendientes más suaves y pastoreadas, de suelo pedregoso calcáreo no yesoso, pueden instalarse prados secos ricos en terófitos mediterráneos del Ruteto-Brachypodietum.

A partir de aquí se inicia la retaguardia de las comunidades halófilas, que se situan en irregulares círculos concéntricos, atendiendo a factores ecológico-topográficos como la salinidad, las disponibilidades hídricas y la textura del suelo; la zona central de las saladas habitualmente está desprovista de vegetación, u ocupada por comunidades higrófilas si el agua freática es permanente.

El matorral de halófilas crasas presididas por el almajo (Suaedetum verae), ocupa el más amplio margen de este círculo, diversificado en distintas subasociaciones. Así, la subasociación dominada por el tomillo sapero (frankenietosum thymifolii), la menos halófila y algo nitrófila, suele ser la mas externa, en contacto con el sisallar o el albardinar; la subasociación en la que domina la hierba alacranera (arthrocnemetosum macrostachyi), la que soporta una salinidad más elevada, es la que ocupa mayor superficie, alternado con la subasociación típica (suaedetosum), menos halófila que la anterior.

Esta última, mucho mas extendida en el conjunto del país, está presente no solo en las saladas, sinó en cultivos salinizados, yermos, fondos abiertos de los vales y otras depresiones salinizadas. Debe mencionarse la subasociación limonietosum stenophylli, que coloniza el primer desnivel de gravas que sigue a los limos salinos, endémica de las saladas de la plataforma.

El limo desnudo y los amplios claros que deja el Suaedetum verae quedan cubiertos, atendiendo a las precipitaciones estacionales mas o menos abundantes, por asociaciones de efímeros halófilos que se encuadran en las alianzas Frankenion pulverulentae y Salicornion ramosisimae.

De esta última mencionaremos dos asociaciones, prácticamente monoespecíficas, de gran interés. El Microcnemetum coralloidis, dominada por la especie directriz de su mismo nombre, muestra su preferencia por los suelos menos salinizados de textura gruesa; su área de distribución, ibérica, coincide con la de la especie. El Halopeplidetum amplexicaulis tiene un área más amplia, mediterráneo-occidental, aunque en el valle del Ebro esté representada por la subasociación salicornietosum ramosissimae, endémica; forma praderitas mas o menos extensas en la vanguardia de la haloserie, sobre el limo húmedo, desnudo y llano.

Si en las saladas o lagunas la acumulación de agua persiste en verano en el horizonte freático, pueden establecerse juncales halófilos con Juncus maritimus, J. subulatus, Aeluropus littoralis y Sonchus crassifolius, atribuibles al Soncho-Juncetum maritimi.

Para mejor comprensión de la disposición espacial de las comunidades mencionadas, incluimos algunos transectos que ilustran su distribución catenal en algunas de las saladas de la plataforma (Figs. 3,4 y 5).

Otra zona endorreica de interés se situa en el extremo nordoriental de la plataforma, en las lagunas semipermanentes y saladas oligosalinas próximas a Ballobar, provistas de una vegetación higrófila e higrohalófila excepcional en el contexto de la Depresión del Ebro. Destacan aquí las comunidades, próximas al Isoetion, de Marsillea strigosa y las de Myosurus minimus, aún no descritas, impensables en esta zona de marcada aridez del Valle del Ebro.

 

Dominio de la maquia de coscoja y lentisco con pino carrasco (Rhamno-Cocciferetum pistacietosum).

Fisionómicamente, la vegetación potencial está representada por un pinar aclarado de Pinus halepensis o una maquia de densidad variable de coscoja y lentisco, más termófila y sensible a las bajas temperaturas que el sabinar. El carácter más meridional de este dominio de vegetación se manifiesta en ciertos arbustos y pequeños arboles termófilos: Globularia alypum, Erica multiflora y especialmente Pistacia lentiscus; Quercus coccifera se ve desplazado en parte por Juniperus phoenicea.

El territorio ocupado en los Monegros por este dominio corresponde al relieve invertido, de unos 150-200 m de desnivel, sobre el margen izquierdo del Ebro y el estrecho margen derecho del Cinca. Altitudinalmente corresponde al desnivel entre el borde meridional y oriental de la plataforma de Bujaraloz-Candasnos (300-350 m) y el Ebro y su afluente el Cinca (110-140 m).

Incluye una serie de barrancos y vales que, en regimen torrencial, descienden desde la plataforma hasta el Ebro. Se inicia en Sástago-Escatrón, alcanza su máxima extensión en el tramo inferior de la Valcuerna y Serreta Negra hasta Mequinenza, ascendiendo mediante una estrecha franja por el margen derecho del Cinca hasta Ballobar.

Se trata de un área orientada mayormente a solana, protegida del cierzo por el relieve, en donde se dulcifica el clima continental seco y frío de la llanura y las precipitaciones, algo más abundantes, le confieren una pincelada montana. No escapa totalmente a los fenómenos de inversión térmica, pero la libre circulación de aire por los vales fluviales unida a la abrupta orografía, origina fenómenos de turbulencia que despejan más rapidamente las nieblas.

Quizás, como sugiere Bolòs (1973), penetren masas de aire húmedo por el cauce durante los temporales de levante, que den lugar a breves precipitaciones al chocar contra el relieve. La influencia termófila litoral que parece ascender por el mencionado cauce del Ebro se hace evidente por la presencia de algunas plantas indicadoras como Cytisus fontanesii, Haplophyllum linifilium, Glaucium flavum, Asphodelus fistulosus o la rara endémica levantina Erodium sanguis-christii.

En los claros que deja la maquia del Rhamno-Cocciferetum pistacietosum y también como consecuencia de su degradación, se presenta con caracter dominante el matorral del Cytiso-Cistetum clusii. Se trata de un matorral termófilo y xerófilo, poco denso, asentado sobre terrenos pedregosos o margosos, no yesosos; muestra preferencia por las plataformas y taludes de los altozanos, donde las bajas temperaturas son menos severas.

Son características florísticas Cytisus fontanesii, Cistus clusii, Orobanche gracilis y Erica multiflora, junto a otras plantas termófilas genuinamente mediterráneas; el endemismo monegrino Boleum asperum es un acompañante esporádico, que ayuda a caracterizar la subasociación típica cytisetosum (Recasens & al., 1988); a menudo la comunidad suele estar cubierta por un estrato claro de Pinus halepensis.

Actualmente la asociación ocupa notables extensiones en las crestas, laderas y relieves abruptos de los barrancos que descienden de la plataforma de Bujaraloz hacia el Ebro; es particularmente común en la Serreta Negra, en donde se ha favorecido su extensión por la tala de pinos y destrucción de la maquia climácica.

