Los Hongos

 

LOS HONGOS

(De Llimona, X. & Vila, J., 1988. Los hongos. En: Pedrocchi, C. (coor.): Ecología de Los Monegros. La paciencia como estrategia de supervivencia. Ed. I.E.A./Centro de Desarrollo de Los Monegros. Huesca)

Los hongos son organismos que necesitan materia orgánica para vivir. La encuentran invadiendo y descomponiendo restos vegetales (troncos, cortezas, ramas, hojas y frutos muertos o desprendidos), humus del suelo, estiércol o asociándose con raíces de plantas leñosas, como el pino albar o algunas cistáceas, (jaras, heliantemos, etc.) formando un tipo de simbiosis, las micorrizas. Tambien pueden sacar sus alimentos de plantas vivas, como ocurre con los hongos fitoparásitos e incluso de líquenes (como veremos más adelante).

Su aparato vegetativo, el micelio, está formado por filamentos, las hifas, que exploran el material que les sirve de alimento (el substrato),pero se desarrollan penetrando en el mismo sustrato, por lo que se comprende que no sean fáciles de ver y, siendo microscopicos y carentes de caracteristicas diferenciales, menos de atribuir a alguna especie de hongo en concreto.

Sólo cuando producen aparatos esporíferos (los esporocarpos) más o menos visibles, podemos detectarlos y estudiarlos. Los de mayor tamaño son las setas, algunas de las cuales son conocidas y recogidas como comestibles. Pero la formación de esporocarpos sólo se puede producir cuando las condiciones de disponibilidad de agua (lo mejor: lluvias persistentes, separadas por calmas y nieblas), y el régimen de temperaturas (lo mejor: entre 5º y 15º, sin heladas nocturnas) permiten una buena actividad de los hongos y de las comunidades vegetales que los sustentan. Por ello, si decidimos visitar Los Monegros un día cualquiera, aunque sea en otoño, será difícil que acertemos precisamente el momento favorable para la fructificación de los hongos, por lo que nos parecerá que su flora fúngica es muy pobre.

No sólo las lluvias suelen ser escasas y de breve duración, sino que pueden venir seguidas por unos días de sol intenso o de cierzo desencante o de heladas, que pronto anulan el efecto de las lluvias. Sólo un esfuerzo de exploración muy bien planificado, basado en buena información sobre las circunstancias favorables, con una rápida respuesta mediante visitas repetidas en tanto el suelo se mantiene húmedo, sólo así, y prolongando el trabajo los años suficientes para coger algunos con pluviosidad por encima de la media, será posible formarse una idea del componente fúngico de las comunidades de Los Monegros y aledaños.

Pero debe quedar claro que, a pesar de esta dificultad, la diversidad fúngica de la región no es pequeña. Muchas especies se mantinenen largo tiempo "eclipsadas" dentro del suelo o de la materia muerta, en forma de micelio inactivo o de esporas o esclerocios (órganos de resistencia redondeados y subterráneos) en letargo, esperando la oportunidad, (que a veces solo se produce cada 5 o 10 años) de acumular la cantidad suficiente de recursos para formar sus fructificaciones, sin las cuales es casi siempre imposible identificarlos.

Por todo ello, en una visita fortuíta sólo es posible encontrar restos de hongos lignícolas y terrícolas capaces de conservarse secos mucho tiempo, además de algunos de los poco aparentes hongos liquenícolas y corticícolas. Interrogando a los monegrinos, nos enteramos también de las especies que ellos aprecian y recolectan, como las preciadas turmas.

De entrada, reconocemos que nuestro conocimiento sobre los hongos de Los Monegros es muy incompleto, a pesar de lo cual vamos a intentar resumir nuestros propios datos y los de otros investigadores que, como Malençon y Bertault (1976), Martín y Rocabruna (1988) y Sierra et al. (1991),Wright et al.(1993), Moreno et al. (1997), Altés et al. (1998), Altés (1996, tesis doctoral), J. Vila et al. (1997).

Las áreas visitadas son sobre todo el sabinar de la Retuerta de Pina, los alrededores de Bujalaroz, algunos puntos de la sierra de Alcubierre, y unas pocas localidades de la Valcuerna y el Bujadal, en la Serreta Negra de Fraga (también llamada Vedado de Fraga).

Los hongos del sabinar.

