(Basado en Pedrocchi, C., 1988. Geología
de Los Monegros. En: Pedrocchi, C. (coor.): Ecología de Los Monegros. La paciencia como
estrategia de supervivencia. Ed. I.E.A./Centro de Desarrollo de Los Monegros. Huesca)
La mera descripción geológica del
pequeño territorio que forma la comarca de Los Monegros, podría ser suficiente en el
contexto de un libro que lo único que pretende es dar a conocer las características
naturales de dicha comarca, tanto en sus aspectos abióticos, o sea los carentes de vida
(relieve, clima), como los bióticos (flora, fauna). Pero esa descripción, sin cimientos,
probablemente no aclararía gran cosa el conocimiento que, a nivel popular, se tiene de
esa comarca.
Por que el hombre, en su antropocentrismo
cultural, se interesa sobre todo por lo mas próximo y comprensible para el. Se siente
cercano a otros animales de sangre caliente sobre todo a los mamíferos, menos a los
reptiles y aun menos a los insectos. Las plantas, sabe cultivarlas, pero ni tan siquiera
intuye su funcionamiento fisiológico. Y el país donde vive, la porción de corteza
terrestre que pisa, ya ni se cuestiona: siempre ha sido así y siempre lo será.
Hasta cierto punto, tiene parte de razón:
desde que la especie humana escribe su historia hasta ahora, pocas cosas han cambiado en
la superficie de la Tierra y aun, esas pocas cosas en general se desconocen. Pero el
tiempo de La Tierra es distinto. Mientras toda nuestra historia cabe en muy pocos miles de
años, la del planeta suma muchos millones. En ese tiempo los cambios han sido profundos y
Los Monegros (la península Ibérica) que no existían hace 60 millones de años, ahora
están ahí, como si hubieran estado siempre...
Además de tener en consideración esa
idea de constante cambio, de permanente evolución, tenemos que tener en cuenta que a
escala del planeta el comportamiento de los materiales, sobre todo los que se hallan por
debajo de la corteza que habitamos, puede ser muy distinto al que estamos habituados.
Porque la física que conocemos, en general, esta descrita en lo que llamamos "condiciones
normales" o sea, a 20º C de temperatura y una atmósfera de presión. A partir
de esas condiciones normales, variando uno de los parámetros pasan determinadas cosas:
por ejemplo los cambios de estado de sólido a liquido, al aumentar la temperatura.
Sin embargo, por debajo de la corteza
terrestre las condiciones distan mucho de ser las normales y el comportamiento de los
materiales en ocasiones no es el mismo que en superficie. A 1.500º C de temperatura las
rocas que componen el Sial, deberían ser liquidas, lo que implicaría una dilatación
sustancial debida al incremento de temperatura. Pero la presión, de miles de atmósferas,
que supone el peso de la corteza impide esa dilatación. El resultado es el de un sólido
plástico, que presenta el comportamiento de un liquido ante movimientos muy lentos, bajo
presiones de millones de kilogramos y en tiempos de decenas de años. Todos aquellos
fenómenos que pueden darse en un liquido, como las corrientes convectivas, se van a dar
en ese sólido plástico, pero siempre con tal lentitud que, en su vida, un hombre no
percibirá con sus sentidos cambio alguno.
Estas características son las que
justifican la evolución del planeta hasta la formación del Valle del Ebro y el por que
esa unidad geológica, en relación con otras que la rodean presenta las características
que la definen actualmente y no otras.
A pesar de tratarse de geología general,
creo conveniente dar unas nociones de tectónica global o tectónica de placas, para
comprender los párrafos siguientes sobre el origen de Los Monegros. De otro modo el
capítulo no seria entendido y carecería de utilidad.
La tectónica global o tectónica de
placas.
Se basa en los mas recientes
descubrimientos , a partir de prospecciones profundas, tanto con autenticas perforaciones,
como mediante métodos indirectos, tales como el análisis de las ondas sísmicas,
naturales o provocadas mediante explosiones profundas y las anomalías gravimétricas. La
ciencia avanza, pero en este caso con mayor rapidez: muchas de las prospecciones están
relacionadas con los yacimientos petrolíferos.
