(De
Pedrocchi, C., 1988. El agua en Los Monegros. En: Pedrocchi, C. (coor.): Ecología de Los
Monegros. La paciencia como estrategia de supervivencia. Ed. I.E.A./Centro de Desarrollo
de Los Monegros. Huesca)
El factor limitante para la vida en
Los Monegros, es el agua. Por lo tanto, parece adecuado un capitulo aparte, independiente
de todo aquello que se haya descrito en el capitulo de clima o en el que hace referencia a
los cuerpos acuáticos y los seres vivos que los pueblan.
Es evidente que existe el peligro de
repetir, pero consideramos que esta justificado, desde el momento en que el agua es el eje
alrededor del que giran Los Monegros y por lo tanto el esencial para comprender la
dinámica de la comarca.
En la comarca, el agua disponible siempre
tiene un origen atmosférico. Es evidente que la habrá, como en todas partes, de origen
químico a partir de combustiones u otras reacciones, pero esa cantidad de agua formada,
por lo menos en la actualidad, ha de considerarse anecdótica.
El agua que pasa de estado gaseoso a
estado liquido y precipita, se mide en principio en estaciones meteorológicas. Pero solo
en principio, pues aquellas precipitaciones que no son en forma de lluvia no suelen ser
medidas en estaciones normales, pluviométricas o termopluviométricas, que son las que
habitualmente se distribuyen por el Valle del Ebro. Alguna estación más sofisticada mide
evaporación en lamina de agua, incluso insolación. No conocemos ninguna que mida la
posible importancia de las nieblas y otras precipitaciones ocultas.
Por otra parte, faltan estudios sobre el
comportamiento del agua en relación a su modo de precipitación, y al sustrato y su
estado. Y carecemos de conocimientos fenológicos de los seres vivos que habitan en la
comarca y que reaccionan distintamente en relación, no a la cantidad de agua caída, sino
al modo en que cae.
También es de interés conocer la
permeabilidad de los suelos y sus distintas formas de alteración, ya sea antrópica o
natural.
Y por último, y como excepción en este
escrito, las alteraciones producidas secularmente por el hombre para su mejor
aprovechamiento, su almacenamiento o simplemente para evitar que, en casos extremos, se
convierta en una amenaza para los cultivos y haciendas.
El agua subterránea.
Toda el agua subterránea de Los
Monegros procede de las precipitaciones tanto recogidas en el lugar como a distancia y
posteriormente desplazada hacia otros lugares. De hecho no es gran cosa lo que se conoce
sobre el tema, a pesar de algún estudio realizado para la zona concreta
Bujaraloz-Sástago-Candasnos.
Parte del agua meteórica que alcanza el
suelo percolará y la parte percolada estará en proporción a dos factores fundamentales:
a) Caudal de la precipitación, o sea
cantidad de agua que por unidad de tiempo alcanza el suelo.
b) Caudal absorbido, que es la cantidad de
agua que un determinado sustrato puede absorber en una unidad de tiempo.
Poco importará una elevada permeabilidad
del suelo, si la precipitación es superior en caudal; el agua resbalará por la
superficie de ese suelo del mismo modo que si el volumen que absorbe el rebosadero de
nuestra bañera es inferior al caudal del grifo: tardará algo más , pero la casa se nos
inundara igualmente.
Los suelos monegrinos, o lo que queda de
ellos, ya que actualmente no existen más que suelos decapitados y roca madre, son poco
permeables, dadas las características del sustrato (yesos compactos, areniscas, margas,
arcillas y poco más), pero existen factores que alteran su permeabilidad y entre ellos,
como más importantes, los tres siguientes: la vegetación, creando suelo; la fauna
alterando mecánicamente las características del suelo; el hombre, también alterando las
características físicas del suelo, pero con medios mecánicos que lo hacen más
importante que cualquiera de los anteriores.
Así, una parte desconocida del agua
precipitada, penetra en el suelo quedando a disposición de la vegetación o de posterior
evaporación, o bien de continuar profundizando hasta alcanzar un nivel subterráneo. Pero
alcanzar niveles profundos no siempre es fácil, dadas las características de
"pastel" de varias capas horizontales de los sedimentos, más aun si se tiene en
cuenta la distinta permeabilidad de cada una de ellas de modo que para algunos, se
llegaría a tener cautiva el agua.
