Interrelación con el medio de la sabina albar (Juniperus thurifera) en Los Monegros

 

La diversidad sólo es posible cuando existen multiplicidad de ofertas vitales y es por ello que la fauna de invertebrados, dada su capacidad para colonizar microambientes, resulta tan rica en posibilidades ecológicas y especies.

 

Realmente todos los recursos pueden aprovecharse y se aprovechan. El seguimiento de la fenología de cualquier vegetal permite comprobar cómo al cambiar los recursos ofrecidos (hojas, brotes, flores, frutos, tejidos muertos ...), van apareciendo y desapareciendo las especies capaces de utilizarlos.

 

En este apartado se ha elegido a la sabina albar (Juniperus thurifera) como ejemplo de interrelación de la fauna con una planta, dado que en una comarca tan árida y continental como Los Monegros donde en muchas zonas la sabina es la única especie arbórea posible, sus hojas, savia, madera, ramas, gálbulos, semillas, conos masculinos, corteza, grietas del tronco, humus, pantalla contra el viento y sombra, son esenciales para una flora y fauna que tiene difícil o imposible encontrar sustitutos en la región a esos recursos.

 

Pese a que éste es el capítulo de la fauna de invertebrados, no se ha querido obviar la información referente a otros organismos relacionados con la sabina para, desde la reflexión de que es algo más que sólo un árbol, remarcar todo su valor: es por ello la mención a los vegetales y la fauna de vertebrados. En cuanto a la fauna de invertebrados, no se aportan datos de grupos como Acarina (excepto Oribatida), Homoptera Cicadinea e Hymenoptera Ichneumonoidea ya que los ejemplares colectados permanecen todavía sin estudiar.

 

La madera

 

La madera de sabina, muy resinosa y dura, se utilizaba tradicionalmente en la construcción de edificios debido a su imputrescibilidad y, realmente, la comunidad de insectos xilófagos capaces de atacar esta madera es muy pobre y reducida sólo a unos coleópteros de pequeño tamaño (no han sido aún colectados por lo que no conocemos la especie) y que excavan pequeñas galerías superficiales en troncos y ramas muertos y dos Cerambycidae (Coleoptera): Semanotus laurasi, cuya larva vive bajo la corteza y excava una galería en la madera sana para pupar, e Icosium tomentosum que se desarrolla en tejidos aún vivos pero enfermos.

 

En los años 60 se estudió la resistencia de la madera de diferentes especies de árboles respecto a las termitas y la sabina albar figura como repulsiva y resistente a estos insectos. No obstante se ha observado en el campo, y en dos ocasiones, cómo ramas semienterradas en el suelo y muy secas tenían colonias de Reticulitermes lucifugus (Isoptera, Rhinotermitidae).

 

Finalmente, mencionar al hongo Gymnosporangium atlanticum Guyot & Malençon (Uredinales) que parasita el interior de las ramas produciendo una deformación fusiforme que colapsa el paso de la savia y las seca a partir de su ubicación. Cuando el ataque es intenso llega a secar todo el árbol, siendo una de las pocas causas de mortalidad por agentes patógenos observadas en las sabinas monegrinas.

 

 

Las hojas

 

Hasta seis especies de Lepidoptera se alimentan de las hojas de la sabina albar: Menophra harterti thuriferaria, que vuela en primavera y en otoño, Ecleora solieraria, otoñal, y Afriberina tenietaria, estival, pertenencen a la familia Geometridae y sus orugas son propias de plantas del género Juniperus; Pachypasa limosa (Lasiocampidae), estival, y Lithophane leautieri (Noctuidae), de fenología otoñal y ambas presentes en los árboles y arbustos de la familia Crupessaceae. Añadir finalmente a Gelechia nervosella (Gelechiidae), un microlepidóptero cuyas orugas se introducen en el interior de las ramitas terminales de la sabina y que pupa a finales de marzo tejiendo pequeños capullos sedosos entre las puntas que ha secado. Cuando el ataque es severo, puede llegar a secar ramas enteras y a comprometer la supervivencia de árboles debilitados por vegetar en condiciones adversas, como por ejemplo los que aparecen en laderas de cerros o en lugares sin suelo, siendo ésta especie causa de mortandad de sabinas en Los Monegros. Se han obtenido varios ejemplares de Copidosoma sp. (Hymenoptera, Encyrtidae) parasitando a esta especie.

 

Dos especies de Coleoptera comen hojas de sabina. Se trata de Auletes tubicen (Attelabidae) y Pachyrhinus ibericus (Curculionidae), esta última monófaga de la sabina albar y presente en todos los sabinares ibéricos.

 

La formación de agallas es una forma muy elaborada de acceder a los tejidos foliares y/o la savia. Las larvas de las especies gallígenas, una vez nacidas, provocan en la planta una malformación en cuyo interior se refugian y de la que se alimentan: es la agalla.

