Los organismos acuáticos

 

(Basado en Pedrocchi, C., 1988. Los organismos acuáticos. En: Pedrocchi, C. (coor.): Ecología de Los Monegros. La paciencia como estrategia de supervivencia. Ed. I.E.A./Centro de Desarrollo de Los Monegros. Huesca)

 

Debido a que la característica fundamental de Los Monegros es su aridez, son abundantes los lugares que reúnen aguas estancadas. Lo que a primera vista parece una paradoja, tiene fácil explicación: debido a la falta de pluviosidad no se ha estructurado una red de drenaje suficiente, de modo que la parte de las precipitaciones que no percolan ni se evaporan inmediatamente, tienden a acumularse en las constantes depresiones que componen los llanos monegrinos. Esas depresiones son de varios tipos y reúnen agua que en ocasiones ha sufrido distintos procesos y que por lo tanto puede tener muy diferentes características fisicoquímicas. Por otra parte, si no varían muy notablemente los compuestos químicos de cada laguna, si lo hacen sus concentraciones, en relación con épocas de pluviosidad o de evaporación.

Además, la constante escasez de recursos hídricos, ha desarrollado una cultura de ahorro y captación del agua de lluvia, mediante pequeñas obras de canalización, de modo que se recoge en balsas, balsetes y aljibes la necesaria como para que sea excepcional el año que falte para abastecer al ganado.

Para completar el conjunto de humedales importantes para la vida de organismos acuático o relacionados con el agua, falta por mencionar las corrientes, en general de extremada temporalidad, que no permite la estructura de ningún tipo notable de sistema organizado, con la única excepción del barranco de la Valcuerna y el carrizal del Saso de Osera, de aguas permanentes, el único que rompe el carácter arreico de la zona desde el Gállego hasta el Cinca.

Cualquiera que sea el origen de un humedal monegrino, este siempre se verá afectado en el volumen de agua y su composición química, por el régimen pluviométrico y la evapotranspiración real de ese momento, antes que por cualquier otro factor. Así, con independencia a sus características geomorfológicas, un mismo lugar puede variar de régimen hasta el punto que, por ejemplo, una salada puede no presentar encharcamiento durante varios años seguidos, del mismo modo que puede tener agua permanente durante varios años.

Sin embargo, actualmente otro factor interviene en el llenado de las lagunas. Se trata del labrado de la mayor parte de la superficie de las cuencas de recepción de las lagunas y balsas, lo que aumenta, en determinadas condiciones, la permeabilidad del suelo hasta el punto que la escorrentia es nula, durante lluvias moderadas. Unicamente cuando las precipitaciones son violentas, la cantidad de agua caída por unidad de tiempo supera a la absorbida por el medio, corriendo, violentamente entonces, por la superficie.

Así, en agosto de 1994, apareció una laguna de unas dos hectáreas en la zona de los Mases de Escobedo, que según el pastor, llevaba mas de veinte años sin llenarse. En enero de 1995, aparece otra laguna de notables proporciones, en la depresión de los Fabares, con unas cuatro hectáreas de superficie.

Fauna y flora de tales lugares quedan condicionadas mas a la antigüedad en tiempo geológico del humedal, junto a sus características fisicoquímicas, que a las vicisitudes temporales del clima, de tal modo que únicamente encontramos especies biogeográficamente importantes en las saladas y hoyas, siendo las de los otros medios colonizadoras triviales. Los cambios debidos a la variación de régimen pluviométrico y usos agrícolas, no alteran, al menos por ahora, cualitativamente las taxocenosis.

 

Las saladas

La cultura popular ha sabido diferenciar bien los distintos tipos de humedales que se desarrollan en los Monegros, llamando saladas a un tipo muy concreto de lagunas endorreicas de alto contenido en sales, que se han formado debido a la estructura geológica y al sistema hidrogeológico de la plataforma situada entre Bujaraloz, Peñalba y Sástago, donde se halla el grupo de mayor entidad de Europa. Sin embargo otras saladas se distribuyen solas o en grupos, aquí y allá en el Valle del Ebro y en la geografía de la España árida en general, a pesar que en muchas ocasiones su origen no es el mismo que el de las monegrinas.

Las saladas son en si, la misma imagen de la frustración del tecnócrata o aprendiz de el, pues lejos de dejarse meter en cajones ordenados de comunidades bien definidas, apoyan la clasificación de singular. Singular que en diccionario real se traduce por mal conocido.