A pesar de tales dificultades para
percolar, la realidad es que existe agua subterránea en cualquier parte de Los Monegros,
pero sin que pueda hablarse de capa freática, ya que tal sustantivo solo puede aplicarse
a aquellos acúmulos de agua subterránea en terrenos permeables y nos hallamos ante rocas
únicamente semipermeables o casi impermeables.
Ese hecho da al acuífero propiedades
concretas, entre las más destacadas la de burlar a la gravedad, mediante fuerzas
capilares y por lo tanto tener un comportamiento algo peculiar y la de desplazarse dentro
del acuífero a una velocidad muy pequeña, del orden de cm/día.
A pesar de todo lo anterior, de mayor
interés teórico que practico, Los Monegros se hallan perforados como un acerico por
docenas de pozos de los que se extrae agua, salina, por supuesto, pero en general apta
para abrevar el ganado y por lo tanto de salinidad moderada. Sin embargo la densidad de
pozos es muy distinta, siendo más abundantes en la plataforma endorreica
Bujaraloz-Sástago, mientras que escasean en dirección a Farlete o a Cardiel.
Tras sondeos realizados en la zona
endorreica, se cree que el agua mana lentamente y es agua llovida hace un numero de años
elevado. Sin poder precisar más, por lo menos no se detecta la radioactividad que hace
unos cincuenta años diseminó la bomba atómica lanzada sobre Iroshima.
Así, se puede suponer que el agua viene
de lejos, cruzando lentamente por los capilares de la roca, casi impermeable, de modo
indiscriminado (según estudios geológicos) o bien tras atravesar lentamente algún
estrato semipermeable, rodeado de otros impermeables, de modo que seria algo similar a un
acuífero cautivo. Por lo menos esa es la opinión de los trabajadores de las salinas de
la Laguna La Playa, que cuentan como había que atravesar una gruesa capa de yeso para
llegar a la zona donde manaba agua salada. En ese ultimo caso, poco probable, los pozos
deberían mantener independencia respecto a esa segunda capa de agua y se nutrirían de
las precipitaciones autóctonas.
En cualquiera de los casos, el agua sigue
con cierta aproximación, el relieve de la superficie, salvo en las depresiones de las
saladas, las cuales cortan el nivel del agua. En tales lugares, con la lentitud obligada
por la porosidad del terreno, rezuma lentamente la salmuera, de modo que en ausencia de
evaporación, las lagunas se irán llenando lentamente, con independencia de las
precipitaciones.'
De modo casi anecdótico por su escasez,
también hay rocas permeables en Los Monegros. Se trata de los acúmulos eólicos de
cristales de yeso y otros materiales, que se forman en general en las cuencas lagunares y
que son, en ocasiones, capaces de formar manantiales efímeros (la salada La Muerte
presenta, incluso, una pequeña formación deltaica).
Para completar el espectro de aguas
subterráneas, en los taludes de alguna laguna y muy posiblemente en relación con los
inmediatos cultivos, se observan fenómenos de tipo "pipping", formados por
caudales subsuperficiales o hipodérmicos (en las orillas de la salada La Salineta, se
observa con cierta facilidad).
Las alteraciones del suelo en relación
al agua.
Sin conocer su importancia
cuantitativa (como con tanta frecuencia sucede), existe , sin embargo, un gran numero de
factores que alteran las características de la superficie de Los Monegros, de modo que se
tiende a evitar lo que seria desastroso desde el punto de vista de los seres vivos: la
excesiva homogeneidad del medio.
La homogeneidad, tiene un único
significado: la falta de heterogeneidad y por lo tanto de diversidad. Los ecosistemas
naturales tienden a incrementar su diversidad, como único medio para paliar las
agresiones externas, de modo que pueden disolver, mediante reajustes energéticos las
alteraciones recibidas, creando un nuevo equilibrio, casi siempre con el mismo numero de
especies, pero con muy distintas proporciones.
De no existir ese mecanismo, que funciona
a modo de sistema tampón, para alisar las diferencias producidas por pequeñas
variaciones climáticas o de otra índole, la tendencia seria la de perder especies, en
lugar de variar sus densidades. Y a la larga, la total desaparición de ese ecosistema.