 

Es posible reconocer a las especies gallígenas por la forma de sus agallas y es por lo que a principios de siglo se describieron en sabinas albares del norte de Africa dos agallas producidas por Diptera Cecidomyiidae y que se atribuyeron al género Oligotrophus por su parecido con las de Oligotrophus juniperinus, que forma agallas en el enebro común (Juniperus communis). Las dos han sido encontradas en Los Monegros: de una de ellas, muy escasa, se desconoce el insecto causante por lo que debe seguir denominándose Oligotrophus sp.; de la otra, realmente abundantísima, se consiguieron muestras de todos los estadios larvales y los ejemplares adultos, por lo que ha podido ser descrita con el nombre de Etshuoa thuriferae, un género de sumo interés biogeográfico como ya se comentó en su lugar.

 

Sabemos ya que los imagos de E. thuriferae emergen de finales de abril a mediados de mayo en una sola generación y las hembras depositan un sólo huevo en el ápice de los brotes terminales. Las larvas recién nacidas se introducen en la ramita deteniendo el crecimiento vegetativo y causando la formación de la agalla. Sólo se ha encontrado una sola larva por agalla e hiberna en su interior pupando en primavera.

 

La expansión de E. thuriferae está limitada por toda una cohorte de parasitoides específicos que cuenta en Los Monegros con seis especies de Hymenoptera Chalcidoidea: Rhopalicus nudicoxalis y Thureonella punctata (Pteromalidae), Eupelmus pallicornis, Eupelmus sp.1 y Eupelmus sp.2 (Eupelmidae) y Pseudotorymus sp. (Torymidae). Las especies sin determinar se encuentran en estudio siendo probablemente nuevas para la ciencia.

 

De las agallas se obtuvieron también dos especies de Hymenoptera Megaspilidae: Dendrocerus indicus iridescens y Dendrocerus halidayi, considerados como parasitoides especializados de Neuroptera Coniopterygidae y que parecían estar parasitando a un Cecidomyiidae: el primer momento de duda pudo resolverse cuando emergieron varios ejemplares de Hemisemidallis pallida (Neuroptera, Conioterygidae), sin duda su huésped. Las larvas de Hemisemidallis, como todas las de Neuroptera, son depredadoras por lo que se ignora hasta ahora si su presencia en las agallas se debe a que predan su contenido o que las utilizan simplemente como cámara de pupación.

 

Añadir finalmente que en las agallas de E. thuriferae se encuentran con frecuencia orugas del microlepidóptero Pammene juniperana (Tortricidae), más propio de los gálbulos, y que parece capaz también de consumir tejido foliar.

 

En cuanto a los vertebrados herbívoros, en la actualidad sólo el ganado ramonea las sabinas, comiéndolas la cabra con más fruición que la oveja. La incidencia del ganado en la estructura de los sabinares monegrinos es mínima hoy excepto en zonas puntuales sometidas a sobrepastoreo y que se refiere tanto a la degradación del suelo por pisoteo como a cambios en la estructura del árbol por la poda de las ramas inferiores debida al mordisqueo. La única especie silvestre que podría incidir en la regeneración de la sabina, por la posibilidad de destrucción de plantones, es el conejo (Oryctolagus cuniculus) y las observaciones de campo indican que no es una planta utilizada habitualmente por la especie. Ignoramos cuál puede ser el grado de apetencia de las hojas de sabina en el caso de ausencia de otras fuentes alimenticias alternativas, pero, si éstas existen, las sabinas albares no son ramoneadas, al contrario de lo que ocurre con la sabina negra (Juniperus phoenicea) que ha llegado a aparecer podada hasta la altura a la que alcanza el animal.

 

Existe un fenómeno curioso no descrito aún para la sabina albar y referido a sus hojas: a finales de junio, con toda regularidad año tras año y para toda las sabinas, las ramitas interiores amarillean, mueren y acaban posteriormente por caer. Se trata de una adaptación fisiológica ante la dureza del estío y en el que el árbol deja de vegetar, ya que es una autopoda en la que se eliminan las hojas menos útiles disminuyendo así el número de estomas por los que perder agua. La mayor dificultad de los árboles femeninos para cerrar estomas, dado su mayor número puesto que los gálbulos transpiran, supone para ellos una mayor mortalidad y es la causa de la descompensación en la proporción de sexos de los sabinares en favor de los ejemplares masculinos.

 

 

La savia

 

La savia de la sabina albar, rica en compuestos como los ácidos linalólico, labdánico o thuriférico entre otros, sustenta en Los Monegros una rica fauna perteneciente a cuatro órdenes diferentes de insectos y 22 especies. Son siempre animales picador-chupadores provistos de cono bucal o de estiletes.

 

Del orden Thysanoptera se han determinado dos especies que parecen monófagas sobre la sabina albar, Oxythrips sabinae (Thripidae) y Ankothrips thuriferae (Aeolothripidae), y seis que son polífagas sobre sabina y otras especies de plantas: Anaphothrips obscurus, Frankliniella intonsa, Tenothrips discolor, Tenothrips hispanicus y Thrips meridionalis (Thripidae) y Haplothrips reuteri (Phlaeothripide). Otro Thysanoptera, Aeolothrips intermedius (Aeolothripidae), preda sobre ellos.