Así, se ha ido perfeccionando el
conocimiento del funcionamiento del planeta, que los geólogos de principios de siglo,
únicamente con datos de superficie, habían intuido de modo admirable.
La tectónica global es sencilla, siempre
y cuando tengamos en cuenta los principios básicos antes mencionados y que en resumen se
basan en aceptar un continuo dinamismo de la corteza terrestre o litosfera a lo largo de
los tiempos geológicos.
Podemos hablar de una serie de bloques
continentales, de materiales ligeros, de entre 50 y 150 Km espesor, bastante rígidos, ya
que son fríos, flotando sobre un conjunto de materiales mas densos que forman una capa
continua, de alta temperatura y sometida a altas presiones, con un comportamiento rígido
ante una fuerza instantánea, pero fluido considerando millones de años. A esa capa se le
da el nombre de astenosfera.
Entre seis y ocho grandes placas forman la
litosfera, pero un gran número de pequeñas placas (microplacas) completan el conjunto.
Algo similar a una serie de barcos grandes y pequeños confinados, pero libres, en un
puerto limitado. Obedeciendo a fuerzas importantes, como podrían ser los vientos
dominantes, empujones entre esos barcos irían dando una configuración distinta a ese
puerto en relación a la dirección del viento y a los rebotes entre barcos, incluso
alguno de ellos se rompería etc..
Así, esas placas se mueven unas respecto
a las otras en movimientos imperceptibles para el ojo humano, ya que son del orden de un
centímetro o unos pocos centímetros al año. El origen de los movimientos está en las
lentas corrientes convectivas que debido a variaciones térmicas se originan en la
astenosfera. Esas corrientes que se mantienen durante miles y decenas de miles de años,
poco a poco, acaban separando muchos kilómetros las placas continentales mencionadas. De
ahí surge la teoría casi premonitoria de la deriva de los continentes, pionera y creada
para explicar algunas similitudes de flora y fauna entre continentes actualmente muy
alejados.
Las corrientes convectivas, tienden a
separar las placas, lo que obliga, al ser el planeta de superficie limitada, acercarse a
otra, o deslizarse a lo largo de ella. Esos son los tres tipos básicos de desplazamiento
entre placas (colisión, alejamiento o deslizamiento).
La separación de placas implica la
formación de corteza oceánica entre los continentes. Esa separación es traumática y
necesariamente obliga a los materiales de profundidad a solidificar y formar corteza
sólida a partir de una línea de ruptura. Esa corteza es la llamada corteza oceánica,
muy distinta a la continental que forma los bloques. La línea de ruptura se llama limite
de acreció o limite constructivo.
Los limites de acreción se forman cuando
una corriente convectiva tiende a separar aquello que se halla sobre ella. Si es un bloque
continental, tenderá primero a expandirlo, adelgazando su espesor, formando depresiones o
cuencas sedimentarias, posteriormente a romperlo, mediante una serie de fallas que causan
un progresivo adelgazamiento y hundimiento de la corteza continental. Se forma en el
continente una gran depresión tectónica longitudinal, un Rif, que terminará, al ser
invadido por el océano, en una dorsal, productora de corteza oceánica, por
solidificación del magma subyacente.
La corteza continental es de
características muy distintas a la oceánica. Su composición media, teniendo en cuenta
la enorme diversidad de rocas existente, se aproxima a la del granito, o sea silicatos
ácidos, mientras que la composición de la corteza oceánica es mas próxima a la del
basalto (silicatos básicos) y por lo tanto algo mas densa.
Así como la separación entre placas crea
corteza, la aproximación obliga a la corteza oceánica, densa y delgada, a penetrar por
debajo de la continental en la que se hunde con un ángulo variable, pero en general
aproximado a los 45º. A ese fenómeno se le llama subducción. Los limites de las placas
sometidas a tal proceso, son llamados limites destructivos.