Olvídese el lector de catastrofismos y
otros medios de evolución drásticos ( a pesar de que en otras ocasiones sean los que
determinan la composición de las biocenosis ), lo normal es que el ecosistema, a lo largo
de los milenios, haya adquirido medios distintos para obtener una población de seres
vivos diversos, desplazándose a lo largo de un eje de heterogeneidad, que permite
triunfar cada año, según el clima, unas especies si y otras no, de modo que la
competencia no se de únicamente entre los individuos, sino que sea una ley impuesta por
la variación de los factores abióticos.
En una llanura, expuesta a drásticos
factores erosivos, como la lluvia o el viento, la tendencia debería ser a la
horizontalidad total. Sin embargo, son múltiples los factores que tienden a evitar la
regularidad de las formas. A distintas escalas, existen fenómenos que de algún modo van
a alterar la superficie del terreno. Distinta solubilidad o dureza, en el caso de los
sedimentos que componen la Depresión del Ebro, causan relieves, aunque no sean notables.
Incluso las pretendidas llanuras, que no son más que zonas de suave relieve.
A pequeña escala es más observable y
más divertido: pequeñas roturas de la homogeneidad, provocadas por factores bióticos,
como acúmulos de material eólico en plantas fruticosas longevas o acúmulos de material
edáfico o biológico, al pie de hormigueros o guaridas de topillos, son suficientes para
determinar diferencias -por milímetros- de encharcamiento ante fluctuaciones de la
pluviosidad. La llanura se convierte en una sucesión de microrrelieves cada uno de ellos
con una cuenca de recepción y otra de encharcamiento. Ligeras variaciones de la
pluviosidad van a provocar la germinación de las plantas efímeras en el fondo de las
depresiones (años secos) o en lo alto de ellas (en los años más lluviosos). En
ocasiones los relieves son tan definidos que caracterizan el paisaje y mantienen flora y
fauna especializada.
Pero no solo se observa en superficie a
los seres vivos alterando el comportamiento del agua, también modifican, quizás de modo
importante, la permeabilidad del suelo. La aridez y por lo tanto las temperaturas
extremadas que registran Los Monegros, son favorables a seleccionar en los animales que
pueblan la comarca un comportamiento excavador, como mejor sistema de paliar las máximas
térmicas y los mínimos registros de humedad.
Son muy abundantes los organismos
excavadores, no solo en número, sino que también en diversidad. Pero entre ellos
destacan tres grupos, por su abundancia y posible efecto permeabilizador. Desde luego, es
conveniente tener en cuenta que tales fenómenos suceden en las áreas menos alteradas por
el hombre. El efecto "permeabilizador" del arado es tan brutal, que
prácticamente elimina a todos los demás.
En las estepas, en los caminos, allá
donde no se labra y por lo tanto con un máximo en los lugares forestados, aunque sea en
pendientes pronunciadas, el efecto de los oligoquetos es brutal. Son cientos o miles de
pequeños orificios producidos por las lombrices, por metro cuadrado, acompañado cada
orificio por un pequeño montículo de tierra removida.
Ese fenómeno, únicamente se da en
épocas lluviosas, cuando el suelo se humedece, y permite que las subsiguientes lluvias
percolen hacia el interior de la masa margoarcillosa que, en general, compone esos suelos.
La importancia cuantitativa de esa percolación es desconocida.
Las hormigas, sobre todo la especie
frecuente Messor barbarus, excava grandes hormigueros, tanto más profundos cuanto
más árido es el medio que colonizan. La entrada del hormiguero puede estar rodeada de
material vegetal, desecho de aquel que aportan al nido para su alimentación, pero con
mucha frecuencia, el viento puede barrer esos acúmulos, dejando los orificios a ras de
suelo.
Un experimento que realizamos hace unos
años, consistente en llenar de agua tales estructuras excavadas por Messor, dio
una media de cien litros de agua de capacidad para cada hormiguero. Si tenemos en cuenta
que los orificios se conservan durante largo tiempo después de la desaparición de las
colonias, parece consecuente considerar como un aspecto importante en la variación de la
permeabilidad del suelo la labor de las hormigas en general y de Messor barbarus en
particular, dada su abundancia y el tamaño de sus colonias.
Por último y también con una importancia
desconocida, pero que se intuye notable por lo menos en algunos lugares, los mamíferos
excavadores de distinto tamaño, desde los conejos (Orictolagus cuniculus), hasta
los topillos (Pytimis duodecimcostatus), excavan y acumulan sus agujeros, hasta el
punto de formar una red de galerías subsuperficial, con capacidad para absorber las más
intensas precipitaciones. Localmente, en el fondo de depresiones, tienen tendencia a
colmatarse con materia orgánica, formando crotovinas, que si bien tienen menor capacidad
hídrica, también favorecen a la permeabilidad del suelo.