Las saladas aparecen como bruscas depresiones, rodeadas en una parte variable de su periferia de un talud, en ocasiones abrupto, que corta los estratos de la homogénea llanura en que se han formado.

La profundidad de la depresión es mayor que la del nivel piezométrico que alcanzan las salmueras freáticas, de modo que existe aporte subterráneo de salmueras y constante humedad en los fondos, trasmitida por capilaridad a la pasta de sales y limos de perfecta horizontalidad que los rellena.

Sobre ese fondo, protegiéndolo, se desarrolla un tapiz de cianofíceas, que no impide la formación de eflorescencias de distintas halitas. Los materiales mas finos son expulsados por el viento, mientras que los yesos lenticulares de mayor peso, son barridos hacia sotavento por saltación, donde se forma un acumulo eólico, con características de duna en algunas ocasiones, que puede tener importancia en la regulación del régimen hídrico, por la formación de manantiales salinos temporales.

Las saladas de Monegros son: El Saladar, El Salobral, La Salineta, La Playa, Guallar, La Muerte, El Rollico, El Camarón, El Pez , El Rebollón, Pueyo y Pito a las que se les añade otras dos, marginales al sistema y que por su composición química se ha dado en llamarlas Las Amargas.

Si bien los estudios realizados sobre el tema, no les otorgan una gran antigüedad (desde el cuaternario medio y por lo tanto del orden de cien mil años) parece que a medida que unas han ido desapareciendo, otras nuevas han aparecido de modo que la herencia biológica que nos aportan es de finales del terciario y por lo tanto con una solera de mas de un millón de años.

Cuando hay agua que va a ser duradera, nacen los organismos que van a formar la sencilla biocenosis de las saladas. Sin embargo, ante lluvias que provocan encharcamientos de escasa duración, huevos y semillas permanecen impertérritos, ante la falsa señal.

No podría ser de otra manera, el mantenimiento de especies desde tiempos suficientemente remotos, como para permitir la formación de endemismos.

No son bien conocidos los distintos mecanismos que permiten el reconocimiento de las condiciones de seguridad en tales organismos, pero pueden apuntarse algunos. En primer lugar, siendo una medida de seguridad en muchos organismos, ante la aparición de condiciones adecuadas para romper la diapausa, siempre queda un determinado numero de individuos que no reaccionan ante tal invitación. De entre ellos en la siguiente oportunidad aun quedaran unos cuantos sin reaccionar, etc. Así, se prevé el posible error.

Sin embargo, la posibilidad de cometer errores queda limitada al no ser un único factor el que condiciona la salida de la diapausa, sino la suma de varios de ellos. Por lo menos salinidad suficientemente baja (indicio de gran volumen de agua) y bajas temperaturas (indicio de invierno, sinónimo de baja evaporación) condicionan el nacimiento de los órganos de resistencia. Posiblemente otros factores aun desconocidos intervengan en el proceso.

Cuando se reúnen las características óptimas, aparece en pleno funcionamiento el ecosistema de las saladas. Es simple, basado en pocos organismos. Entre los productores primarios, protege al suelo de la erosión eólica, reteniendo los propágulos del resto de especies, un grueso tapiz compuesto fundamentalmente por cianofíceas filamentosas. Ese tapiz, es un tanto independiente del resto del sistema, ya que cualquier forma de humedad, un simple rocío, le permite, al cabo de pocas horas, reavivar sus células. Son algas en general triviales, dentro de su adaptación a resistir fuertes concentraciones salinas.

Mas característicos son los macrófitos, de los cuales siempre esta presente la fanerógama Ruppia drepanensis y la hepática Riella helicophilla. Soportando menor salinidad, en una de las Amargas se desarrolla la characea Tolypella hispanica, mas abundante en las hoyas que en las saladas. Estos macrófitos, en las mejores épocas de pluviosidad, llegan a formar densos tapices de mas de 10 cm de altura, con una biomasa nada despreciable.