Las comunidades ricas en sabina albar (Juniperus thurifera) constituyen la vegetación más interesante de Los Monegros. También lo es por su flora fúngica.

La sabina albar acumula bajo ella una gruesa capa de sus ramitas de hojas escamosas, que han ido desprendiéndose. Sobre ellas fructifican los apotecios discoidales (1-2 mm.) de color anaranjado, de Pithya cupressina y entre los musgos, otro pequeño ascomicete de color negro violáceo, Pseudoplectania nigrella. Diversos basidiomicetes humícolas (Agaricus sp., por ejemplo) están aún esperando quien los identifique.

Sobre el mismo tipo de humus descubrimos, en una sola ocasión, un gran esporocarpo blanco, mazudo (11 cm de alto por 5 de diámetro) de Phellorinia herculeana, un gasteromicete de zonas áridas del Norte de Africa y de Canarias, muy raro en Europa (nos han comunicado otra localidad, Mas de Melons, cerca de Lérida, según Pérez de Gregorio) y prolongada hasta Irak, Turkmenistán y Afganistán, coincidiendo en buena parte con la distribución Irano-Turaniana y Saharo-Sindiana.

La madera conserva más tiempo la humedad y permite detectar sobre ella ascomicetes, como Eutryblidiella sabina y otros pequeños hongos especializados, que viven sobre el ritidoma (tiras de corteza) de las sabinas, como la pequeña y rara Mycenella margaritifera, blanca, las cupulitas también blancas de Pellidiscus cf. pallidus, y los líquenes sin algas, de los que se habla en el capítulo dedicado a los líquenes epifíticos (Sclerophora sp. por ejemplo). Las ramas y troncos caídos de sabina llevan especies lignícolas que consiguen "digerir" su resistente madera. Entre ellos se cuentan las gotitas gelatinosas de Dacrymyces tortus, las costras grises y algo gelatinosas de Exidiosis grisea o las costras blancas de Lyomyces sambuci. Más interesantes aún son otros hongos lignícolas especializados en el género Juniperus, como las irregulares ménsulas con poros de Lenzitopsis oxycedri, los sombrerillos pardos, de superficie tomentosa, margen muy ondulado y pocas láminas, de Marasmiellus phaeomarasmioides, ambas especies recientemente descritas de las parameras castellanas. Junto a ellas pueden encontrarse las costras poradas, de color crema de Perenniporia medulla-liopanis y los grupos de sombrerillos grises, sin pie de Resupinatus trichotis.

Los hongos de los matorrales y tomillares.

En los claros existentes entre las sabinas, hallamos matorrales diversos, más o menos abiertos,tanto relacionados con la maquia de coscoja y cambronera (Rhamno-Quercetum cocciferae), como con romerales del Rosmarino-Ericion, o con los matorrales y tomillares de yesar (Ononidetum tridentatae, en suelo yesoso profundo y Helianthemetum squamati, en crestas y suelos de costra yesosa. En las depresiones con suelo profundo, aparece un albardinar (Agropyro-Lygeion) de aspecto estepario, rico en gramíneas, entre las que destaca el albardín (Lygeum spartum). En los bordes de los campos y caminos y en los cultivos abandonados aparecen los sisallares con ontina (Salsolo vermiculatae-Artemisietum herba-albae), ricos en plantas halófilas y quenopodiáceas. No será fácil integrar los datos de que disponemos en cada una de estas comunidades en particular.

En los lugares mas o menos abiertos, con fragmentos de coscojal y romeral, los restos de madera son abundantes. Es frecuente encontrar en ellos, en la parte que mira el suelo, las costras poradas, de color canela, de Phellinus ferruginosus y, con preferencia por la madera del romero, también costras de color crema, sembradas de pincelitos cónicos de hifas, de Hyphodermella corrugata, que también puede vivir sobre la corteza de los romeros vivos. Otro tanto sucede con la curiosa y bella Perenniporia rosmarini, que forma sus costras blancas, cubiertas de poros, precisamente en la parte de la corteza de los romeros menos visible, la más próxima al suelo, por lo que suele escapar a la vista de los micólogos, que no se acuerdan de levantar los romeros yacentes (que son muchos) para mirar debajo. Los fragmentos de madera muerta de romero son el alimento preferido de los pequeños Polyporus meridionalis, de pie central, poros y carne correosa.También sobre ramitas muertas de romero se observan costras de poros ocráceos, de Postia simanii. Asimismo, sobre restos de madera se encuentra Teichospora obducens, un ascomicete que forma manchas negras de pseudotecios, agrupadas.