Las precipitaciones horizontales.
La inercia térmica disminuye en
relación directa a la aridez del terreno. En climas áridos, no solo existe una gran
diferencia entre las temperaturas extremas anuales, sino que también entre la máxima y
la mínima diaria. El notable enfriamiento nocturno es el factor más adecuado para la
formación de rocío muchos días del año.
Si bien esta precipitación no debe
alterar significativamente el total de precipitaciones anuales, si tiene por el contrario
significado biológico, ya que ese rocío puede abastecer de reservas hídricas a un gran
número de pequeños animales, por supuesto a invertebrados, pero también a vertebrados
como reptiles y micromamíferos.
La cantidad de agua precipitada a partir
de las nieblas, por el contrario, de conocerse, muy probablemente alteraría el total de
precipitaciones anuales. Son muchos los días de niebla en el invierno monegrino y en
ellos la formación de gotas en las estructuras vegetales, que posteriormente van a mojar
el suelo, es realmente abundante. ¿Cuanta agua se recoge en las distintas comunidades
vegetales? es un tema desconocido y que probablemente podría sorprender.
En otros climas, en los que queda
demostrado que la frecuente formación de nieblas es la más importante fuente de agua,
tal como la laurisilva macaronésica, se demuestra que según el tipo de vegetación varia
notablemente la cantidad de agua precipitada. Los laurifolios son los más eficaces,
mientras que hay una perdida progresiva hacia los aciculifolios, tales como Erica
arborea y Pinus canariensis.
Actualmente, la niebla se mueve
lentamente, casi al azar, fantasmagóricamente en una llanura que se pierde sin
obstáculos en el pequeño infinito de ese paisaje que no se ve. Suponemos que el calor
vuelve al estado de vapor disuelto en la atmósfera a la niebla y posteriormente el cierzo
arrastrará ese aire húmedo hasta el Mediterráneo. Confraternización entre mares: la
humedad del Atlántico llega sin trabas al Mediterráneo, debido a que no hay nada que la
retenga en el camino.
En la actualidad la estructura más
abundante capaz de retener las microgotas que componen la niebla durante la época en que
esta es más abundante, es el cereal germinado. Los coleoptilos y las primeras hojillas
del cereal, en días de niebla, se transforman en un rosario de gotas de agua que la más
mínima vibración, o un peso suficiente, hace caer al suelo, para volver a recargar. El
proceso es generoso y continuado y a razón de más de 300 plántulas de cereal por metro
cuadrado, al final del invierno el agua recogida podría contarse en litros por metro
cuadrado. Un bosque de sabinas suficientemente desarrollado ¿cuantos litros podría
captar?.
Cualquiera de las precipitaciones
descritas, aportan al medio cantidades de agua que se suponen realmente pequeñas (los
volúmenes reales se desconocen). Sin embargo, en un ambiente en el que el agua es el
factor limitante para los organismos, esas pequeñas cantidades pueden tener un gran
significado biológico.
Las aguas superficiales.
La parte de agua de lluvia, que no
percola ni se evapora, el agua de escorrentía, en áreas de gran pendiente, alcanza
espectaculares efectos erosivos, por la violencia de su paso, cuando su origen esta en
fuertes tormentas, pero sobre todo por la falta de cohesión de los materiales sobre los
que actúan. Los alrededores de la Sierra de Alcubierre está llena de ejemplos en forma
de estrechos y profundos cortados en el inicio del barranco, que en general terminará en
una amplia val cultivada.
Al llegar al llano, el agua, sin fuerza ni
cauce, terminará por percolar o evaporarse. Pero aun en tierra llana, sus efectos pueden
ser notables.
Balsas y balsetes.
La irregularidad que por unos u otros
motivos se consigue en la superficie del suelo, provoca la aparición de charcos de mayor
o menor amplitud, tal como se ha mencionado anteriormente.
Desde, por lo menos época romana
(indudablemente será desde época prerromana), el hombre ha sabido aprovechar esas zonas,
o crearlas, para acumular agua de lluvia para uso de hombres y bestias.