La fauna esta representada por Artemia salina únicamente en la laguna La Playa, en los pozos de las salinas que tienen agua permanente, mientras que en la laguna, esa especie se sustituye por Branchinectella media, interesante crustáceo de distribución disyunta entre las estepa asiáticas y la Península Ibérica. Un ostrácodo destaca en la fauna Eucypris aragonica, endémico de las saladas, descrito como nueva especie en 1948 y tan abundante en años óptimos que se recoge por quilos en sus orillas. En las mas ricas en cloruros aparece el copépodo Cletocamptus retrogresus y en las menos salinas Arctodiaptomus salinus. Así como los copépodos son filtradores de organismos y partículas del plancton, los ostrácodos son roedores de materia orgánica. También es frecuente el rotífero Hexarthra fennica que coloniza desde las hoyas de escasa salinidad, hasta las mas concentradas saladas. Nemátodos y las cresas acuáticas de un díptero, son los organismos que mayor concentración salina soportan.

En ocasiones, cuando el agua es abundante, la biomasa de organismos productores primarios y secundarios, es elevada. Permite, por lo menos en época de migración e invernada, la sedimentación de numerosas aves acuáticas, unas (anátidas) pastando en las praderas de macrófitos de los fondos de las saladas, otras (limícolos) mariscando los artrópodos depositados por el viento en las orillas.

Se da la circunstancia que los años favorables, los acúmulos de aves se forman de manera inmediata y con proporciones entre especies muy distintas a las que aparecen en lagunas próximas de distintas características (como La Laguna, Sariñena). Diríase que existe una cierta tradición de invernada de aves de lugares salinos y salobres, como tarro blanco (Tadorna tadorna), ánades rabudo y silbón y pato cuchara (Anas acuta A. penelope y A. clypeata) formando comunidades que se alimentan de semillas de Ruppia y huevos de Artemia u otros crustáceos, de forma tan asombrosamente semejante a las de La Camarga y delta del río Ebro, que solo la escasa aparición del flamenco en la zona, nos impide asegurar una constante comunicación entre tales lugares.

 

Otras lagunas

Además de las salinas, formadas por muy concretos y desmesuradamente antiguos fenómenos hidrogeológicos, raros en el Mundo, únicos en Europa, existen otras lagunas de origen distinto.

Fuera por lo tanto de ese triangulo mencionado, que se dibuja uniendo las poblaciones de Bujaraloz, Sástago y Peñalba, aparecen otras lagunas muy distintas.

En general esas lagunas se forman sobre suelos arcillosos impermeables y son resultado, según algunos autores de erosión hidroeólica, pero nunca por formación de dolinas o colapsos. Su fondo, será por lo tanto mas llano y superficial que el de las saladas. No reciben aportes de salmueras frenéticas, por lo que su salinidad es baja.

Además requieren una gran superficie de cuenca de recepción (la lastra), para que aporte agua suficiente para llenarla, porque, además, al ser superficiales, su extensión es grande y la evaporación también.

Muchas han desaparecido o casi, simplemente por el labrado de la lastra, de modo que ya no se llenan, si no es en situaciones de pluviosidad excepcional, otras debido a experimentos poco documentados de cultivo en su fondo poco salino. Esos experimentos han sido siempre fracasos, que sin embargo han terminado con la riqueza de lugares privilegiados desde el punto de vista biológico.

De las numerosas lagunas repartidas por Sangarrén, Sariñena, Candasnos, Valfarta, etc, en la actualidad solo vale la pena mencionar al Basal.

Labrado y drenado en los años setenta, posteriormente abandonado en época de sequía, la mayor parte de su gran superficie ha evolucionado hacia una estepa fruticosa halófila (Suaeda vera, etc), como se forma en el fondo de las hoyas y criptohumedales, interesante por su riqueza en alaúdidas esteparias.

Unicamente un rincón de ella tras el drenaje, se encharcaba moderadamente muchos inviernos. Ese debió ser el reservorio de especies interesantes y actualmente, tras dos años de lluvias generosas, varias hectáreas de Basal se hallan encharcadas, con 20-30 cm de agua poco salina y menos contaminada.

Allí se ha desarrollado una enorme superficie cubierta de Eleocharis palustris, con otras plantas, como Scirpus holoschoenus y Tipha sp.. Marsilea strigosa ocupa superficies de mas de una hectárea, como lo hace Myosurus minimus en primavera. Tolipella hispanica y Chara sp. cubren el fondo lagunar. También se encuentra, como reciente colonizadora Zanichellia palustris.