El Dictamnetum hispanici es una comunidad poco densa, con escasa significación en el paisaje, al que le confiere un ligero matiz montano en algunos enclaves. Junto a Dictamnus hispanicus y Vincetoxicum hirundinaria, se mezclan algunos indicadores de los suelos pedregosos donde se situa, como Iberis ciliata o Thalictrum minus; aparece en algunas vertientes de umbría de la Serreta Negra de Fraga.

Sobre suelos yesosos, y particularmente en las solanas, no es infrecuente observar matorrales pertenecientes al Ononidetum tridentatae o al Helianthemetum squamati. El matorral gris de Salsola vermiculata y Artemisia herba-alba (Salsolo-Artemisietum) aparece en los fondos de valle, dominando los yermos y cultivos en barbecho. La comunidad nitrohalófila de Haplophyllum linifolium y Limonium hibericum (Limonio-Haplophylletum), muy relacionada con el Salsolo-Peganetum, invade los caminos poco frecuentados, sobre suelos arcillosos profundos.

En los fondos de valle sin circulación evidente de agua, anchos y llanos, la erosión de las laderas hace que se acumulen grandes cantidades de tierra fina limoso-arcillosa.

Estos suelos están colonizados por densas poblaciones de Stipa lagascae muy ricas en plantas anuales; las delicadas panículas plateadas de esta gramínea confieren a la comunidad un caracter sabanoide: nos encontramos frente al Lygeo-Stipetum.

La textura del suelo condiciona la aparición de dos subasociaciones en este dominio, distintas a su vez de la que aparece en la Retuerta y en la Sierra de Alcubierre. La subasociación lino-stipetosum, con Linum perenne y gran número de terófitos que la aproximan a los prados terofíticos mediterráneos, se asienta sobre suelos muy sueltos y poco alterados por el hombre.

Como resultado de la alteración antropógena, el terreno se compacta, aumentan las especies del matorral termófilo y disminuyen los terófitos: nos encontramos frente a la subasociación salvietosum; si el pastoreo es muy intenso, se enriquece en especies subnitrófilas de Salsolo-Artemisietum, que por degradación aún mayor, pueden dar paso al sisallar.

El fondo de los valles principales con circulación de agua constante, como es el caso del barranco de la Valcuerna, que elimina los excedentes de riego hacia el Ebro, mantienen en sus orillas un tamarigal denso y de hasta 5 m de altura de Tamarix canariensis y Tamarix gallica (Tamaricetum canariensis), orlado por un herbazal espesísimo de Atriplex halimus. Entre los claros, sobre los limos salinizados, es posible observar las grandes rosetas foliares de Limonium latebracteatum, al que acompañan Aeluropus littoralis, Suaeda vera y otros halófilos (Limonietum latebracteati).

Las comunidades de grandes cardos (Onopordetum nervosii), tan común en los yermos y bordes de camino de las tierras áridas del Ebro medio, también están representadas en este dominio. Al igual que el Sylibo-Urticetum, comunidad de cardos y ortigas de desarrollo primaveral presididas por el cardo mariano (Silybum marianum), mucho mas sensible al frío y a la falta de humedad que la anterior asociación, por lo que se resguarda junto al Ebro y el Cinca, aunque ascienda esporádicamente a la plataforma. También el Carduo-Hordeetum leporini, asociación de malas hierbas ruderal-viarias, aparece con frecuencia en los enclaves propicios.

Los cultivos de cereales soportan comunidades de malas hierbas que han de atribuirse al Roemerio-Hypecoetum. Pero los cultivos de regadio, de remolacha y leguminosas asentados junto al Ebro y el Cinca, sostienen comunidades mesícolas muy distintas, que deben referirse al Atriplici-Silenetum; son especies comunes en la asociación Silene rubella, Atripex hastata y Anthemis cotula.

Algunos fondos de valle orientados al norte acumulan humedad y permiten el asentamiento de fragmentos de vegetación submediterránea, de matiz ligeramente montano, normalmente restringida a dichos fondos. El Jasmino-Buxetum es una maquia densa presidida por Buxus sempervirens junto a Jasminum fruticans, Pistacia lentiscus, Pistacia terebinthus, Rhamnus lycioides, etc.

Forma una estrecha banda, de pocos metros de amplitud, al pie de las vertientes de umbría del tramo inferior de la Valcuerna; al ascender por la ladera, desaparecen rápidamente Buxus y Jasminum y se pasa rápidamente al Rhamno-Cocciferetum. Comunidades muy próximas a la descrita aparecen también en la Sierra de Alcubierre (barranco del Bujal), ya en el dominio del Rhamno-Cocciferetum cocciferetosum.

En los claros del Jasmino-Buxetum y proximidades, sobre suelos pedregosos de escasa pendiente, se ha descrito el Teucrio-Nepetetum beltrani. Curiosísima asociación de terófitos de desarrollo primaveral con una muy alta tasa de especies endémicas, mediterráneas y oriental-estépicas como Ziziphora aragonensis, Rochelia disperma, Valerianella multidentata, Callipeltis cucullaria, Saponaria glutinosa, presididas por la hierba perenne Nepeta beltrani.

Descrita del área de Els Boixos, en la Serreta Negra de Fraga, conviene matizar que se halla mas ampliamente distribuida, por la Valcuerna, Mases de Pantoja y en diversos lugares de la Sierra de Alcubierre, mostrando una notable variabilidad que merece ser estudiada con detalle.

Las Figs. 6 y 7 nos ilustran de la disposición catenal de las comunidades mencionadas en algunos lugares de la Serreta Negra de Fraga.

 

Dominio del coscojar continental con pino carrasco (Rhamno-Cocciferetum cocciferetosum).

El territorio de este dominio incluye las vertientes meridionales, entre los 350-600 (800) m, de los Montes de Zuera y Sierras de Alcubierre-Lanaja-Ontiñena, que rompen, al norte de la comarca, la continuidad de la llanura central con los llanos de la Violada y Sariñena.

Incluye también algunos relieves topográficos de la zona oriental de la plataforma de Candasnos, desde la Serreta Negra hasta San Gregorio. Situada entre el sabinar de la llanura y el carrascal, la vegetación que aquí ejerce de climax topográfica es un coscojar o sarda empobrecida, en donde suele faltar la sabina albar y el pino carrasco en las zonas bajas (300-500 m) y lugares mas degradados; o un pinar claro con un sotobosque bien estructurado, en el que a menudo penetra la carrasca, pero no el lentisco y otras especies termófilas, en las sierras; la gayuba (Arctostaphylos uva-ursi) y la bufalaga (Thymelaea tinctoria) son especies diferenciales frente a otras subasociaciones del Rhamno-Cocciferetum.