 

El pulgón Stomaphis cfr. cupressi (Homoptera, Lachnidae), citado en Los Monegros y sabinares del sur de la provincia de Teruel, accede a la savia desde el tronco e hiberna como adulto en las raíces superficiales. Es una especie todavía en estudio para determinar si se trata realmente de S. cupressi o es nueva para la ciencia.

 

Más ubicuas y detectables son las cinco especies de cochinillas (Coccinea): Carulaspis juniperi (Diaspididae), colectada sobre ramas y gálbulos, Cupressaspis mediterranea y Lepidosaphes maskelli (Diaspididae), Eriococcus juniperi (Eriococcidae) y Planococcus vovae (Pseudococcidae), que han sido colectadas en ramas. Estas cochinillas son atacadas por dos Coleoptera Coccinellidae especializados en la predación de coccidos: Metamhyrrha thurifera, descrita en Argelia donde come Phenacoccus peyerimhoffi (Coccidae) sobre sabina albar, y Nephus binotatus, ligada al género Juniperus. Finalmente, la melaza exudada por las cochinillas y Stomaphis cfr. cupressi provoca la presencia en las sabinas de especies nectarívoras como las hormigas Camponotus sylvaticus, Crematogaster auberti, Crematogaster scutellaris, que vive en la madera y es muy frecuente sobre la sabina albar, Crematogaster sordidula, Tapinoma nigerrimum y Plagiolepis pygmaea (Hymenoptera, Formicidae).

 

Al orden Heteroptera pertenecen nueve especies, todas, excepto una, polífagas sobre Cupressaceae y/o Pinaceae: Orthotylus cupressi, Orthotylus blascoi (aparentemente monófaga sobre sabina albar y conocida sólo, hasta ahora, de Los Monegros), Orthotylus junipericola castellanus, Phytocoris fieberi y Dichrooscytus algiricus algiricus (Miridae), Gonocerus juniperi var. triquetricornis (Coreidae), Cyphostethus tristriatus (Acanthosomatidae), que se nutre en los gálbulos, Orsillus depressus (Lygaeidae), muy abundante bajo las cortezas del tronco, Acrosternum millierei y Acrosternum heegeri (Pentatomidae).

 

 

La raíz

 

Los dos únicos insectos asociadas a la raíz de sabina y citados en Los Monegros son Stomaphis cfr. cupressi (Homoptera, Aphidoidea, Lachnidae) que las utiliza como refugio invernal y la larva de Pachyrhinus ibericus (Coleoptera, Curculionidae), que se alimenta aquí como es lo habitual en el género. Cuando los escarabajos de esta especie están recién emergidos presentan todos un abultamiento en la cabeza que desaparecerá poco después y con el que se ayudan para salir del subsuelo donde han pupado, con gran similitud al diamante del pico de los pollos de las aves.

 

Habría que citar también a Picoa juniperina Vitt., un hongo hipogeo ligado a las raíces de las sabinas al modo de como las trufas lo están a las encinas. Sería de extremado interés profundizar en el conocimiento de las micorrizas asociadas a la sabina albar, dada su importancia para posibles futuras acciones de ampliación artificial del sabinar.

 

 

Conos masculinos

 

A finales de invierno los pies masculinos de sabina desarrollan los conos poliníferos. El estudio de éstos ha permitido averiguar que son consumidos por orugas muy pequeñas de Gelechia nervosella (Lepidoptera, Gelechiidae) y un fitófago aún no descubierto que es parasitado por una especie de Platygastridae (Hymenoptera), Aprostocetus sp. (Hymenoptera, Eulophidae) y Eupelmus juniperinus (Hymenoptera, Eupelmidae).

 

 

Gálbulos y semillas

 

Gálbulo es el nombre que reciben el tipo de bayas producidas por el género Juniperus y que en la sabina albar encierra de 2 a 4 semillas. Necesitan para madurar algo más de un año y es por lo que una permanencia tan prolongada en el árbol constituye una fuente alimenticia fácilmente utilizable por un número elevado de frugívoros que van a consumir las semillas, la pulpa que las envuelve o ambos recursos. En cualquier caso la acción de los artrópodos en los gálbulos va a ser siempre destructiva, ya que aunque sólo se produzcan galerías en la pulpa, la viabilidad de las semillas se verá comprometida por la incidencia de otros agentes patógenos como los hongos.

 

Se han encontrado en los gálbulos de sabinas monegrinas las larvas de cuatro especies de Lepidoptera: Mesophleps oxycedrella (Gelechiidae), Pammene juniperana (Tortricidae), Blastodere reticulata (Yponomeutidae) y Plodia interpunctella (Pyralidae), esta última especie es una plaga de frutos almacenados y citada por primera vez sobre gálbulos de Juniperus. A su vez Pammene juniperana, la más abundante, es parasitada por tres especies de Hymenoptera Chalcidoidea: Elachertus pallidus y Euderus albitarsis (Eulophidae) y Hockeria unicolor (Chalcididae).

 

El elenco de frugívoros que destruyen gálbulos de sabina albar se completa con Rhagoletis zernyi (Diptera, Tephritidae), con lo que se descubre cuál es la planta nutricia de esta especie conocida sólo por la captura de adultos en Albarracín (Teruel), y Megastigmus amicorum (Hymenoptera, Torymidae), este último parasitado por Eupelmus urozonus (Hymenoptera, Eupelmidae).