Rana perezi es abundante, así como toda suerte de insectos como coleópteros, zapateros, Notonecta sp., caracoles acuáticos y larvas de efemeróptero. Arctodiaptomus salinus, Heterocypris incongruens, Daphnia atkinsoni, Mixodiaptomus incramatus, Moina brachiata forman parte del bentos y del plancton.

Tan abundante y diversa flora y fauna atrae a otras especies, sobre todo aves que encuentran en esa laguna, que fue paso tradicional de gansos salvajes, lugar adecuado para descansar en migracion. Han sido observadas en los ultimos años Bubulcus ibis, Egretta garzetta, Ardea cinerea, Circus aeroginosus, Anas platyrhynchos, Vanellus vanellus, Philomachus pugnax, Gallinago gallinago.

 

Las Hoyas

Una de las hipótesis, señala a las hoyas como una fase de formación previo a las saladas , antes de que el fondo de la laguna que se va generando por disolución, entre en contacto con la superficie piezométrica.

Recibiendo por lo tanto, únicamente agua de escorrentía superficial, hipodérmica en ocasiones, la característica que mas las diferencia de las saladas es su escasa salinidad.

La falta de elevadas concentraciones salinas no permite la génesis de halitas, de modo que el suelo de las hoyas es simplemente algo mas rico en materia orgánica (debido a su mayor humedad, que permite mayor desarrollo de la vegetación), que el suelo arable de los alrededores.

Cuando el encharcamiento es frecuente, el suelo tiende a una perfecta horizontalidad.

Entre una hoya y un criptohumedal, la diferencia estriba en la permanencia del encharcamiento, que fundamentalmente dependerá de la pluviosidad , del tamaño de la cuenca de recepción y de la permeabilidad del suelo. De nuevo, la escasa pluviometría actual, junto al labrado de las cuencas (incrementando la permeabilidad del terreno) hace que la mayor parte de las hoyas se comporten como criptohumedales. En el caso que sucediera lo contrario, algunas hoyas tendrían agua permanente, otras serian temporales y algunas depresiones actualmente cultivadas, pasarían a la categoría de criptohumedales.

En ocasiones, como ya se ha mencionado, ese cambio sucede violentamente, tras una tormenta excepcional, que puede transformar un cultivo en laguna de respetables dimensiones y muchos meses de duración, suficiente para realizar, por lo menos, un ciclo.

En las hoyas, cuando el agua es abundante y duradera, se desarrolla una biocenosis mucho mas compleja que la de las saladas. Así los productores primarios macrófitos, además de los citados para las saladas, se enriquecen con la muy rara Riella notarisii (hallada por ultima vez en Los Aljeces en 1979) y con masas de algas de los géneros Spirogira y Chara. En muchas ocasiones permanece Branchinectella media, mientras que Eucypris aragonica es sustituido por Heterocypris barbara, otro crustáceo de distribución disyunta. En alguna de ellas aparece el copépodo antes mencionado Arctodiaptomus salinus y en otras el rotífero Brachionus plicatilis plicatilis en ocasiones junto al ya mencionado Hexartra fennica. Pero además no faltan otros artrópodos, tales como heterópteros, odonatos y coleópteros.

Para terminar el esquema, por lo menos un vertebrado, el muy oportunista Bufo calamita, que aparece, cuando las condiciones son adecuadas, en los lugares mas inverosímiles. Sin embargo, no siempre le van bien las cosas al sapo corredor, ya que con mucha frecuencia, a medida que se va evaporando el agua de las hoyas, aumenta su salinidad, hasta llegar frecuentemente a extremos letales para esa especie, que entonces deja las orillas negras con miles de cadáveres de renacuajos. Su osadía es tal, que no desprecia las saladas para depositar puestas sin esperanzas.

Para completar el espectro de los consumidores, en relación con el momento fenológico, pueden ser visitadas por anátidas y limícolos. Si la inundación se prolonga no es de extrañar la nidificación (o por lo menos el intento) de especies triviales, como Himantopus himantopus y Anas platyrrhynchos.