Por lo general el clima se dulcifica respecto al de la llanura, es algo menos continental y árido, porque el territorio emerge de las nieblas y la pluviosidad es algo mayor. La relativa aridez impide aún la instalación y expansión del carrascal y su cortejo de especies.

La degradación del pinar o coscojar del Rhamno-Cocciferetum, unido a la pérdida de suelo, comporta la aparición de matorrales del Rosmarino-Linetum. Se trata de una comunidad xerófila, ampliamente extendida, que cubre las margas y pedregales miocénicos no yesosos; en la época de floración, la multitud de flores del lino blanco (Linum suffruticosum) cubren estas formaciones no muy densas ni altas, junto a las espigas violetas de Salvia lavandulifolia y las rojizas de Hedysarum confertum.

La subasociación juniperetosum phoeniceae tiene un marcado carácter montano por abundar los enebros y la sabina negral; con un estrato claro de pino blanco cubre notables extensiones en Monte Obscuro y Sierras de Alcubierre y Ontiñena, con apariciones esporádicas en la Serreta Negra. La subasociación lithospermetosum, sin árboles y con escasos arbustos, que representa un estadío regresivo más avanzado, suele alternar con la anterior en las zonas mas bajas, prolongándose hasta Ballobar y algunos cerros de Fraga y de Candasnos hacia el Ebro, en tránsito hacia el dominio de Rhamno-Cocciferetum pistacietosum.

Parte de esta última subasociación (variante de Salvia lavandulifolia) y de la anterior (variante de Juniperus thurifera), son interpretadas por Molina & al. (l.c.) como facies que deben incluirse en la nueva subasociación salvietosum lavandulifoliae, que describen de la zona alta de la Sierra de Alcubierre, Montes de Castejón y Villamayor y caracterizan por la presencia de Salvia lavandulifolia y la influencia florística de los tomillares celtibéricos-maestracenses del Sideritido-Salvion lavandulifoliae.

Consideran también estos autores que la asociación Sideritetum cavanillesii, que fué descrita como un estadío de degradación del Rosmarino-Linetum, no puede independizarse de ésta.

Fragmentos empobrecidos del Cytiso-Cistetum clusii, matorral termófilo de carácter montano bajo que ya hemos comentado, pueden aparecer en algunos enclaves de la Sierra de Ontiñena y hacia la Almolda; se trata de la subasociación coronilletosum lotoidis, donde quizás por el frío faltan Erica multiflora y a veces el mismo Cytisus fontanesii.

En los afloramientos yesosos, por degradación del coscojar climácico, suele aparecer un matorral de Ononidetum tridentatae, especialmente denso y rico en especies allí donde el pino carrasco no ha desaparecido totalmente. En los yesos de costra aparece también el Helianthemetum squamatii. Especial mención por su rareza merece la comunidad que coloniza el pie y las laderas de los farallones yesosos nitrificados por los excrementos de aves (Ferulo- Diplotaxietum); el suelo es de tipo coluvial, profundo y ligeramente húmedo, formado por la disgregación de los yesos.

Ferula communis se asocia a un grupo de especies subnitrófilas como Diplotaxis ilorcitana, Sisymbrium runcinatum, Atriplex halimus y otras, configurando una comunidad de escasa cobertura y aspecto estépico. Descrita de Alfajarín y Nuez de Ebro, ha sido observada en la Sierra de Alcubierre, al pié del monte Miramón y en el barranco de la Valcuerna.

Los albardinares del Agropyro-Lygeetum son mas raros que en el dominio del sabinar, pero aparecen aún en las laderas meridionales de la zona basal del eje orográfico. También el Lygeo-Stipetum, en su variante típica, alcanza algunos rellanos al pie de laderas de umbría, ascendiendo hasta los 650 m. El sisallar y el ontinar, menos frecuentes que en el dominio del sabinar, ocupan los lugares que les son habituales.

Los tamarizales del Tamaricetum canariensis no constituyen manchas extensas, sinó que colonizan aquí y allá los fondos de barranco estacionalmente húmedos, caracterizando el aspecto estépico de las vertientes meridionales de las sierras en su contacto con la llanura.

 

Dominio del carrascal (Quercetum rotundifoliae).

Los Montes de Zuera y la Sierra de Alcubierre, con su clara disimetría N-S, actúan como una barrera orográfica que detiene hacia el norte la vegetación esteparia más árida de la Depresión media del Ebro. Pero opuestamente se manifiesta como una avanzada extrema de la vegetación montana prepirenaica esclerofila e incluso de hoja marcescente, que encuentra refugio en determinados barrancos y laderas de su veriente norte.

La umbría alta de los Montes de Zuera y Sierra de Alcubierre, especialmente por encima de los 500 m y en exposiciones N, NE y NO, queda bajo el dominio del carrascal continental [Quercetun ballotae (rotundifoliae)] como asociación climácica aparentemente menos alterada.

La diversidad de microclimas, originados fundamentalmente por la topografía y protección o no al cierzo, condicionan que el carrascal (o sus etapas seriales más próximas) sirva de refugio para numerosas especies submediterráneas, subpirenaicas, iberoprovenzales e iberoatlánticas, que alcanzan en su intrusión dentro del mundo mediterráneo, un punto finícola en estas vertientes de umbría. Ello origina una cierta diversidad florística del carrascal, ligada a variaciones del microclima en áreas muy reducidas; és un fenómeno muy parecido, aunque condicionando por factores climáticos distintos, al que ocurre en los fondos de barranco de la Serreta Negra.

La subasociación mas extendida en estas sierras es la típica (centauretosum linifoliae), caracterizada por las diferenciales Centaurea linifolia, Coronilla minima subsp. lotoides, Lonicera implexa, Bupleurum rigidum y otras, que reflejan una mayor exigencia térmica frente a la subasociación rhamnetosum infectoriae, descrita de de los llanos de Huesca y que no parece alcanzar los Monegros.

En algunos barrancos sombríos y húmedos de la vertiente norte de la Sierra de Alcubierre, por encima de los 650 m y con fuerte pendiente, sometidos a las nieblas persistentes y al cierzo, la carrasca se mezcla con el quejigo; las ramas de los árboles y arbustos se cubren de líquenes y musgos epífitos y en el suelo una alfombra de musgos recubre hasta el 70% de la superficie.