 

Existen finalmente tres parasitoides polífagos que están actuando sobre las larvas de cualquiera de las especies presentes en los gálbulos y que son Pteromalus semotus (Pteromalidae), Euderus amphis (Eulophidae) y Torymus juniperi (Torymidae) y un inofensivo Ptinus timidus (Coleoptera, Ptinidae) viviendo de los detritus de las especies frugívoras.

 

La fauna de insectos consumidores de gálbulos de las sabinas albares de Los Monegros es básicamente la misma que la de los sabinares norteafricanos y franceses, con la excepción hecha de las especies, hasta donde sabemos, específicamente monegrinas como P. interpunctella y R. zernyi. Otra diferencia curiosa es la presencia de Megastigmus amicorum en gálbulos de sabina albar, siendo que en Francia es una especie mediterránea sobre sabina negra (Juniperus phoenicea) y enebro de la miera (Juniperus oxycedrus), mientras sus sabinares albares montanos son colonizados por Megastigmus bipuctatus (Swederus, 1795). Finalmente, la aridez estival debe de ser la causa de la ausencia en Los Monegros del ácaro Trisetacus quadrisetus Thomas, 1889 (Acari, Eriophyidae) que vive en el interior de las semillas deformándolas e invalidándolas para su germinación, y que en los sabinares norteafricanos, franceses y castellano-turolenses supone uno de los primeros factores de destrucción de gálbulos.

 

Pero si inventariar las especies de fauna de invertebrados capaces de comprometer el desarrollo de las semillas y los parasitoides que limitan sus poblaciones es útil con vistas a calcular los elementos que intervienen en la fructificación de la sabina incidiendo en su fracaso, el conocimiento de la fauna de vertebrados es esencial para conocer las posibilidades de regeneración del sabinar, ya que la endozoocoria (un animal consume el gálbulo y dispersa la semilla con sus heces) es el principal sistema de dispersión del género Juniperus y la influencia de algunas especies consumidoras de semillas en su éxito reproductor es muy elevado.

 

El grupo de vertebrados mejor estudiado como dispersores de semillas de sabina albar es el de las aves, destacando en Los Monegros el género Turdus por su influencia decisiva en la regeneración del sabinar, con cinco especies: zorzal alirrojo (T. iliacus), mirlo (T. merula), zorzal común (T. philomelos), zorzal real (T. pilaris) y zorzal charlo (T. viscivorus), el más abundante. En la literatura se ha citado también a tres córvidos, urraca (Pica pica), corneja (Corvus corone) y cuervo (Corvus corax), como consumidores de gálbulos de Juniperus por lo que probablemente dispersan también semillas de sabina albar.

 

Se ha estudiado el papel de las aves como dispersores de semillas en sabinares del centro de España y demostrado que la regeneración de las masas extensas es mucho mayor que en las manchas pequeñas o con sabinas dispersas, debido a que las primeras atraen a las aves y las segundas no, mientras que las poblaciones de roedores vienen a destruir un porcentaje mayor de semillas en las segundas, con cosechas más exiguas, que en las primeras, donde la producción de gálbulos es grande debido simplemente al mayor número de árboles.

 

Realmente es posible comprobar con facilidad este hecho en Los Monegros observando los bandos de zorzales invernantes en el sabinar de la Retuerta de Pina o en el pinar-sabinar de la Sierra de Alcubierre y que faltan en las zonas de sabinas dispersas entre cultivos del monte de Monegrillo y Farlete. En cualquier caso la conclusión de que la disminución del tamaño del sabinar compromete sus posibilidades de regeneración debido a que no va a captar aves queda mediatizada por la existencia de otros dispersores como pueden ser, en Los Monegros, el zorro (Vulpes vulpes), que lo sería de media distancia, y el conejo (Oryctolagus cuniculus), de más corto radio de acción y que se comporta como dispersor-consumidor, ya que destruye parte de las semillas comidas. Ambas especies están actuando en el sabinar fragmentado contribuyendo a su regeneración. La importancia del zorro como dispersor de semillas de multitud de plantas es de sobra conocida, pero que el conejo dispersa semillas de sabina albar es un dato inédito, por lo que se procedió a comprobar la viabilidad de las mismas enviando un lote a un vivero especializado en la reproducción de la sabina (Vivero de Abel, en Caspe) donde se pudo comprobar cómo podían germinar con éxito.