Las maquias de coscoja y cambronera mejor desarrolladas son las que hemos visto en la Serreta Negra de Fraga. Es posible que en ellas se dé la máxima diversidad fúngica de Los Monegros, pero sólo tenemos un atisbo de ello. Sobre ramitas caídas aparecen las gotitas gelatinosas y acarameladas de Dacrymyces stillatus y de D.tortus, este último sobre ramas muertas de Juniperus oxycedrus. La coscoja deja abundante hojarasca, que queda bien protegida gracias a la forma hemisférica del arbusto. Sobre ella, cuando la humedad es suficiente, aparecen tropeles del diminuto y rosado Marasmius quercophilus, que va pasando de una hoja a otra gracias a sus cordones miceliares y también M. collinus y las manchas claras, con ascomas triangulares, de Coccomyces delta. También las viejas efedras (Ephedra nebrodensis) albergan a menudo interesantes hongos, como los picnidios erizados de quetas negras de Woynowicia ephedrae, un Phellinus indeterminado y numerosos hongos que se instalan sobre la capa de ramas muertas que se acumula bajo ellas. Entre ellos, destacan las copitas blancas (1 mm) de Lachnella alboviolascens, un basidiomicete con aspecto de ascomicete.

En el barranco del Bujadal, como indica su nombre, hay boj (Buxus sempervirens) que se encuentra en el límite de su área, así como un arbusto caducifolio, la cornicabra (Pistacia terebinthus). Sobre el primero, se describió otra Woynowicia distinta de la que vive sobre las efedras W. buxi, cuyas bolitas negras e hirsutas se forman en ambas caras de las hojas muertas del boj, a veces conviviendo con otro celomicete, Leptothyrium botryoides. Pero el hongo más elegante de los que se encuentran aquí (y también en diversos puntos de Cataluña, siempre donde el boj se encuentra en su límite más térmico) es Eutryblidiella hysterina que, sobre las ramas muertas, forma apotecios de disco rojo fuego y margen negro que, al secarse van doblándose sobre sí mismos, adoptando la forma de una boca cerrada. Sobre la cornicabra, se ha observado la roya Pileolaria terenbinthi.

Los hongos de pinos y pinares.

En la Retuerta de Pina, en la Serreta Negra y en la sierra de Alcubierre, Pinus halepensis, el pino albar, puede aparecer aislado o formando pinares claros. Es en sus proximidades en donde hay que buscar los principales hongos micorrícicos, (si exceptuamos los ligados a las coscojas o a las Cistáceas). Es muy superficial el conocimiento que tenemos de los hongos micorrícicos del pino en Los Monegros. Sólo hemos constatado la presencia de Suillus collinitus, una seta comestible si se le quitan antes la cutícula y los poros. Tambien observamos los restos secos de una abundante fructificación de una amanita blanca, que tanto podía corresponder a Amanita ovoidea como a Amanita baccata y tal vez a ambas. En cualquier caso, los monegrinos no recogen nízcalos ni ninguna otra seta comestible, exceptuando las turmas.

Entre los hongos saprotróficos, que aparecen antes que los micorricicos, tenemos un conjunto esperable, en el que figuran el pié azul (Lepista nuda) de tonalidades violáceas, Mycena pura, y dos especies típicas de piñas en descomposición, Mycena seynesii (de color cárneo y sombrero cónico) y Baeospora myosura (de sombrero pardo y aplanado). Sobre la pinocha encontramos los delicados Marasmius androsaceus, de pie negro y delgado como una crin y Hemimycena delicatella, blanca y gregaria. También descomponen las acículas del pino los diminutos ascomicetes Lophodermium pinastri, con fructificaciones como pequeños granos de café y Naemacyclus niveus, con apotecios blancos, simulando una ventanita de postigos abiertos. También aparecen, entre las acículas y restos vegetales, dos especies de ramarias pequeñas y ocráceas, Lentaria micheneri , de abundante micelio basal blanco e incrustante y Ramaria flaccida de color más blanquecino.