Dominan Hypnum cupresiforme y Camptothecium aureum, pero aparecen también Thuidium abietinum, Dicranum scoparium y Ditrichum flexicaule, más propios de los bosques montanos prepirenaicos; en el sotobosque son frecuentes elementos de orla espinosa, como Prunus spinosa, P. insititius y diversas Rosa, junto a un grupo de especies eurosiberianas e iberoatlánticas como Filipendula vulgaris y Senecio lagascanus y la endémica Viola rupestris subsp. orioli-bolosii. Tales bosquetes de carrascal mixto, de una gran singularidad florística, se han descrito como subasociación senecietosum lagascani.

En otros lugares altos de la sierra expuestos al norte, el carrascal mixto de Quercus ilex subsp. ballota y Q. faginea se enriquece en plantas submediterráneas como Rosa pimpinellifolia y Paeonia officinalis subsp. microcarpa, nada habituales en los carrascales de la Depresión y que presentan ciertas analogías con los carrascales mixtos de la Cataluña media occidental, por lo que han sido referidos a la subasociación quercetosum fagineae.

En la Val de Zaragoza y la Valonguera, las vertientes orientadas al norte, entre los 500-700 m, quedan protegidas del cierzo y de la inversión térmica, tal como refleja la ausencia de líquenes epífitos. Estas laderas recoletas albergan algunas plantas termófilas propias del encinar litoral, como Viburnum tinus, Arbutus unedo, Ruscus aculeatus, Phyllirea angustifolia y Hedera helix, que nos ayudan a caracterizar el carrascal termófilo (subasociación viburnetosum tinii).

En Loma Sorda, barranco subsidiario de la val de Zaragoza, el fondo y la base de la umbría reunen condiciones microclimáticas que permiten el asentamiento, al límite, de un quejigal relativamente bien conservado, que muestra las suficientes características (Paeonia officinalis, Rosa pimpinellifolia, Polygonatum odoratum y Viola willkommii) como para ser referido al Violo-Quercetum fagineae; la presencia de algunas indicadoras termófilas cedidas del carrascal de contacto, como el durillo, el madroño y el rusco, unido a la relativa pobreza en características, permiten diferenciar a estas formaciones como subasociación viburnetosum tinii, una variante finícola y disyunta del quejigal submediterráneo prepirenaico y catalanídico.

En todos estos enclaves húmedos de la Sierra de Alcubierre, el carrascal o el quejigar de la ladera manifiestan , en su contacto con el fondo de barranco, una orla espinosa irregularmente estructurada por Prunus spinosa, Ligustrum vulgare, Crataegus monogyna y diversas especies de Rosa; estas formaciones, dominadas en algunos casos por el arce (Acer monspessulanus), colonizan también los mismos fondos. Su estructura y composición indican que aquí se anastomosan intrincadamente el mundo mediterráneo y eurosiberiano, y han de interpretarse como una irradiación extrema de los espinares del Pruno-Rubion ulmifolii en estas lagunas de vegetación submediterránea de la Depresión del Ebro.

La Figs.8 y 9 ilustran sobre las disposición catenal de las comunidades mencionadas en la Sierra de Alcubierre.

Las formaciones regresivas, producto de la destrucción o degradación del carrascal, comportan la aparición de coscojares y matorrales xerófilos del Rosmarino-Ericion, además de algunos matorrales mesoxerófilos en las vertientes de umbría que pueden referirse al Aphyllantion mas xérico.

El Quercetum cocciferae thalictretosum es un coscojar fisionómicamente parecido al Rhamno-Cocciferetum, pero en el que faltan buena parte de las especies xerófilas; se enriquece con algunos elementos montanos como Thalictrum tuberosum y Bupleurum fruticescens y con un conspicuo estrato herbáceo de Brachypodium retusum y Carex humilis, lo que revela un ambiente mas húmedo y atemperado que el Rhamno-Cocciferetum; es posible observar esta comunidad en la zona mas alta de la Sierra de Alcubierre, hacia San Caprasio, en exposiciones medias.

Los matorrales del Rosmarino-Linetum están representados en su mayor parte aún por la subasociación juniperetosum phoeniceae (o si se prefiere, salvietosum lavandulifoliae), que alcanza las solanas de las cumbres, indicando el dominio compartido del Rhamno-Cocciferetum cocciferetosum.

En las umbrías y exposiciones medias de la franja montañosa septentrional, entre los claros del carrascal, aparece un matorral mesoxerófilo en el que han desaparecido las especies más termófilas, sustituidas por especies mesófilas como Bromus erectus, Aphyllantes monspeliensis, Teucrium aragonense, Coronilla mínima, Sideritis hirsuta o Bupleurum rigidum, normalmente asociadas a comunidades de la alianza Aphyllanthion.

Este matorral poco denso con herbáceas fué descrito por Braun-Blanquet y Bolòs como Aphyllantheto-Bupleuretum brometosum y supeditado a la alianza Aphyllanthion. Molina & al. (l.c.) consideran, por la falta de auténticas características de la alinaza y la presencia de algunas indicadoras del Rosmarino-Ericion, que debe ser supeditado al Rosmarino-Linetum como subasociación brometosum erecti (Br.-Bl. & O. Bolòs) Molina, Loidi & Frndez.-González 1993. En cualquier caso, esta asociación o subasociación representa las últimas irradiaciones del Rosmarino-Ericion en su tránsito al Aphyllanthion prepirenaico y catalanídico, o viceversa.

Los lugares con agua estancada se limitan, en este dominio, a los estanques, abrevaderos y charcas para dar de beber el ganado. Son artificiales, estacionales y frágiles ecosistemas en donde es facil reconocer varias comunidades ecotónicas, que se disponen en círculos concéntricos atendiendo al gradiente de humedad edáfica. El Trifolio-Cynodontetum es un cesped denso de grama y trébol fresa (Trifolium fragiferum) que se asienta en los suelos arcillosos compactados y algo nitrófilos más periféricos; en un círculo mas interno puede instalarse el Paspalo-Agrostidetum, cesped mixto de hierbas perennes (Paspalum distichum, Agrostis semiverticilata) y anuales (Aster squamatus), si el suelo es muy rico en nitratos; o juncales del Acrocladio-Scirpetum palustris, con Scirpus palustris, Juncus inflexus y Holoschoenus vulgaris, si no lo son, que penetran aguas adentro; el centro y orillas de estas charcas suelen estar ocupadas por diversas comunidades de Ranunculus aquáticos (R. peltatus, R, trichophyllus), Zanichellia palustris o diversos Potamogeton.

 

Vegetación caducifolia de los márgenes del Ebro y sus afluentes (alisedas, choperas, sauceda y tayarales).