 

La importancia de la fauna de vertebrados consumidores de semillas ha quedado ya comentada al ser capaces de comprometer la regeneración de sabinares pequeños con escasa presencia de especies dispersoras. De los citados en la literatura como consumidores de gálbulos y semillas de sabina albar, en Los Monegros se encuentran cuatro especies de mamíferos, ratón de campo (Apodemus sylvaticus), lirón careto (Elyomis quercinus), ratón moruno (Mus spretus) y topillo común (Pitymys duodecimcostatus), y dos aves, verderón (Carduelis chloris) y pinzón vulgar (Fringilla coelebs). Pero existen una serie de especies que a priori no tienen acceso a los gálbulos y que nunca han sido tenidas en cuenta como obstructoras de la regeneración del sabinar. La observación en los bebederos monegrinos del picoteo de los excrementos de zorzal charlo (Turdus viscivorus) con semillas de sabina por parte del pardillo común (Carduelis cannabina) y escribano montesino (Emberiza cia) pone de relieve el carácter de consumidores de semillas de sabina albar por parte de estas especies. Queda pues por estudiar hasta qué punto las pequeñas aves granívoras, entre las que habría que contar a los alaúdidos, tan bien representados en Los Monegros y eficientes exploradores del suelo, están retirando semillas ya dispersadas con éxito y finalmente preparadas para regenerar el sabinar.

 

El tronco y las ramas

 

El tronco y las ramas de sabina, simplemente como soporte y refugio, juegan un papel esencial para muchas especies que necesitan de la verticalidad y/o alejarse del suelo.

 

La comunidad de epífitos sobre sabina albar es un verdadero microscosmos con unos nichos ecológicos definidos y unas apetencias ambientales específicas. Los temporales prolongados de lluvia favorecen en las zonas umbrías que las ramas secas y troncos se cubran de una espectacular "mancha verde" producida por un clorófito del género Pleurococcus, una fase inicial de los líquenes del género Lepraria, y que Orthotrichum diaphanum, el único musgo epífito citado en las sabinas monegrinas, fructifique tras su hidratación. Se desarrollan también los hongos Myxomycetes corticícolas pertenecientes a los géneros Badhamia, Comatricha, Licea y Macbriedeola, entre otros.

 

Los líquenes monegrinos, de los que se han citado hasta 34 especies sobre la sabina albar, son capaces de hidratarse con el rocío nocturno, por lo que su dependencia del agua de lluvia es mucho menor y su distribución por el árbol atiende a otros factores. Así, Candelaria concolor goza de buena salud en orientaciones al sur, con la máxima insolación, mientras Lecanora sienae soporta la umbría del lado de los troncos orientado al norte o zonas que no reciben insolación debido a la protección del ramaje; Pseudevernia furfuracea aparece en ramas secas y peladas de pequeño tamaño mientras Diplotomma alboatra se encuentra sólo en óptimas condiciones sobre la corteza del tronco; Physconia perisidiosa suele aparecer en la parte basal de los árboles al ser una especie nitrófila mientras Xanthoria parietina, de color amarillo y omnipresente en Los Monegros, es aparentemente indiferente a la orientación y el sustrato. Otras especies de líquenes epífitos, por citar algunas de las más comunes, son Pertusaria paramerae, descrita sobre sabina albar en la paramera ibérica y de donde se creía endémica, Bacidia hegetschweileri, Candelaria xanthostigma, Lecanora chlarotera, Lecanora hagenii, Physcia ascendens, Physcia biziana, Rinodina mayrhogeni, Opegrapha varia, Caloplaca cerina o Agonimia octospora. En cualquier caso, el cubrimiento liquénico de las sabinas monegrinas es extremadamente menor que el de las castellanas y turolenses, seguramente debido a la aridez de la zona.

 

El tronco y las ramas de las sabinas son pues el soporte de una flora que no es sino un recurso para otros organismos, como los hongos liquenícolas, y así Pyrenochaeta xanthoriae y Xanthoriicola physciae parasitan a Xanthoria parietina, habiéndose citado además a Athelia arachnoidea, Licea kleistobolus, Licea parasitica, Lichenostigma rugosa o Perichaena corticalis entre otros muchos. De líquenes se alimentan orugas de Lepidoptera, como las dos especies de Tephronia (Geometridae) (T. codetaria y T. sepiaria) o las siete de Cryphia (Noctuidae) (C. domestica, C. gea, C. muralis, C. pallida, C. petrea, C. raptricula y C. parvula), y Psocoptera como Reuterella helvimacula y Pseudopsocus meridionalis (Elipsocidae) y Psoculus neglectus (Mesopsocidae) los ramonean igualmente. De Myrmedobia? blascoi (Heteroptera, Microphysidae) se conocen sólo cinco hembras capturadas en años sucesivos siempre sobre el tronco de las sabinas. De biología desconocida, otros miembros de la familia en Norteamérica están asociados a líquenes de cortezas de árboles del género Juniperus (por no saber, no conocemos siquiera su estatus taxonómico exacto ya que las hembras de la familia Microphysidae son ápteras y éstas de Los Monegros tienen alas y vuelan: de ahí la interrogación junto al género. En cualquier caso, en este año, 1997, se ha capturado al fin un macho ahora en estudio que resolverá este interrogante ...).

 

Las algas, hongos y esporas son consumidas por una comunidad de microartrópodos fungícolas y/o algícolas como algunos Acari Oribatida, Camisia segnis (Camisiidae) y Scapheremaeus patella (Cymbaeremaeidae), Apterygota como Machilis blascoi (Microcoryphia, Machilidae) o Psocoptera como Cerobasis guestfalica (Trogiidae), Liposcelis keleri (Liposcelidae), Lachesilla pedicularia (Lachesillidae), Ectopsocus briggsi (Ectopsocidae), Caecilius rhenanus (Caecilidae), Elipsocus nuptialis, Hemineura dispar y Hemineura sclerophallina (Elipsocidae), Cyrtopsocus pustulatus y Mesopsocus duboscqui (Mesopsocidae), Atlantopsocus personatus y Blaste quadrimaculata (Psocidae).