En cuanto a los hongos de la madera, los pinos vivos pueden estar atacados por Phellinus pini, de poros pardos e irregulares y Heterobasidion annosun (Sierra de Alcubierre, Serreta Negra). La madera muerta puede ser descompuesta por hongos relativamente grandes, como Fomitopsis pinicola, con una banda clara marginal y Gloeophyllum abietinum (pardos, con poros alargados hasta imitar láminas), pero también se han identificado otros lignícolas menos visibles, como Antrodia gossypium (costras algodonosas, con poros crema, frágiles), Steccherinyum fimbriatum, que forma costras cubiertas de finos acúleos amarillentos y curiosidades taxonómicas como Cryptodiscus foveolaris (con apotecios pálidos, inmersos en la madera).

En una rama de roble (Quercus faginea) recogida en la sierra de Alcubierre, se reconocieron los estromas con peritecios de Diatrypella intermedia.

Los hongos de otras comunidades.

Los albardinales han sido pocos prospectados. En algunas primaveras, las típicas inflorescencias inclinadas del albardín pueden encontrarse llenas de un polvillo negro. Son ustilósporas del carbón Ustilago lygei. En otoño, las partes muertas del albardín se cubren de deuteromicetes que las tiñen de oscuro. Entre ellos, hemos identificado Stauronema cruciferum. Otro deuteromicete, Cladosporium epiphyllum, ha sido identificado sobre restos de Lavatera micans. Citemos también la presencia del gasteromicete pardo Pisolithus arhizus, que produce numerosas esporas pulverulentas en los compartimentos de la gleba (parte fértil de la fructificación) y un honguito pálido, de láminas blancas cubiertas de cistidios visibles con lupa, Gamundia leucophylla, tal vez el agárico más interesante que hemos encontrado en la Retuerta de Pina.

Las comunidades de suelos enriquecidos por el ganado y más o menos salinizados (Salsolo Artimisietum) pueden presentar un interesante cortejo de hongos, entre los que estaca Ramicola iberica de sombrero convexo, amarillo pálido, que fructifica sobre madera de sisallo (Salsola vermiculata) y tres especies ligadas a la orgaza (Atriplex halimus), dos de ellas lignícolas, Hohenbuehelia chevallieri, de sombreros (0,5-2,4 cm) casi negros, fijados lateralmente, una especie descrita de Africa del Norte y abundante en algunos puntos de Cataluña, sobre sarmientos y Dyatripe infuscans, de peritecios de estromas hemisférios, una especie americana y la tercera, terrícola, Dictyocephalos attenuatus, un grueso gasteromicete de hasta 27 cm de alto, con pie leñoso y sinuoso y gleba compartimentada, de color herrumbre. La localidad, próxima a Bujalaroz, en que la han encontrado repetidas veces los compañeros de la Universidad de Alcalá, es la única de Europa, pues se trata de una especie propia de zonas subdesérticas, repartida por la amplia zona árida de Sonora (Sudoeste de U.S.A., y Baja California, México) con algún punto en Africa del Sur. La localidad monegrina de esta especie debe ser objeto de la máxima proteccion. Al mismo tiempo, es conveniente que todos los interesados en Los Monegros aprendan su ecología y su aspecto, con objeto de descubrir nuevas localidades. Lo mismo puede decirse del otro gasteromicete gigante, Phellorinia herculeana, también adaptadO a condiciones de aridez, por lo que presenta interesantes convergencias con el que nos ocupa.

Ambas especies son ejemplos espectaculares del orden de las Tulostomatales, gasteromices caracterizados por la presencia de un pie que sostiene una bolsa esporífera protegida por un peridio membranoso. En las especies comentadas hasta ahora, las esporas quedan libres por destruccion del peridio. No ocurre lo mismo en el género Tulostoma, menos espectacular, por su menor tamaño, pero muy rico en especies. En él, el peridio se abre por un ostíolo mas o menos ornamentado.

Tambien la ornamentación de las esporas es crucial para separar las especies, fáciles de confundir a primera vista. Como parece ocurrir con todas las Tulostomatales, los hongos de este género prefieren fructificar en lugares áridos, entre musgos acrocárpicos, en bordes de caminos, playas o en lugares inhóspitos, que a ningún micólogo normal se le ocurriría prospectar. Entre los Tulostoma de Los Monegros se han citado desde especies frecuentes, como T. brumale, hasta especies mucho menos conocidas (y a menudo citadas de otros sitios por error) como T. giovanellae, T. subsquamosum y T. moravecii (datos de Alberto Altés y col.), a los que cabe añadir T. nanum y T.kotlabae (det. M.P.Martín). Otro gasteromicete de lugares áridos, en general dunas litorales, que de vez en cuando fructifica en Los Monegros, es Montagnea arenaria de pié duro y persistente, que sostiene un disco del que cuelgan láminas negras e irregulares.