La comarca de los Monegros está delimitada, de hecho, por los cursos fluviales del Ebro, Cinca, Alcanadre y Gállego. El Ebro y el Cinca, los restantes en menor medida, ofrecen amplias terrazas fluviales en donde se asientan los bosques caducifolios de ribera (alisedas, chopedas y olmedas) junto a una rica vegetación riparia.

Los cauces de estos ríos ocupan las cotas mas bajas del territorio, con largos trayectos al resguardo del cierzo, por lo que muestran un clima atemperado y relativamente húmedo, lejos de los rigores de la llanura, al menos en su extremo occidental. La influencia termófila litoral se manifiesta en el Ebro y el Cinca hasta bien arriba, Escatron y Ballobar respectivamente, como lo demuestran algunos indicadores florísticos ya comentados y la vegetación.

Los cultivos de huerta y frutales ocupan la segunda fila de las amplias terrazas fluviales y territorios vecinos a los canales de riego subsidiarios; son una importante vía de penetración de especies alóctonas, que configuran algunas comunidades de malas hierbas y herbazales ruderal-viarios ralmente exóticos.

La comunidad mas compleja y madura es el Rubio-Populetum albae, aliseda asentada de antiguo junto al Ebro y sus afluentes. Su fisionomía y estructura viene determinada por los grandes árboles (Populus alba, P. nigra, Ulmus minor, Fraxinus angustifolia), junto a diversos sauces, tamarizales, elementos lianoides (Rubia tinctorum, Calystegia sepium) y hierbas higrófilas. En la actualidad estos bosques están muy fragmentados e intervenidos por el hombre, pero aún es posible observar excelentes muestras en algunos recovecos del Ebro, entre Chiprana y Mequinenza.

El Atriplici-Salicetum es una sauceda que se instala sobre los limos y gravas de arrastre, constituyendo la orla natural del Rubio-Populetum. Diversos sauces (Salix triandra, S. fragilis, S. alba, S. purpurea) estructuran la comunidad junto a otros componentes de la aliseda y algunas plantas subhalófilas. Es una formación más bien rara en el paisaje, que aparece esporádicamente en el Ebro, Cinca y cauce inferior del Alcanadre.

El Equiseto-Saccharetum ravennae representa a la vegetación sabanoide riparia, de caracter subtropical, representada por gramíneas gigantes como Saccharum ravennae, Imperata cilyndrica y Arundo plinii, que suele aparecer en aguas poco remansadas. Sus fuertes rizomas retienen las arenas finas, limos y piedras de las orillas del Ebro y curso inferior del Cinca, por donde aparece de forma esporádica. Es frecuente que esta comunidad vaya asociada al tamarizal de aguas no salobres (Tamaricetum africanae). Excepcional interés presentan las poblaciones de Tamarix boveana, que se asientan en los limos salobres de la Laguna Salada de Chiprana, ya que establecen un nexo evidente con las ripisilvas norteafricanas.

Los cañizares densos del Typho-Scirpetun tabernamontani es una de las formaciones más comunes en todas las corrientes de agua importantes. Forman una banda continua, a veces de hasta más de 30 m de amplitud en el Ebro, en inmediato contacto con el agua, penetrando a menudo hacia el centro de la corriente; soporta débiles concentraciones de cloruros. El carrizo (Phragmites australis) es la especie dominante, a la que se asocian a menudo la eneas (Typha angustifolia, T. latifolia), Scirpus tabernaemontani o Cladium mariscus. Cuando aparece ésta última especie, indica aguas menos salobres y mas ricas en carbonatos, como ocurre en la Laguna Salada de Chiprana.

La comunidad de grandes cárices y altas hierbas higrófilas presididas por Carex riparia y Carex vulpina, que aparece en en lugares largo tiempo inundados (Leucoio-Caricetum ripariae), es rara en algunos canales de riego junto al Ebro, en su tramo más occidental; las oscilaciones del nivel del río hacen que la asociación permanezca los meses de estiaje emergida, de ahí su mediocre desarrrollo.

Más frecuente es, en algunas acequias del Ebro y del Cinca y a orillas del Alcanadre, el herbazal higrófilo del Cladio-Caricetum hispidae, en donde aparecen Carex hispida, Iris pseudacorus, Althaea officinalis y Cyperus badius y suele faltar Cladium mariscus. La vegetación de jugosas hierbas de tamaño mediocre presidida por la berraza (Apium nodiflorum) y el propio berro (Roripa nasturtium-aquaticum), con la base permanente cubierta por el agua y que puede aparecer en contacto con la anterior asociación, requiere de aguas no salinizadas; se presenta, esporádica, en algunos afluentes y acequias del Alcanadre.

En los remansos del Ebro y del Cinca, canales de riego y acequias de todo el terrotorio, son frecuentes las formaciones de hidrófitos flotantes presididas por diversos Potamogeton (P. densus, P. nodosus, P. crispus) y Ceratophyllum demersum.

Durante el estiaje, al descender a cotas mínimas el caudal del Ebro, y en menor proporción del Cinca y del Gállego, emergen amplias superficies de limos ricos en materia orgánica y ligeramente salinizados; estos lodazales son ocupados por varias comunidades de desarrollo estivo-autumnal que se situan atendiendo al gradiente de humedad progresivo.

El Xanthio-Polygonetum persicariae es el herbazal nitro-higrófilo mas externo, en contacto con el Paspalo-Polipogonetum viridis, que coloniza los suelos mas húmedos. En estas comunidades encuentran refugio buena parte de especies foráneas, principalmente subcosmopolitas y neotropicales.

Fuera ya de los ambientes higrófilos, el Andryaletum ragusinae, matorral-herbazal muy claro presidido por Andryala ragusina, Mercurialis tomentosa y la mas rara Ruta montana, coloniza los canchales y pedregales aluviales, secos en verano; durante la primavera, las plantas anuales típicas de los prados secos mediterráneos junto a algunas hierbas ruderales y de los cultivos, ocupan las amplias superficies disponibles.

 

La interpretación del paisaje vegetal de los Monegros: ¿equilibrio natural o desforestación?

Braun-Blanquet y O. Bolòs supusieron en 1958 que el paisaje vegetal de la llanura central de la Depresión del Ebro, que en su mayor parte corresponde a los Monegros, podría tener el aspecto de lo que se ha llamado "vegetación en parque", que se interpreta como manchas de vegetación arbustiva o arbórea de mayor o menor extensión alternando con formaciones esteparias y semidesérticas acusadamente xerofíticas.

La aparición de una u otra de estas comunidades vendría condicionada, en primer término, por el relieve y los factores edáficos. La superficie arbolada, constituida por sabinares relativamente densos del Rhamno-Cocciferetum thuriferetosum, probablemente ocupaba notables extensiones.