Si la hoya se seca, al amparo de su humedad y su elevada concentración de nitrógeno, se desarrolla en primer lugar una exuberante vegetación ruderal, donde no faltan grandes hierbas como Silibum marianum y S. eburneum, Hecballium helaterium y las mas vulgares como Diplotaxis erucoides. Es normal que las plántulas de Tamarix gallica crezcan densas como césped, si bien su supervivencia queda tan dependiente de la posterior sequía, que prácticamente no sobrevivirá ninguna. Pero allí donde las condiciones permiten la aparición de lagunas, aun que sea con rara frecuencia, siempre algún viejo tamariz permanece como testigo, salvo extrema tozudez del labrador.

Cuando la hoya tiende a criptohumedal, de modo que la duración del encharcamiento no mata por asfixia a las fanerógamas, se desarrolla la típica comunidad de quenopodiáceas suculentas halófilas, como Salicornia ramosissima, Arthrocnemum glaucum, etc. Si llegara a secarse mucho, comenzará a desarrollarse alguna mata de Lygeum spartum. En general al llegar a este estado, la hoya es labrada, normalmente sin resultado, para volver a ser abandonada.

 

Balsas y balsetes

Con frecuencia, junto a pequeñas superficies no cultivadas, con mayor o menor pendiente, la escorrentía forma pequeñas cárcavas, que terminaban en charcos que el hombre ha sabido recrecer para almacenar agua para su consumo o para el del ganado. El proceso es sencillo, basándose simplemente en retirar el limo acarreado por la escorrentía desde el fondo hacia los bordes. Con el tiempo se consigue una charca en ocasiones de grandes proporciones, que puede estar rodeada de acúmulos de limo seco de varios metros de altura, protegidos de una erosión secundaria por vegetación esteparia mas o menos densa, que se implanta espontáneamente, sobre todo Salsola vermiculata.

El régimen hídrico, como en las saladas y hoyas, depende de la superficie de la lastra y su permeabilidad, de la pluviosidad, de la evapotranspiración real, añadiéndose el factor consumo. La permanencia o temporalidad dependerá según los distintos valores de los componentes de ese polinomio.

En cualquiera de los casos, ya sea por desecación, ya sea por limpieza de los fondos, la biocenosis se renueva con cierta rapidez. El ecosistema charca, cuando su uso es ganadero, recibe por ende un permanente abonado, que junto a la temperatura elevada estival, hacen que su producción sea muy elevada y su estructura compleja.

En el caso mas complejo, puede aparecer una orla de vegetación helofítica, de transición entre agua y tierra basada fundamentalmente en Eleocharis palustris, Phragmites communis, y Tipha latifolia. Ya en el agua, anfífitos, enraizados en el fondo, con hojas flotantes sobre las superficie (Potamogeton pectinatus, Ranunculus gr.aquatilis) y limnófitos, en general enteramente sumergidos (Groenlandia densa, Chara vulgaris). Existe un desarrollo complejo del plancton y del bentos.

Se desarrollan otras especies de crustáceos (Daphnia, Eucyclops ) junto a larvas de quironómido y otros dípteros, heterópteros, coleópteros y odonatos.

Los vertebrados también se diversifican. Peces únicamente en el caso de ser introducidos por el hombre. Las especies mas frecuentes son Gambusia holbrocki para evitar la proliferación de larvas de mosquito, Tinca tinca para pesca deportiva ( hubo en Farlete), Charassius auratus, decorativos, en Los Pozos de Candasnos, perca americana (Micropterus salmoides). Son poblaciones efímeras, que desaparecen ante sequías o limpieza de limos y que dependen del capricho de los vecinos.

Sin embargo, actualmente, la costumbre de repoblar las balsas ha proliferado hasta tal punto que cabe hacer una llamada de atención sobre el tema, debido a que determinadas especies acaban con todos los artrópodos y larvas de anfibios de la balsa, que en muchas ocasiones son especies raras y muchas de ellas protegidas.

Mas importantes son los anfibios, de los que aparecen numerosas especies, como Bufo bufo, Bufo calamita, Rana perezi, Hila arborea ( una única observación en estribaciones de la Sierra de Alcubierre) y Pelobates cultripes. Los reptiles quedan representados por Mauremys caspica (en los alrededores de Candasnos) y Natrix maura. Si las balsas tienen suficiente extensión y vegetación, no es extraño que nidifiquen una o dos parejas de Podiceps ruficollis o Gallinula chloropus, ocasionalmente Fulica atra o Anas platyrrhynchos.