Agotada la corteza oceánica, en el caso
que la hubiere, ambos bloques colisionan entre si, produciendo una serie amplia de
fenómenos que en general se reducen a la formación de orogenias importantes.
Así como casi toda la corteza oceánica
esta sumergida en el océano, la corteza continental solo presenta una parte de ella
emergida, siendo de esa naturaleza todas las plataformas continentales. Así, si las
tierras emergidas representan una tercera parte de la superficie de la Tierra, la corteza
continental se aproxima a la mitad.
A lo largo de la historia de la Tierra,
las placas no se han limitado a desplazarse, sino que se han subdividido o soldado entre
ellas.
Los primeros tiempos.
La Tierra es muy vieja, tanto como
para haber pasado, desde su formación unos tres mil millones de años. En ese tiempo,
difícil de rescatar por los científicos, han sucedido muchas cosas. Al menos dos
paroxismos orogénicos, llamados Caledoniano y Herciniano, al parecer tremendamente
violentos, habrían surcado de relieves la corteza terrestre, mientras que,
posteriormente, la erosión, lenta, pero inevitable, fue borrando tales relieves hasta
convertirlos en escasamente una sombra de lo que fueron. Viejas masas continentales,
denudadas y compuestas por materiales muy rígidos, rodeadas de mares, en cuyos fondos se
acumularon miles de metros de esos materiales, producto de la erosión, fueron testigos de
la formación de los primeros seres vivos.
Esos seres vivos, al finalizar la era
primaria o paleozoica, ya estaban rozando el techo de la evolución, si se compara con las
etapas anteriores, mucho mas lentas e innovadoras: ya se había formado la notocorda y a
partir de ella la columna vertebral. Por lo tanto los primeros vertebrados poblaban la
Tierra, mientras que en los invertebrados, el paso de los años destruiría mas grupos
taxonómicos que los nuevamente formados. Peces sobre todo, pero también anfibios y los
primeros reptiles colonizaban respectivamente mares y continentes.
Es a partir de ese momento, hace 225
millones de años, que podemos intentar describir la formación geológica de Los
Monegros. Quede bien claro, que el dinamismo que ha caracterizado a la corteza terrestre y
al que hemos hecho referencia en líneas anteriores, existió desde el principio de la
historia del planeta y que es simplemente por poner un limite a nuestra descripción, que
partimos del final del Paleozoico.
Entonces, la totalidad de tierras
emergidas formaban un único bloque que se distribuía desde cerca del polo norte hasta
casi el polo sur. En ese bloque, llamado Pangea, ya se halla el embrión de Los Monegros.
El lugar geográfico donde se van a formar
es una zona de gran complejidad debido a que si bien en términos generales se halla entre
la placa africana o Gondwana y la eurasiática, es en esa zona donde aparecen gran numero
de microplacas que con complejos movimientos intervienen en la formación del conjunto
Pirineos - Sistema Ibérico - Valle del Ebro.
Esos bloques, independientes entre si, no
estaban separados por corteza oceánica alguna. Posteriormente y dado el movimiento
rotacional de la placa Ibérica respecto a la Eurasiática, tras el correspondiente
adelgazamiento de la corteza continental formo un efímero limite constructivo que
permitió la formación de una estrecha franja de corteza oceánica. Esa corteza
posteriormente subdujo sin grandes consecuencias orogénicas bajo la placa Europea. Así,
casi todos los relieves y actuales formaciones , han de deberse a colisiones entre bloques
continentales o a fases compresivas y distensivas.
En la cuenca sedimentaria formada por
distensión entre la placa europea y la ibérica, se formará el hullero, muy poco
desarrollado y el Permotrías en facies continental, detectable fácilmente por el
agresivo color rojo de sus materiales teñidos por hierro férrico.
En el Terciario, la cuenca se hallaba
abierta hacia el Atlántico, lo que permitió que transgresiones marinas inundaran la
cuenca, alternando en los sedimentos la facies continental con la marina siempre
alcanzando mas importancia esta ultima en el oeste de la depresión.