Las comunidades esteparias, más reducidas que en la actualidad, quedarían relegadas a las solanas resecas de suelo yesoso o pedregoso. La expansión actual de la vegetación estépica de debería a la actividad desforestadora del hombre, que mantiene la estepa desarbolada para desarrollar la agricultura y el pastoreo.

Los estudios realizados por Walter sobre el regimen hídrico de la vegetación en distintas zonas áridas, así como los trabajos de J.Terradas en los Monegros, han propiciado una reinterpretación de esta primera hipótesis, planteada de nuevo por Bolòs (1973), asumida en su mayor parte y ampliada por Terradas (1986).

Predomina hoy en día la suposición de que la llanura central debe haber estado siempre, desde la última glaciación, con una apariencia no muy lejana a la actual, alternado en mosaico los matorrales y espartales estépicos con los coscojar-espinar y maquia arbolada. Luego el paisaje actual no sería muy distinto del que se presentaba en periodos dilatados del terciario y del cuaternario.

Es posible que ciertos fenómenos de distanciamiento entre las plantas leñosas, que fueron interpretados en un principio como consecuencia de la acción destructiva del hombre, respondan más bien a la escasez de agua y a la competencia entre las raices. Esta zona central desforestada queda rodeada periféricamente por un cinturón de vegetación esclerófila representada por la maquia del Rhamno-Cocciferetum, que en los enclaves más continentales con inversión térmica se asocia a la sabina albar. El sabinar posiblemente sea inacapaz de alcanzar una densidad mayor que la actual, teniendo en cuenta los factores expuestos, de modo que una gran parte del terreno queda siempre abierto a la estepa terofítica.

La realidad que se evidencia en el paisaje vegetal actual parece ofrecer una parte de la razón a cada una de las hipótesis. Es muy posible que en los albores de la historia, el paisaje vegetal estépico de la llanura monegrina, con grandes claros entre la vegetación leñosa (incluyendo las superficies endorreicas), respondiera a las hipótesis planteada por Walter, en el sentido que señalan Bolòs y Terradas. Pero lo que si parece rigurosamente cierto, es que la actividad desforestadora y de degradación de las comunidades estépicas causada por el hombre ha sido una constante en los Monegros, desde sus primeros pobladores y hasta la actualidad.

A la continuada agresión (sobrepastoreo, tala, incendio...) sobre el sabinar, que le ha hecho retroceder con intermitencias, pero continua y progresivamente hasta quedar reducido a una caricatura de su existencia primigenia, le ha sucedido, desde los inicios del siglo XX, la roturación indiscriminada que ha relegando la vegetación natural a fragmentos poco representativos, auténticos reductos camuflados en los lugares menos accesibles.

El proceso se relata con claridad en un excelente trabajo de compilación histórica que ha llegado a nuestras manos, llevado a término por ex-alumnos del Colegio Público "Ramon y Cajal"de Pina de Ebro, coordinados por J. Blasco Zumeta. Intentaremos resumir los sucesos más importantes que han llevado a los Monegros al estado de desforestación actual.

Durante el Neolítico (5.000 años a. de C.) y hasta la civilización romana, la presión de los primeros pobladores sobre bosques y praderas fué insignificante, ya que sus asentamientos se situaban principalmente junto al Ebro.

En el s. II a. de C. irrumpen en el sabinar los primeros pobladores organizados, los ilergetes, que fundan la ciudad indígena de Kelsa (Velilla de Ebro), que tanto influirá después en la Retuerta con la colonización romana. Apacentaban ovejas y cabras y cultivaban la tierra con azada; en esta época algunas tierras más fértiles de los Monegros estaban ya cultivadas con trigo (Triticum monococcum).

Tras la llegada de los romanos se somete a los ilergetes (s. I a. de C.) y se inicia el desarrollo de la agricultura y la ganadería; la Retuerta se transforma en una colonia agrícola importante (primeras roturaciones), favorecida por el trasiego en la Via Augusta, una importante vía de comunicación. El abandono de la Via Augusta por una nueva vía de comunicación que discurría por el margen izquierdo del Ebro significó la pérdida de las explotaciones agrarias, recuperadas por el sabinar.

En aquella época se conocía ya la imputrescibilidad de la madera de sabina albar y se usaba por ello, en sustitución del cedro, para la construcción. Según referencia de Caius Plinius (s. I a. de C.) parece que algunas sabinas se utilizaron para la construcción de templos romanos, como el de Diana en Sagunto. Se desconoce el impacto real de los siglos de dominación romana sobre los bosques monegrinos.

A partir del s. III d. de C. se suceden las invasiones bárbaras. No hay datos sobre la actuación de los visigodos sobre el sabinar, pero debió comenzar un periodo de recuperación del mismo, provocado por el despoblamiento y el abandono de los cultivos.

En el s. VIII se inicia la colonización árabe. Hábiles horticultores, los árabes se asientan en las proximidades del Ebro roturando los setos fluviales, dedicando el llano como pasto para el ganado menor y el monte para la caza. La fortaleza de Alfajarín fué utilizada por los reyes árabes como residencia de caza; se cazaba el oso en los sotos del Ebro y venados y jabalies en los Monegros, lo que nos permite adivinar que existia en esa época suficiente vegetación como para albergar caza mayor.

A partir del s. XI se inician las gerras de la reconquista. Por lo que parece, estas no influyeron en la deforestación de los Monegros por lo reducido de la población y por que la comarca carecía de valor estratégico. En 1273 Jaime I el Conquistador cedió a los ganaderos el privilegio llamado de la Retuerta, que permitia utilizar todos los pastos del reino excepto el sabinar de la Retuerta y otros, que quedaron bajo protección real.

De hecho, sólo las zonas que recibieron protección por aquellas épocas han llegado hasta hoy más o menos forestadas. O. Bolòs (1973) relata como el actual Vedat de Fraga perteneció, según parece, a los dominios de la casa feudal de Montcada y, durante siglos, fué utilizada principalmente como terreno de caza; luego los derechos recayeron sobre el ayuntamiento de Fraga, actual usufructuario. Esta circunstancia ha permitido la conservación de los bosques de la Serreta Negra en un estado relativamente bueno.

Durante los siglos XIV al XVII parece que se produjo un brutal proceso desforestador del Valle del Ebro. Una serie de trabajos afirman que el Delta del Ebro se formó durante los siglos XIV y XV, consecuencia de la tremenda desforestación del valle y el gran proceso erosivo desencadenado; el río arrastraba un promedio diario de unos 85.000 metros cúbicos de limos, que se depositaban en la desembocadura originando el delta.