Se trata de utilizar el conocimiento
empírico, que ya tenia el hombre, del comportamiento del agua de lluvia, antes de
enunciarla como fórmula, en resumen lo siguiente:
Se elige una determinada superficie con
pendiente, en la que mediante surcos se dirigirá el agua hacia la parte baja, donde se
encharca. Esa superficie, carente de árboles, ha de tener una vegetación rala, bien
pastada, para evitar el desarrollo excesivo de la vegetación, pero sin eliminarla, para
que sujete el suelo. Además, el frecuente pastado compacta el suelo a fuerza de pezuña y
disminuye la permeabilidad. A esa superficie la llamaremos lastra.
En la zona baja de la lastra, se
profundiza la zona colectora de agua, de modo que se incremente el volumen, pero no la
superficie de evaporación. Los materiales extraídos del fondo se acumulan en los
laterales, dando profundidad al conjunto.
Es evidente, que el sustrato ha de ser
impermeable.
Disminuyendo escorrentías difusas,
permeabilidad y lamina de evaporación, una cantidad muy notable de agua se recoge.
Después de mojado el sistema, lo que llueva a continuación se recogerá en su practica
totalidad.
Si suponemos el aprovechamiento del 50% de
las precipitaciones, una lastra de una hectárea, aportará en Los Monegros unos dos
millones de litros anuales a la balsa.
Las balsas pueden ser como la descrita,
simplemente de tierra, pero para el agua de boca, en ocasiones se construye una balsa de
sillares de piedra (la "balsa buena"), con una escalinata para alcanzar con
comodidad el fluctuante nivel.
Si se trata de abastecer a un pueblo, la
balsa es de grandes proporciones. Vale la pena visitar las de Candasnos y Bujaraloz, entre
otras muchas. Si se trata de dar de beber a poca gente (el pastor y los agricultores en
determinadas épocas del año), la balsa "buena" es muy pequeña y tiene una
escalinata por la que pasa escasamente un hombre. De este modo, con muy poco estorbo (una
rama), queda impedido el acceso a los animales.
En la Sierra, desde Castejón a
Alcubierre, quedan bien conservados varios conjuntos compuestos por la balsa de tierra,
grande, para el ganado y en su proximidad, usando la misma lastra, la pequeña balsa
"buena".
No existe norma en tamaño o fábrica de
las balsas. Se ven muy grandes de tierra, para usos indistintos hombre-ganado. Son dignas
de ver las de Castejón, Alcubierre, Valfarta, Farlete, etc.. En Monegrillo, no solo las
del pueblo, sino la magnifica balsa Fortiz, cuya orla de derrubios, acumulada en sus
bordes, marca curva de nivel en el mapa 1:50000.
En otros lugares, de cualquier punto de la
comarca, se utilizan balsas de sillería, o de cemento, muchas veces para uso del ganado.
Alguna tiene una rampa para el acceso directo de los animales en otras es el pastor el que
ha de llenar el abrevadero con cuerda y carrucha, a fuerza de pozales.
Todos esos puntos de agua, más o menos
artificiales, que cubren la superficie de Los Monegros, son de notable importancia para la
fauna, tal como se describe en otros capítulos.
Barrancos, glacis y lagunas efímeras.
Algunas precipitaciones, no
necesariamente por su volumen, sino que, sobre todo, por su velocidad de precipitación,
causan en ocasiones efectos hiperdimensionados es la comarca.
La erosión en las laderas de los sasos y
muelas es uno de los fenómenos fácilmente observables. Como se ha dicho en la
introducción del capítulo, la poca cohesión de los materiales sedimentarios que forman
el sustrato, favorece la erosión, pero cuando la precipitaciones son bruscas, se salen de
sus cauces y arremeten contra los más débiles materiales detríticos de los glacis.
En esos suelos casi sueltos, con facilidad
el agua abre profundos tajos en pocas horas. El resultado son estrechos congostos de
notable profundidad, que casi siempre preceden a las amplias vales de fondo cultivado.
Pero la violencia del agua puede abrir profundos tajos en terrenos casi llanos, al amparo
de pequeños desniveles y diferencias de dureza de los materiales.
Así, es frecuente que los fondos de las
mencionadas vales, estén aterrazados para suprimir la pendiente entre bancales. Al que no
conoce Los Monegros, le puede hacer sonreír ver las espuendas construidas en ocasiones
con magníficos sillares de piedra, de gran tamaño, que parecen hiperdimensionados a la
hora de contener las escasas precipitaciones de la zona.