Recogiendo sedimentos de ambas tierras
emergidas, se formaron estratos, sobre los sedimentos anteriormente mencionados, de varios
miles de metros de espesor, desde el jurásico hasta el Cretácico superior, momento en el
que colisionan ambas placas.
La colisión de las placas, según los
últimos datos obtenidos por investigación sísmica profunda y gravimetría, fue
precedida por una subducción de la placa ibérica bajo la europea, de poca importancia. Y
luego sobrevino la colisión propiamente dicha, dentro del paroxismo global Alpino. La
presión de ambos bloques plegaron, desde el principio, en el Cretácico superior, hasta
el Oligoceno (unos 30 millones de años) esos sedimentos y la corteza continental, en unos
140 Km de extensión.
Esos grandes pliegues, desplomándose
sobre su flanco sur, fueron constituyendo los grandes cabalgamientos que forman los
actuales Pirineos y son la causa de la formación de la Depresión del Ebro, al tiempo que
por su lado norte la invaden, disminuyendo su extensión en superficie.
Pero, la cuestión mas importante es la
siguiente: esos 140 Km de corteza, comprimidos y plegados a lo largo de la estrecha franja
pirenaica, tienen un peso que descompensa el sistema isostático de las dos placas
recientemente fusionadas. Es demasiado lastre para tan escasa capacidad de flotación y
por lo tanto, la corteza se hunde a uno y otro lado de la cordillera, formando una
depresión dividida en dos, la parte septentrional, que va a formar la depresión de
Aquitania y la meridional, que formará la Depresión Ibera, en cuyo centro acabarán por
formarse Los Monegros.
Quede bien claro que el hundimiento es
progresivo y simultaneo a la formación de los Pirineos, de tal modo que mientras se forma
la cordillera, se va hundiendo la depresión y que, además, en cuanto los pliegues
comienzan a aflorar del mar, empiezan a erosionarse, muy violentamente, como corresponde a
formas jóvenes y por lo tanto en desequilibrio. Así empieza a formarse la base de las
rocas del Valle del Ebro en el Oligoceno, en discordancia con las anteriores, deformadas
en la colisión que formó la cordillera y que datan del Triásico y Jurásico.
La colisión entre la placa ibérica y la
europea, además de la formación de la cordillera Pirenaica, como gran estructura
orogénica, es origen de otras deformaciones de menor importancia en el seno de la placa
ibérica: se trata principalmente del Sistema Ibérico, en sus dos sectores, llamados
actualmente Rama Catalana (las Catalánides) y Rama Aragonesa. Su formación es también
compleja y prolongada en el tiempo a lo largo de varias etapas.
El sistema Ibérico parte, de modo similar
a los Pirineos, de un adelgazamiento de la corteza en plena placa Ibérica, formado
precozmente en el mesozoico, mientras que en el Mioceno un proceso de rifting, afectando a
Europa y Península Ibérica, hasta la Cordillera Bética, completa la formación de un
área de corteza delgada y mas fácilmente deformable que el entorno.
El adelgazamiento no es de grandes
dimensiones y da lugar a una cuenca sedimentaria que va profundizando hasta el Cretácico.
Durante el Oligoceno superior, se ve sometida a compresión entre la placa africana y la
europea lo que da pie a una serie de plegamientos y cabalgamientos en el zócalo, mientras
que la cobertura sedimentaria sigue ese relieve producido. Este es el origen de la Rama
Aragonesa del Ibérico.
Las Catalánides, presentan un origen muy
parecido, si bien debe diferenciar su parte mas suroccidental, de origen similar a la
anterior, de la nororiental, en la que con escaso o nulo recubrimiento, se manifiestan
directamente fallas de deslizamiento en el zócalo. La proximidad de los Pirineos y de los
bloques corso-sardo y balear, deben haber tenido gran importancia en la formación de esta
parte de la cordillera, en dirección NE-SW.
La Depresión.