No se poseen pruebas fehacientes de esta desforestación en los Monegros, pero los documentos y relatos de viajes de la época consultados omiten siempre mención alguna respecto de la existencia de sabinas en los Monegros. En 1611, el geógrafo portugués Labaña visitó los Monegros; así como recoje siempre referencias forestales de los lugares que visita, en sus escritos no existe referencia alguna ni a sabinas ni al sabinar.

Si que hay coincidencia entre los diversos autores en que el proceso desforestador en los Monegros no se debe durante estos siglos a la agricultura, sinó a la actividad ganadera. La ganadería de esta época (siglos XV al XVIII) estaba en manos de la poderosa Casa de los Ganaderos, organización que suplió en Aragón a la Mesta Castellana.

El pastor trashumante tenía derecho a cortar ramas para hacerse la cabaña, las jóvenes y tiernas como pienso para el ganado; el ganado comía el sotobosque evitando su regeneración. Incluso quemaban en otoño bosques enteros para conseguir abundantes pastos. Como consecuencia, el suelo desprovisto de vegetación, pisoteado y sometido a las inclemencias del tiempo, se erosionaba y desertizaba.

Durante el siglo XVIII el sabinar, aún notablemente extendido, era explotado para extraer leña, madera de la construcción y carbón, pero fueron las talas indiscriminadas y el sobrepastoreo los que le hicieron retroceder definitivamente (Frutos, 1976). Esta afirmación, aunque no coincidente, de alguna manera corrobora la de Braun-Blanquet & Bolòs (l.c.), que sostienen que la desforestación se debió a la tala del sabinar, impidiendo el ganado la posterior repoblación.

Un importante motivo en el retroceso de la cubierta vegetal durante el s. XVIII fué el carboneo. Una cita de Asso (finales del siglo) referida a la Sierra de Alcubierrre es clarificadora: "...esta cordillera estuvo muy poblada de pinares y carrascales, que suministraban abundante materia para carbón, pero hace algunos años que los cortes hechos incontroladamente han disminuido en gran parte aquellos bosques...".

En el s. XIX una gran extensión de los Monegros estaba dedicada a pastos, que cubrían amplias superficies de yesos deforestados y margas pedregosas, bajo la atenta mirada vigilante de la Casa de los Ganaderos; la mayoría de tierras pertenecían a municipios y comunes, que llevaban allí a su ganado.

Con la desamortización de Madoz (1855-1858) se expropian las tierras comunales y se ponen en venta los montes públicos. Desaparece así la influencia de la casa de los Ganaderos como tal, y se crean grandes latifundios. El resultado fué que, para compensar lo mas rapidamente posible las inversiones realizadas , "...en el último medio siglo XIX se taló mas monte que en los setecientos años de la reconquista" (Tomeo, 1951). En esta época se rotura el último sabinar de la la Almolda cuando en otros lugares como Bujararaloz la deforestación era ya total.

No obstante, lo peor está por venir y se inicia a partir de las primeras décadas del s. XX. Con la elevación de los precios del cereal se instala una fiebre roturadora, por lo que los municipios de secano doblan o triplican sus tierras de labor. En el ataque forestal, la ganadería es sustituida por un enemigo mas silencioso y temible.

Durante la II República el proceso roturador se intensifica. Tras la guerra civil, se fomenta desde el gobierno la producción de trigo, por lo que aumentan los campos roturados. Una actividad que tuvo gran auge en los años 40 y que contribuyó enormemente a la actual erosión de los Monegros fué la compra de esparto para la fabricación de papel. El resultado fué el agotamiento en pocos años de los albardinares y la erosión de muchas laderas que, privadas del potente sistema radicular fijador de esta gramínea, se erosionaron gravemente.

En los años 60 asistimos a una mecanización espectacular de la agricultura de la zona, potenciada por la explosión de un plan de desarrollo cerealista de la cebada sin ningún control, que ha supuesto la penúltima brutal agresión de la estepa monegrina. A. Aragüés (1987) resume admirablemente el proceso: "...Prácticamente todas las tierras, fueran de la calidad que fueran, con inclinación menor al 30%, han sido labradas de la manera más absurda y menos inteligente. En buena parte de ellas ni siquiera se han tenido en cuenta las mas elementales pautas de rentabilidad. El único caracter disuasorio ha sido si el tractor podía o no podía labrar. Naturalmente el tractor ha podido casi siempre y todo esto ha tenido lugar con la indiferencia más absurda por parte de las sucesivas administraciones".

No debe verse en este relato la anatemización de unas actividades que son básicas para la supervivencia y desarrollo de la primera especie que hay que proteger, la especie humana. Lo que debe criticarse es la falta de aplicación de lo que diferencia a esta especie de todas las restantes: el raciocinio, la búsqueda de ese equilibrio tan necesario entre la explotación de los recursos naturales y la conservación de la naturaleza.

Hoy, la sabina albar está protegida por la la Ley y prohibida su corta en los Monegros. Vale más tarde que nunca.

 

Singularidad de la Flora y Vegetación de los Monegros. Necesidad de su conservación.

El análisis corológico del aproximadamente millar de especies que pueblan los Monegros, pone en evidencia un amplio abanico de orígenes biogeográficos que, interaccionándose con factores bióticos y abióticos durante millones de años, han generado la biodiversidad actual. El fondo florístico del territorio es netamente mediterráneo (68 %), como era previsible por su situación geográfica y clima, y el porcentaje global no difiere sustancialmente del esperable en otras áreas mediterráneas litorales.

Lo que singulariza la flora de los Monegros és, dentro de este porcentaje, el peso específico del subelemento estepario oriental y, en particular, la elevada tasa de endemismo. Éste se sitúa en torno al 10 % si nos referimos exclusivamente a las endémicas ibéricas, que se amplía hasta un 18 % si integramos a las ibero-magrebinas e ibero-provenzales.

Tan solo las endémicas de la Depresión del Ebro superan el 3 %. Porcentajes tan elevados de endemismo, en áreas no o escasamente montañosas, solo pueden hallarse en otras zonas privilegiadas de la Península , como en el sureste ibérico o algunas áreas endorreicas del centro peninsular. A este grupo se suman otras notables especies de rara frecuencia en el área mediterránea, el importante grupo de las submediterráneas (impensable hasta hace poco en éste marco de aridez) y algunas subcosmopolitas.

En la tabla 1 se ilustra, con una amplia selección de ejemplos que representan a los distintos grupos corológicos, la singularidad florística de los Monegros. Adelantamos aquí que la conservación de las especies endémicas o interesantes por diversos motivos, pasa por la protección de los habitats que les son prpicios.