La realidad es que en determinadas
situaciones climáticas, que se repiten con frecuencia, localmente el agua arrasa campos y
sillares, que el agricultor tendrá que volver a colocar, recuperando la tierra cauce
abajo, para restaurar la brecha abierta en el cultivo.
En ocasiones, tan rápidamente cae el
agua, que en los glacis, con poca pendiente, incluso a pesar de estar recién labrados, se
forma una especie de ola o rodillo de agua de varias decenas de centímetros de espesor,
que desciende con violencia, uniformizando la superficie del glacis.
Fuerzas contrarias a las que bióticas y
abióticas, causan heterogeneidad en la llanura, como hemos mencionado antes.
Al perder pendiente, la ola se deshace y
desaparece, salvo cuando da con una depresión. Entonces llena la depresión y se forma
una laguna efímera, que puede tener una superficie de diez a veinte hectáreas y hasta un
metro de profundidad.
Esas lagunas pueden permanecer llenas
durante incluso un año, quizás más. En el capitulo dedicado a los organismos acuáticos
y en el catalogo de lagunas, se amplia información sobre tales fenómenos hídricos, que
atraen, para su reproducción, a grandes cantidades de invertebrados y vertebrados. La
diferencia entre las lagunas efímeras y las hoyas, quizás se deba en buena parte a la
actividad humana, pero más posiblemente correspondan a distintos estadios de un mismo
fenómeno que terminaría en las saladas como fase final.
Formación de lagunas.
En este capitulo nos referimos,
básicamente a las lagunas de la superficie casi horizontal de la plataforma de erosión
que se halla entre las poblaciones de Bujaraloz, Peñalba y Sástago
Existen dos hipótesis fundamentales y
parecidas, en la formación de las cuencas endorreicas de Los Monegros. Ambas se basan en
la fácil disolución de las evaporitas para formar depresiones.
La primera hipótesis, considera el origen
en la fracturación en una red de diaclasas que se detecta en la superficie de la llanura.
Esas diaclasas permitirían la percolación de agua y la disolución de evaporitas en
determinadas zonas. Formada la primera depresión, la erosión adquiriría dos facetas: a)
en épocas lluviosas, la disolución de rocas evaporíticas, profundizaría la dolina
formada y b) en épocas secas, el viento eliminaría materiales finos del fondo y
ensancharía la dolina en su dirección.
La segunda hipótesis, supone la
disolución en profundidad de grandes estratos de evaporitas, formando enormes cavernas
subterráneas, que llegado un determinado momento se desplomarían (colapso), permitiendo
la súbita aparición de una gran cuenca.
Siempre, el viento terminará, mediante
arrastre eólico la conformación definitiva de la cuenca.
Independientemente de si una, otra o ambas
son ciertas, las lagunas monegrinas corresponden a tres tipos:
a) lagunas efímeras, descritas en el
capitulo 5.4.2. y que podrían, como depresiones que son, ser el germen de las siguientes,
al menos en algunos casos.
b) las hoyas, que son dolinas (o
fenómenos de colapso) cuya profundidad no alcanza normalmente la superficie piezométrica
del pseudo-freático monegrino. Llenas de agua que siempre proviene de escorrentía
superficial o subsuperficial, su salinidad es escasa. Debido al efecto erosivo del viento
en las superficies de materiales sueltos que quedan en épocas de desecación, las hoyas
verían agrandada su cuenca por erosión eólica.
c) las saladas, son las dolinas o colapsos
profundos, cuya base queda por debajo del nivel piezométrico del pseudo-acuífero salino
de la zona. Así, además de cargar agua de escorrentía superficial o subsuperficial,
reciben aportes salinos del pseudo- acuífero a lo largo de todo el año, actuando de
evaporador y, por lo tanto concentrando sales, sobre todo en las épocas de sequía. En
las muy lluviosas las saladas inyectarían en el pseudo-acuífero. En este caso, la
erosión eólica también sería importante.
Cabe aclarar que el nombre que doy de
pseudo-acuífero o pseudo-freático es debido a que esa capa de agua salada capturada por
el sustrato casi impermeable, no corresponde a la definición de un freático normal, que
debe hallarse en rocas permeables. Su comportamiento (capilar) por lo tanto, es muy
distinto, siguiendo una línea más acorde, casi paralela a la superficie del terreno, que
con la gravedad propiamente dicha.