Ya hemos mencionado que a medida que
la placa ibérica colisionaba con la europea y se formaban los grandes pliegues de la
corteza que han dado origen a los Pirineos, el incremento de peso sobre una línea
continua de corteza continental, provocó un progresivo hundimiento de dicha corteza tanto
al norte (Depresión de Aquitania) como al sur (Depresión Ibera) de la cordillera.
La deformación del zócalo mas
importante, corresponde por lo tanto al eje pirenaico, en el que se alcanza una
profundidad del orden de 4.500 a 5.000 m bajo el nivel actual del mar, mientras que es
paulatinamente menor hacia el sur, hasta que llega a aflorar en el Puig Moreno (Teruel).
Desde el este hacia el oeste, también hay
un progresivo hundimiento de la cuenca sedimentaria. Queda por lo tanto configurada la
depresión del Ebro como una gran cuenca triangular y asimétrica en su base, abierta
hacia el Atlántico. Esa comunicación con el mar propiciará en dos ocasiones la
invasión oceánica de la cuenca.
En la base del Eoceno (ilerdense) y
posteriormente a mediados-finales de dicha época (priaboniense), sendas transgresiones
marinas alcanzan desde el Atlántico al Pirineo Oriental y a las Catalánides. Entre
ambas, un sistema continental palustre, determinará la configuración de los sedimentos.
Pero ambas transgresiones, no alcanzan la totalidad de la cuenca, quedando hacia el este y
el sur áreas de sedimentación claramente palustre.
Tras esa segunda transgresión marina, ya
en el final del Eoceno, la cuenca queda definitivamente aislada del Atlántico. La rama
catalana del Sistema Ibérico le cierra el paso al Mediterráneo. Por lo tanto, queda
estructurada la Depresión Ibera como una gran cuenca palustre de clima árido y por lo
tanto endorreica.
A partir del Mioceno medio, todo hace
pensar que, quizás debido a una captura, la cuenca endorreica se abre al Mediterráneo.
Se estructura el drenaje que va a ser el fundamental de la cuenca, el río Ebro y comienza
la erosión, alternada con otras épocas de sedimentación, que le van a dar la
morfología definitiva.
A pesar que desde el final de la
orogénesis alpina, los sedimentos posteriores no sufren prácticamente ninguna
deformación, la estratigrafía de Los Monegros no es totalmente homogénea. Dos son los
factores principales: en primer lugar, el zócalo paleozoico es profundamente asimétrico
y en segundo lugar las transgresiones marinas no fueron de igual importancia, perdiendo
importancia (en tiempo y profundidad) hacia levante de la cuenca. Algo similar ocurrió
durante la etapa endorreica.
Si a eso le añadimos una distinta
denudación de los estratos superiores, se entiende que la zona estudiada no presente en
superficie una litología homogénea, siendo los yesos y otras evaporitas el componente
principal de la zona occidental, mientras que arcillas, margas y areniscas dominan en la
oriental.
Las formas actuales.
Como anteriormente hemos descrito, la
gran cuenca del Ebro, se halla rellena de materiales sedimentarios, tanto de facies marina
como continental-palustre. Los sedimentos precedentes y contemporáneos al levantamiento
de las cordilleras que la circundan, están deformados en mayor o menor medida, pero desde
el final del paroxismo Alpino, y durante toda la época endorreica de la cuenca, los
sedimentos se depositan en prácticamente total horizontalidad.
En general son rocas poco compactadas,
formadas por materiales detritos finos (areniscas, margas, arcillas) y evaporíticos
(calizas, yesos, halitas en general), que se alternan con monotonía, a lo largo de
centenares de metros de profundidad. Unicamente algún estrato de nódulos silíceos, de
origen biológico, rompe esa monotonía. Muy recientemente, durante las glaciaciones, en
algunos lugares, aparecen terrazas fluviales de materiales algo mas gruesos, conglomerados
poco consistentes. Sin embargo los relieves, en ocasiones abruptos, no faltan en Los
Monegros, alcanzando el desnivel máximo los 750 m entre los 820 m s.n.m. en la ermita de
San Caprasio en la sierra de Alcubierre y los 70 m s.n.m. en la antigua iglesia de
Mequinenza, en la orilla del Ebro.