 

La relación entre estos consumidores primarios y la sabina albar no es directa desde el momento en que para ellos el árbol es sólo uno de los sustratos de la flora de la que se alimentan. Así, especies como L. pedicularia y E. briggsi, cosmopolitas y de amplios requerimientos ecológicos, pueden encontrarse en cualquier tipo de lugar; C. rhenanus, H. dispar y C. pustulatus son más frecuentes en matorrales y plantas bajas; E. nuptialis, A. personatus y B. quadrimaculata son típicos de árboles del género Quercus y R. helvimacula, P. meridionalis y P. neglectus, también arborícolas, son característicos de los sabinares. Realmente, las primeras especies llegan a utilizar las sabinas pero para ellas es indiferente el que éstas existan o no, mientras que para las que están más especializadas en el aprovechamiento de organismos estrictamente epífitos en árboles, la desaparición de la sabina albar supondría prácticamente su extinción de Los Monegros en tanto en cuanto no hay otra especie arbórea que pueda servir de sustituto.

 

Y unos consumidores primarios van a mantener necesariamente a unos predadores. Algunos son típicos de la sabina albar desde el momento en que sus presas están asociadas a este árbol y así especies de Neuroptera Coniopterygidae como Aleuropteryx maculata y Coniopteryx ezequi, habiéndose citado también sobre otros sustratos, aparecen siempre en los sabinares ibéricos, o Semidalis pseudouncinata, propia de Juniperus y Pinus. No obstante, la mayor parte de las especies son predadores ubiquistas, destacando por su frecuencia de citas Pseudoscorpionida como Racochelifer maculatus (Chernetidae); Orthoptera como Steropleurus perezi (Tettigoniidae); Heteroptera Reduviidae como Empicoris mediterraneus, Empicoris culiciformis, Rhynocoris erythropus, Sphedanolestes sanguineus y Oncocephalus squalidus; Neuroptera como Chrysoperla carnea s.l. (Chrysopide) y Aleuropteryx juniperi (Coniopterygidae); Coleoptera como Exochomus quadripustulatus (Coccinellidae) o Hymenoptera como Formica subrufa (Formicidae).

 

Pero sin duda el grupo de predadores no especializados más evolucionado sea el de las arañas (de la amplitud de su nicho ecológico puede ser un ejemplo el hecho de que especies tan aparentemente terrestres como Lycosa tarentula (Araneae, Lycosidae) o Glubia dorsalis (Solifuga, Daesiidae) exploten los troncos de sabina ..) y, sobre sabina albar, pueden encontrarse prácticamente más del 80% de las especies presentes en el enclave donde se asiente el sabinar. Bien como cazadoras pasivas como Araneus angulatus (Araneidae), que construye grandes telas entre las ramas superiores o de sabina a sabina interceptando fauna voladora, y Segestria florentina (Segestriidae), con telas tubulares en las grietas del tronco capturando fauna marchadora, o bien como Selamia reticulata (Zoradiidae), que camina por el árbol explorando sus intersticios, las arañas tienen una importancia capital en el control de consumidores primarios y en cuyo estudio sería necesario profundizar. Como anécdota, comentar que el primer ejemplar conocido de Orthotylus blascoi (Heteroptera, Miridae) fue encontrado en una tela de araña tejida en un pino, y de ahí la búsqueda infructuosa de la especie sobre Pinus halepensis hasta que se descubrió que su verdadera planta nutricia era la sabina albar.

 

Toda esta comunidad va dejando entre las grietas de la corteza de la sabina un rastro de animales muertos, restos de presas, excrementos o puestas vacías, a los que se unen hojas caídas, savia solidificada y otros tejidos muertos del árbol que van a ser aprovechados por especies detritívoras como Ctenolepisma lineata y Lepisma saccharina (Zygentoma, Lepismatidae) o Ptinus timidus (Coleoptera, Ptinidae). Resaltar finalmente, que el hecho de que la sabina albar posea una corteza muy rugosa y que se desprende en largas lajas, supone la formación de huecos de gran utilidad como refugio para la invernada y/o estivación de la fauna de invertebrados.

 

Los vertebrados van a utilizar la estructura leñosa de la sabina albar simplemente, pero de gran necesidad vital, como soporte. Quizás una de las especies más adaptadas al uso del tronco sea el pito real (Picus viridis), capaz de agujerear la madera sana de la sabina albar dejando oquedades que van a ser ocupadas indefectiblemente por el lirón careto (Elyomis quercinus). En nidos de pito real, a poco más de dos metros de altura y en un tronco vertical, se ha encontrado también invernando un ejemplar de culebra lisa meridional (Coronella girondica) que, además de las aptitudes trepadoras de este reptil, nos habla de la utilidad de las oquedades en los troncos para especies que aparentemente no son sospechosas de poder aprovecharlos. Sólo en los vetustos árboles del monte de Monegrillo, sin duda el pueblo de Los Monegros zaragozanos que mejor ha conservado la sabina en monte público, se han encontrado grietas y agujeros de tamaño grande que son ocupados por especies trogloditas como la paloma zurita (Columba oenas), grajilla (Corvus monedula), mochuelo (Athene noctua) o abubilla (Upupa epops).