Cuando las balsas han sido destinadas al abastecimiento humano, frecuentemente su construcción ha sido mas sofisticada, para incrementar la calidad del agua. En general construidas con piedra de sillería, de forma cilíndrica y con una escalinata lateral para acceder al agua con facilidad, muchas de ellas son de gran antigüedad. Una serie de aberturas laterales, permiten la entrada del agua recogida por las agüeras, que antes de entrar en la balsa pasaba por un recipiente de decantación. Notables son La Balsa Buena de Bujaraloz y la de Candasnos.

Además, cada vez con mayor frecuencia se tiende a construir las balsas para el ganado con obra de albañilería, rectangulares o redondas, pero siempre con paredes verticales y sin gradiente de profundidad. Una red metálica alrededor impide que caiga dentro el ganado y que se llenen de las estepicursoras capitanas (Salsola kali).

El empobrecimiento biológico de tales lugares en notable, pero eso no tiene una gran importancia, al lado del hecho de que constituyen trampas mortales para los anfibios (sobre todo sapos corredor y de espuelas, Bufo calamita y Pelobates cultripes) que acuden allí a reproducirse, debido que al no poder salir de tales lugares acaban ahogándose masivamente. Otro tanto puede suceder con otros animales, que caen cuando acuden a ellas con la intención de abrevar. Hemos hallado lagartos ocelados (Lacerta lepida), culebras de escalera (Elaphe scalaris), milano real (Milvus migrans), ánade real (Anas platyrhynchos) toda suerte de paseriformes, micromamíferos, etc.

A partir de un articulo sobre el tema , de Javier Blasco, desde 1989 naturalistas, han puesto rampas en alguna de las balsas, lo que soluciona eficazmente el problema. Quizás se debería hacer algo mas en ese sentido y que no dependiera únicamente de la buena voluntad de algunas personas.

 

La Valcuerna

El único curso de aguas corrientes permanentes de Los Monegros, el barranco de La Valcuerna, nace en la Sierra, al norte de Peñalba para desembocar en la actualidad en el Embalse de Mequinenza.

La mitad superior del barranco, degradada desde hace decenios, no tiene otra cosa que destacar que unas orillas inaccesibles cubiertas de Atriplex y las inmundicias vertidas por Peñalba. A pesar de ello, continua pudiéndose ver algún ejemplar de Mauremys caspica.

Pero es en su parte inferior donde puede apreciarse todavía la belleza e interés de su paisaje, poco después del puente de la carretera de Candasnos a Caspe. Allí, algo mas depuradas, las aguas fluyen lentas y cálidas, bajo un intrincado bosque en galería de tamarices de tamaño y antigüedad poco frecuentes.

Algunos peces como carpas y barbos remontan desde el embalse, mientras los galápagos, algo abundantes, reposan en las orillas o sobre los retorcidos troncos del tamarigal. Natrix maura es también abundante.

La sombra y el agua, en el verano de Los Monegros, forman un microclima francamente deseable por numerosas aves. Es el lugar adecuado para observar desde los rascones (Rallus aquaticus), que recorren las orillas al amparo de la densa vegetación, hasta un elevado numero de especies del bosque mediterráneo circundante, que acuden allí para beber y bañarse. Ante la proliferación de presas, no es raro ver cazando al gavilán (Accipiter nisus), al halcón (Falco peregrinus) o al águila real (Aquila chrysaetos).

 

El carrizal del Saso de Osera

Al pié del Saso de Osera, una gran depresión recibe el agua de un manantial originado en la amplia superficie del Saso. Esa depresión rodeada de cantiles yesosos, ya llamo la atención en tiempos a Braun Blanquet y O.de Bolós, sobre todo por albergar a una secuencia de comunidades vegetales francamente ejemplar. El fondo siempre encharcado, permite el desarrollo de un carrizal que originalmente pudo tener muchas decenas de hectáreas.

Sometido a toda suerte de alteraciones, como drenajes, laboreos, etc, poco queda de la superficie original de dicho carrizal, que sin embargo todavía varias hectáreas.

Poco estudiado, en relación a su régimen hídrico y a sus biocenosis, por lo menos cabe destacar en el las poblaciones de aguiluchos que nidifican colonialmente (Circus aeruginosus y Circus pygargus) o bien los que allí invernan (Circus aeruginosus y Circus cyaneus). Es de desear que se profundice en el estudio de dicho sistema acuático.

 

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