Hasta aquí, repito, en síntesis, lo
aportado por los hidrogeólogos que han trabajado en el tema, para las hoyas y las
saladas.
Desde mi punto de vista, algo no termina
de funcionar en ese esquema. Sobre todo en las saladas:
desde el pseudo-freático, pero con
pequeños aportes superficiales o hipodérmicos, se acumulan sales en las salmueras
durante los periodos de replección. En épocas de sequía, esas sales cristalizan en las
mismas salmueras, en relación con su solubilidad, la temperatura de la solución y las
características del soluto. Se forman así cristales y eflorescencias de muy distintas
características, desde pulverulentas, hasta grandes cristales lenticulares, como los que
muy frecuentemente forma el yeso.
a) los materiales finos serán elevados en
os remolinos e incorporados a la masa de aire, formando nubes conspicuas, que exportarán
esos materiales muy lejos de la cuenca, incluso de Los Monegros y b) yesos lenticulares,
cuya relación peso /superficie imposibilita que tomen aire y se limitaran a acumularse,
por saltación, a sotavento de la cuenca.
Durante la saltación, pueden coger una
cierta altura, según su peso, pero lo que es seguro es que permanecer en el fondo de una
salada seca en día de exportación de sales es una experiencia incomoda, incluso dolorosa
por los cientos de pequeñas "pedradas" que el observador recibe con cada
ráfaga de viento.
El acumulo de yesos lenticulares, forma
siempre una gran duna a sotavento del cierzo, que se va acumulando, rellenando la cuenca
de la laguna. Parece, por lo tanto, que el final de una salada, de persistir siempre las
mismas características climáticas, seria terminar llena de las mismas sales que acumula.
La característica de la duna, es que en
general el frente tiene mayor altura que la parte más antiguamente sedimentada. La
reestructuración de esos materiales y su redisolución, han de ser los causantes de ese
fenómeno. Además, en muchas lagunas, es tal la masa de material evaporítico acumulado
por el viento que llega a formar, un freático efímero. Cuando llueve se carga de agua y
durante los días (semanas) siguientes, mana hacia la laguna, aportando las más
concentradas salmueras, dada la redisolución de la duna. Su importancia es tal, que
llegan a formar pequeños procesos deltaicos, fácilmente detectables en la fotografía
aérea.
Además de los materiales minerales
arrastrados por el viento, la materia orgánica también se acumula a sotavento, en las
saladas. Quizás la especial reflexión de la luz de las salmueras, atrae a multitud de
insectos voladores que allí se ahogan, a ellos se suman grandes cantidades de matas
estepicursoras (casi siempre Salsola kali) y actualmente de paja de cereal, tras la
cosecha. Toda esa masa orgánica, casi inatacable por bacterias oxidadoras, debido a la
salinidad, forman pequeñas superficies de suelos similares a los turbosos, de no ser por
la distinta causa que evita la oxidación de la materia orgánica.
El laboreo del suelo.
El laboreo a gran profundidad (40 cm y
mas) que actualmente se realiza, constantemente, en los suelos monegrinos, ha cambiado
enormemente el comportamiento de las aguas superficiales.
La mayor parte de los suelos de Los
Monegros, son muy sueltos. Ello permite labrar a gran profundidad, con aperos que portan
seis y más rejas. El trabajo cunde y resulta económico en gasto de combustible y de
horas de trabajo. Así, puede lucharse ventajosamente contra las malas hierbas, sin
necesidad de utilizar herbicidas.
De esa manera, se ha multiplicado la
capacidad percolativa del suelo, en detrimento de la escorrentía. Ese es el motivo
fundamental, en la actualidad, de la más espaciada temporalidad de las lagunas
monegrinas, alguna de las cuales se da por definitivamente seca, debido al gran numero de
años que no alcanza a llenarse.
Otro tanto ha sucedido con las lastras que
aportaban agua a las balsas de los pueblos y las dispersas por el monte destinadas a
abrevar el ganado. Muchas de ellas han pasado total o parcialmente a formar parte de los
cultivos que rodean la balsa. El resultado es que las balsas se colmatan con materiales
terrosos y se secan cada vez con mayor frecuencia, muchas de ellas han sido labradas,
pasando a formar parte, como zona algo más húmeda, de la parcela que la incluía.