 

Las ramas son el soporte necesario para las especies nidícolas forestales de todos los tamaños y así, en sabina, nidifican rapaces como el águila real (Aquila chrysaetos), milano negro (Milvus migrans), ratonero (Buteo buteo), águila culebrera (Circaëtus gallicus) o águila calzada (Hieraetus pennatus), córvidos como la corneja negra (Corvus corone) y cuervo (Corvus corax) (cuyos nidos abandonados serán a su vez aprovechados por el cernícalo vulgar (Falco tinnunculus), alcotán (Falco subbuteo) o búho chico (Asio otus)), palomas como la tórtola (Streptopelia turtur) y torcaz (Columba palumbus) y pequeños paseriformes como el mirlo (Turdus merula), alcaudón común (Lanius senator) y pinzón (Fringilla coelebs).

 

Así como las aves trogloditas son capaces de encontrar sustitutos en edificios, amontonamientos de piedras, paredes de barrancos o incluso madrigueras de conejo a la falta de sabinas o de agujeros en sabinares jóvenes, éstas últimas especies forestales tienen una dependencia tal de este árbol, sólo por ser la única percha posible en la región, que la densidad y ubicación de sus poblaciones en Los Monegros, fuera del pinar de la Sierra de Alcubierre, va a depender sólo de la extensión y situación del sabinar.

 

 

La copa

 

La sabina albar viene a vegetar prácticamente en toda su área de distribución en zonas de intensa actividad ganadera, siendo por ello que las podas de origen antrópico, además de una variabilidad natural del árbol realmente notable, le proporcionan unas posibilidades en cuanto a forma y estructura prácticamente infinitas. En cualquier caso y sin influencia externa, la norma viene a ser el que adquieran primero un aspecto ovoide, para alargarse después en "punta de lanza" con ramas desde el suelo (pueden alcanzar así hasta 10 metros de altura) y ya con edad avanzada elevar la copa presentando una porción de tronco desnudo, en una estructura que se repite en otras especies propias de zonas áridas y ventosas.

 

El hecho de que el suelo pueda quedar cubierto por el denso ramaje siempreverde del árbol es el origen de una serie de fenómenos que van a incidir directamente en modificiaciones de su entorno inmediato, y una de las más evidentes es la protección de las plantas bajas frente a los herbívoros, fácilmente constatable comparando, por ejemplo, las praderas de Brachypodium retusum segadas por el diente de la oveja y el conejo, con los saludables ejemplares que se yerguen entre las ramas inferiores de las sabinas, siendo la copa de éstas un reservorio de primer orden de ejemplares productores de semillas de especies pascícolas en zonas sometidas a sobrepastoreo.

 

En una comarca como Los Monegros, con una intensidad de insolación tan elevada, la sombra de la sabina va a introducir cambios en la iluminación y temperatura del aire y el suelo, variando las condiciones edáficas bajo el árbol. Se ha comprobado en un sabinar monegrino cómo las máximas del verano son menos elevadas bajo las sabinas, disminuyendo por ello la intensidad de la evaporación y favoreciendo este hecho la existencia de una flora nemoral compuesta por Asparagus acutifolius, Rhamnus lycioides, Ephedra nebrodensis, Asterolinon linum-stellatum o Geranium molle, entre otras especies, que se distribuye bajo unas sabinas u otras respondiendo a un fino equilibrio entre exposición al sol e intensidad de sombra dado por el tamaño de la copa, su forma y distancia al suelo. Así, existen diferencias en la ubicación de especies y la cobertura del suelo según sea la orientación al norte o al sur respecto al árbol, observándose con facilidad, por ejemplo, cómo E. nebrodensis necesita una porción de tronco desnuda por ser una planta heliófila o A. acutifolius alcanza su óptimo trepando entre las ramas de árboles que tocan el suelo. El efecto de atenuante térmico de las sabinas es también aprovechado por la fauna de vertebrados que utiliza su sombra como sesteadero en la canícula del verano.

 

No se ha estudiado el efecto de pantalla contra el viento de la copa, si bien se ha observado que puede influir en la actividad de la microfauna voladora y así Eristalis tenax (Diptera, Syrphidae) se cierne los días ventosos sólo en el lado abrigado de los árboles y era aquí, un día de viento moderado, donde se formaban los emjambrazones de individuos sexuados de una hormiga del género Solenopsis (Hymenoptera, Formicidae), siendo uno de ellos repetidamente atacado por Deleproctophylla dusmeti (Neuroptera, Ascalaphidae), deshaciéndose y volviéndose a formar tras el paso del predador.