Todos esos relieves no son provocados por
el plegamiento de estratos, que tendría como consecuencia la elevación de unas partes
sobre otras, sino de la erosión diferencial de la gran llanura de estratos horizontales,
de modo similar a un bajorrelieve tallado en una plancha de madera.
Ese relieve, comenzó a originarse durante
el terciario, violentamente a partir del momento en que la Depresión abre su drenaje
hacia el mediterráneo y debe buscar un nuevo nivel de base. Se estructuran los grandes
valles fluviales, el Ebro y sus afluentes y entre ellos, relieves que pueden ser llamados
en general con el nombre de muelas, caracterizados por ser estructuras no erosionadas
debido a la protección de un estrato superior algo mas duro (en general calizas) que los
subyacentes a los que protege.
En los Monegros, la estructura corresponde
a un medio algo más árido, de modo que la red de drenaje superficial es mas difusa,
muriendo en ocasiones en el llano por evaporación y percolación de las aguas
superficiales o bien por acumulo en depresiones endorreicas.
La mayoría de cauces que van a parar al
río Ebro, son muy temporales, con la única excepción del barranco de la Valcuerna y,
quizás, del manantial que origina el Saso de Osera, actualmente muy transformado, pero
muy probablemente alcanzando el Ebro en el pasado. Posiblemente, ambos cauces llevarían
poca o ninguna agua en épocas de excepcional sequía.
Así, Los Monegros quedan enmarcados por
ríos, pero no los contienen en su interior, ni los han contenido, lo que muestra la
eficacia de la "sombra pluviométrica" provocada por las cordilleras Pirenaica e
Ibérica desde su formación, que ha evitado la erosión remontante en los cauces
temporales.
Es por eso que algunas formas del
remodelado cuaternario, muy notables en otras partes de la Depresión, no sean importantes
en Los Monegros.
Por ejemplo, las terrazas cuaternarias,
representadas por lo menos para cuatro glaciaciones distintas, solo aparecen en las zonas
próximas a los actuales ríos, su importancia en la datación de procesos endorreicos es
notable, pero su papel en el paisaje monegrino no es relevante.
Distinta es la formación de los glacis de
erosión entre muelas y cabezos y zonas deprimidas, en las que derrubios de origen
cuaternario, forman explanadas prácticamente horizontales debidas al régimen irregular y
en ocasiones extremo de las precipitaciones. Desbordando los incipientes cauces y
sobrepasando la capacidad de percolación del suelo, en Los Monegros se forman autenticas
olas de agua de escorrentía, dispersas al pie de los relieves que actúan de cuenca de
recepción, que arrasando con cualquier obstáculo interpuesto, como las fuertes espuendas
de piedras que en ocasiones se construyen, tienden a enrasar el paisaje, en glacis
extensos que se unen con las plataformas terciarias.
Por ultimo y al parecer, los actuales
procesos endorreicos existentes en Los Monegros son de origen cuaternario, si bien eso
solo mostraría el dinamismo de tales formaciones, que se habrían ido turnando en el
espacio y en el tiempo desde finales del terciario, permitiendo la existencia y formación
itinerante de especies endémicas o de disyunciones de gran interés.
Como síntesis a todo el capítulo que
versa sobre la formación geológica de Los Monegros, cabe decir que a partir del
levantamiento de las cordilleras que la enmarcan, las características del lugar quedan
definidas: la depresión será árida y por lo tanto endorreica y con una cierta
estabilidad que va a permitir la evolución de las especies que lo habitan a lo largo de
mas de 10 millones de años. Esas características, junto a la verosímil invasión de la
vegetación esteparia, durante la árida crisis Mesiniense, durante la cual prácticamente
se desecó el Mediterráneo, son las que caracterizan la totalidad de la gea, la flora y
la fauna peculiares de Los Monegros y , naturalmente, las practicas agrícolas y ganaderas
que hasta el momento han permitido un desarrollo sostenido de la comarca.