Las superficies de suelo desnudo o con pequeños musgos ralos pueden presentar después de las lluvias diversos honguitos onfalioides, entre los que destacan Phaeotellus rickenii, de color pardo claro y de láminas apenas esbozadas, en forma de pliegue. Entre musgos más desarrollados gracias a la lentitud en la evaporación del rocío (por ejemplo en las umbrías de la Serreta Negra), pueden observarse las lengüetas blancas de Arrhenia spathulata. Sólo tenemos una indicación sobre los hongos coprófilos: en las deyecciones de conejo dispersas por el suelo se desarrollan los diminutos ascomas redondeados de Lasiobolus cuniculi (Pezizales). El resto de los hongos que conocemos sobre suelo desnudo corresponde a diversas especias parásitas o parasimbiontes de líquenes, y hablaremos de ellas en el capítulo dedicado a los líquenes terrícolas.

Los matorrales ricos en cistáceas pueden presentar ascomicetes simbiónticos que, al llegar la primavera y si las lluvias son suficientes, forman fructificaciones bajo la superficie del suelo (hongos hipogeos) Entre éstas, las preferidas por los monegrinos son las turmas (Terfezia claverii), con aspecto de pequeñas patatas nuevas, comestibles. Según datos que, como muchos otros, nos ha facilitado Javier Blasco Zumeta, los monegrinos consideran que las turmas van asociadas a la "hierba turmera, que corresponde a Helianthemum salicifolium. La "trufa de raposa", Picoa juniperina, forma ascomas más pequeños, casi negros por fuera, que señalan su presencia resquebrajando la superficie del suelo.

Una visita rápida a las proximidades del Ebro nos permitió comprobar la fidelidad de Peniophora tamaricicola a la madera muerta del taray (Tamarix sp.) que forma fructificaciones en costra de color asalmonado. Cerca de Pina, en el bosque de ribera del Ebro, pudimos anotar algunos hongos parásitos, como las royas Puccinia magnusiana, sobre caña (Arundo donax) y Uromyces glycyrrhizae, sobre regaliz, y un deuteromicete, Hendersonia juncina, sobre Juncus. En las ramas muertas de Populus, se observaban, semiescondidos, los pseudotecios de Massarina eburnea, un ascomicete lignícola. Una casualidad nos permitió encontrar, en el mismo cañizal de Pina, una araña muerta por el desarrollo de Gibbellula pleiopus (la fase conídica de Torrubiella arachnophila var. pleiopus), cuyos sinemas blancos parecen patas suplementarias del arácnido víctima del hongo.

Capítulo aparte son los Mixomicetes, que nadie parece haberse atrevido a buscar en Los Monegros. Pese a ello, en el pinar de la Serreta Negra, encontramos, sobre madera de Pinus halepensis, los etalios pulverulentos de Reticularia lycoperdon. En la vertiente oscense de Los Monegros, Carilla y Gràcia (1991), partiendo de muestras de corteza recolectadas en Lastanosa, sobre olivo, carrasca, ciprés e higuera mantenidas en cámara húmeda, aislaron 19 especies de mixomicetes, 17 de las cuales no eran conocidas de Aragón, algunas de gran interés, como Badhamiopsis aionae, Dianema corticatum, Enerthenema papillatum, Licea marginata, Macbrideola oblonga, descrita poco antes de Soria, Physarum pusillum, etc.

Conclusión.

Lo que sabemos sobre los hongos de Los Monegros no es más que la punta del iceberg de un conjunto de especies que reviste un apasionante interés biogeográfico y ecológico (por sus adaptaciones a las frecuentes condiciones extremas de calor, frío, insolación, viento y lluvias escasas y torrenciales. Una comparación con los datos obtenidos por Llimona y col.(1995, 1998) en la parte catalana de la depresión del Ebro nos permite adquirir una idea de las numerosas especies que es posible que también se encuentren en Los Monegros. Con la colaboración de todos los que intentan conocer, apreciar y defender Los Monegros (recolectando, o simplemente avisando cuando las condiciones son favorables) esperamos ir completando esta visión aún tan fragmentaria.

 

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