 

No se ha cuantificado tampoco el volumen de agua captada por las copas de las sabinas en invierno, en época de nieblas o noches de rocío. En cualquier caso, su importancia puede constatarse con facilidad cualquier mañana sin viento del mes de enero, cuando el sol comienza a deshelar la escarcha nocturna y llueve en Los Monegros sólo bajo las sabinas con una intensidad directamente proporcional a la superficie y densidad de sus copas: es, por supuesto, un aporte extra de humedad al suelo que no existe fuera de la influencia del árbol y que es aprovechado sólo por su fauna y flora asociadas.

 

Por otra parte y en Los Monegros, las investigaciones realizadas no han podido demostrar que las copas tengan un efecto protector en invierno, o de existir sería mínimo, que atempere las bajas temperaturas debido al carácter de bosquete aclarado del sabinar.

 

Es evidente que cada individuo de sabina está jugando un papel ecológico muy importante creando un pequeño oasis bajo la protección de sus ramas y que éste desaparece en el momento en que la copa se aleja demasiado del suelo. Es por ello que puede calificarse de irracional la costumbre de podar las sabinas hasta la mitad de su altura, hecho que en algunos términos municipales de Los Monegros se da en la totalidad de los ejemplares de más de medio metro, con la pretensión de que crezcan más rápido (crecer más ¡¿para qué?!) consiguiendo hacer desaparecer la beneficiosa influencia nemoral antes expuesta, dificultar o impedir la creación de humus y eliminar del árbol ramas frugíferas, además de adquirir un aspecto estético lamentable al cubrirse con el ramón desordenado con que el árbol intenta restañar las heridas y que reclama nuevas podas: la copa ya se elevará sola del suelo si es que el árbol consigue llegar a la madurez.

 

 

El humus

 

Los suelos yesosos de Los Monegros, cubiertos por una vegetación de carácter xerofítico, tienen un perfil elemental con un horizonte superior muy delgado mostrando costras y películas de sulfato cálcico por efecto de la evaporación intensa y, sobre todo, es pobre en humus. Es por ello que el aporte extra de materia orgánica, como ocurre debajo de una sabina al acumularse los desechos del árbol, puede suponer cambios sustanciales en la fauna edáfica y en la flora respecto al entorno. Estas diferencias vienen dadas por la presencia misma de los restos vegetales, que van a mantener una microflora descomponedora, así como una mayor retención de la humedad y una atemperación térmica debida a la protección del suelo frente al calor y al frío, habiéndose demostrado la existencia de procesos de microedafismo generadores de suelo que contrastan con la erosión del que queda fuera de la influencia del árbol: es, en definitiva, la presencia de humus frente a nada.

 

En el mantillo bajo sabinas, en el fondo de las vales más abruptas de la Retuerta de Pina, se ha descrito la comunidad vegetal Stellario pallidae-Chenopodietum exsucci, de carácter nitrófilo, que aprovecha la materia orgánica de los restos vegetales acumulados y los excrementos de conejo. Es una asociación no encontrada en ningún otro lugar, ya que las condiciones ecológicas precisas para que se desarrolle difícilmente se repiten en otros enclaves.

 

Los grupos de fauna humícola presentes en la hojarasca de las sabinas albares y con mayor número de especies e individuos son Acari Oribatida, con 21 especies, Collembola, con 13 y sólo el 20% del material estudiado, y Psocóptera, con 8. Son microartrópodos que se alimentan de bacterias, hongos, algas y restos vegetales en descomposición, siendo algunas especies características: Camisia horrida (Camisiidae), Eueremaeus granulatus (Eremaeidae), Pilogalumna ornatulum (Galumnidae) y Zygoribatula frisiae (Oribatulide), para Oribatida; Lepidocyrtus violaceus (Entomobryiidae), Xenylla franzi (Hypogastruridae), y Mesaphorura macrochaeta (Onychiuridae), para Collembola y Lepinotus reticulatus (Trogiidae), Liposcelis aconae, Liposcelis decolor y Liposcelis pulchra (Liposcelidae), Ectopsocus vachoni (Ectopsocide) y Psoculus neglectus (Mesopsocidae) para Psocoptera. Las hormigas (Hymenoptera, Formicidae) son un grupo de animales de alimentación omnívora consumiendo tanto material vegetal como animal, siendo comunes Leptothorax racovitzai, Pheidole pallidula o Solenopsis sp.

 

Entre los predadadores de las especies humícolas destacan Pseudoscorpionida como Chthonius gibbus (Chthonidae) y Roncocreagris iberica (Neobisiidae) que se alimentan de presas diminutas como Oribatida y Collembola. Sin embargo, quizás el Orden Chilopoda sea el más característico, dada su facilidad para deslizarse por los intesticios del suelo, apareciendo en Los Monegros, y bajo sabinas, especies como Geophilus romanus (Geophilidae), Schendyla mediterranea (Schedylidae) o Lithobius blascoi (Lithobiidae).

 

Excepto Eremocoris fenestratus (Heteroptera, Lygaeidae), ligado frecuentemente al humus de sabina albar, prácticamente ninguna de las especies detectadas es específica de la hojarasca del árbol, si bien el hecho de que éste exista, y si es abundante, influye decisivamente en su densidad contribuyendo de manera notable al aumento de la biomasa del suelo.

 

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