En ese sentido, la vegetación posiblemente tenga igual o mayor interés que los elementos florísticos particulares. La singularidad de la vegetación de los Monegros puede establecerse en base a dos criterios esenciales. Uno estético y cultural: nos hallamos ante un paisaje estépico "fosilizado", a la luz de las últimas hipótesis, no muy distinto del que se presentaba en el Mioceno. Representa, pués, una herencia paleohistórica única e irrepetible, que como hombres de cultura debemos apreciar y proteger.

En la Europa actual, este tipo de paisaje (o para ser más exactos lo que queda de él) es excepcional. El otro criterio, científico y de conservación del patrimonio natural: la conjunción de condiciones ecológicas muy particulares, con estirpes vegetales de área restringida, aisladas genéticamente, ha condicionado la aparición de genuinas asociaciones de fuerte personalidad, algunas particulares de los Monegros, otras del Valle del Ebro y su entorno próximo.

Estas comunidades "endémicas", verdaderas joyas paisajísticas, refugio de un patrimonio genético exclusivo, representan un laboratorio vivo que permite a los científicos acceder al conocimiento de la biología de las plantas y funcionalismo de los ecosistemas, y que puede esconder respuestas que cubran algunas necesidades prácticas (salud, recursos naturales, agronomia...) de los aragoneses, entre otros.

Los distintos hábitats estépicos de los Monegros actúan como unidades funcionales integradoras de la actividad animal y vegetal. Estas comunidades, en especial las que son particulares y mejor definen el paisaje vegetal de los Monegros, han precisado de un lento modelado a lo largo de milenios y son actualmente fitocenosis maduras y estables, pero en precario equilibrio dinámico con factores limitantes abióticos y bióticos.

La actividad tradicional del hombre, agraria y pastoral, incluyendo la desforestación particularmente intensa de algunas épocas en áreas definidas, había sido parcialmente absorbida por la propia dinámica regeneradora de los ecosistemas implicados, alcanzando otro nivel de equilibrio, más inestable, pero que ha permitido una cierta conservación del paisaje primitivo. La actual tecnología permite profundas modificaciones, mucho mas agresivas y rápidas. El precario equilibrio ecológico puede ser modificado unidirecionalmente, dando lugar a procesos degradativos irreversibles que deben tenerse muy en cuenta.

La necesidad de preservar la riqueza botánica de los Monegros y zonas adyacentes había sido ya argumentada por la Sociedad botánica de Francia (1972) y por los mismos Braun-Blanquet y O. Bolòs (1958) y O.Bolòs (1973), en virtud de su originalidad en el conjunto del Mediterráneo occidental.

En 1989, la "Organization for the Phytotaxonomic Investigation of the Mediterranean Area" (O.P.T.I.M.A.), que celebró una reunión internacional en Grecia, redactó un comunicado en el que textualmente se reclamaba:"...recomendar decididamente a las autoridades regionales, nacionales e internacionales, que tomen en consideración la propuesta de conservación total o parcial de los Monegros y los medios necesarios para su realización".

El documento fué suscrito por 253 investigadores de 32 paises y elevado a las autoridades europeas, españolas y aragonesas, con escasos resultados hasta el momento.

Han transcurrido algunos años y la situación ha empeorado por lo que se refiere a la conservación de las especies y de los hábitats. Un informe presentado al MOPU (Pedrocchi & al., 1990), ya advertía de los dos tipos de amenazas principales: 1) la rarificación de las especies endémicas mas sensibles a causa de la destrucción o fragmentación de sus poblaciones y la modificación general de las condiciones macro y microecológicas de sus habitats y 2) la invasión masiva de especies banales favorecidas por el cambio de uso del suelo, de las comunicaciones, de los cultivos y el uso de pesticidas y plaguicidas asociados.

Los Monegros se han visto sometidos en estos últimos años a un fuerte incremento de las vías de penetración de la flora exótica. Las bruscas oscilaciones del Ebro, que permite durante el estiaje la afloración de limos en donde germinan las semillas alóctonas, la construcción de nuevos canales de riego, autopista, vía ferréa y el trasiego de semillas en los procesos agrícolas, favorecen esta invasión. La última y más rápida posibilidad se ha abierto con los regadíos, que tiene efecto multiplicador de la diseminación. El resultado ha sido un empobrecimiento de la diversidad y banalización de la flora.

Este tema se considera prioritario en el problema del cambio global. G. L. Lövei publicaba en agosto de 1997 en Nature el efecto de lo que el mismo califica de "macdonalización de la biosfera", causado por la rotura de las barreras biogeográficas al favorecer a las especies introducidas y eliminar el aislamiento biológico y la especialización de las autóctonas, que son justamente las fuentes principales de biodiversidad.

El porcentaje de especies exóticas en la flora de Europa es del 5,7 %, del 10,8 % en los U.S.A., del 11,1 % en Australia, del 43 % en Hawaii, del 39 % en Nueva Zelanda y ...¡ del 82 % en isla Ascensión!. Esperemos que esta progresión no se produzca en los Monegros.

Ante la evidencia de la intervención masiva que actualmente se ejerce sobre los llanos monegrinos, en particular el escaso control sobre el plan de regadios y la roturación excesiva y sin sentido de los matorrales, espartales y suelos salinizados de las lagunas y salinas de la plataforma de Bujaraloz-Sástago para aprovechar unas tierras misérrimas, se ha de levantar la voz de alerta.

La realidad impone la búsqueda de un equilibrio entre el legítimo interés al desarrollo socioeconómico de la comarca y la salvaguarda del patrimonio biológico, que, dicho sea de paso, no és exclusivo de los monegrinos ni de los aragoneses. Deben protegerse a las especies, particularmente las endémicas y raras, y a los habitats en donde viven, siguiendo las especificaciones del Convenio de Berna (1992) y de la Directiva europea 92/43 (Programa Habitats).

A pesar del interés global del conjunto del territorio, el estudio detallado del mismo ha permitido reconocer ciertas áreas que, por sus particulares condiciones, muestran un paisaje de mas acusada personalidad, con una mas alta concentración de diversidad y "calidad" florística, apreciable fácilmente por cualquier observador externo.

Denominar estas áreas és sencillo, basándose en los estudios realizados: laguna de Ballobar y su entorno, lagunas y saladas de la plataforma de Bujaraloz-Sástago, Montes de la Retuerta de Pina, Serreta Negra de Fraga y vales altos de la Sierra de Alcubierre. Delimitarlas y encontrar una figura legal de protección que las preserve és una tarea algo mas dificultosa, que corresponde solventar, con urgencia, a la Administración aragonesa y estatal.

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